La princesa Adrinne

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La princesa elfica Adrinne caminaba por un vacío pasillo del palacio del bosque magico que su padre, el poderoso e inmortal rey elfo "Gabriel Le papillion", gorbernaba. La princesa de de cabellos dorados sufria por el destino que le había tocado, soñaba con poder ir al reino de los humanos para escuchar la letra de los trovadores, sin embargo, como heredera del trono del bosque, no podía poner su vida en riesgo y no se le permitía abandonar el palacio, menos el bosque magico.

Al final del pasillo la princesa Adrinne veía una puerta, se acercó con lentitud y la abrío, observó que no hubiera nadie por ningun lado y salió, la princesa comenzó a correr en cuanto se encontró de fuera de los terrenos del palacio, sería cuestion de tiempo antes de que alguien del reino se diera cuenta de su ausencia, la princesa siguió corriendo sin detenerse para ver el camino que estaba tomando, su cuerpo empezó a sentir fatiga hasta que finalmente le fue imposible seguir corriendo, fue sólo entonces que se dio cuenta que no sabía donde estaba.

No lo había pensado bien, en realidad, no tenía idea de lo que haría después de salir del palacio, no podíaa regresar, tampoco sabía a donde ir, pero, estaba decidida, y seguiría caminando hasta que se encontrará con un humano, tenía que ver un humano tarde o temprado, ¿no?. Comenzó a caminar entonando las dulces melodías que su madre humana le cantaba cuando estaba viva.

La princesa caminó durante tiempo indefinido, era extraño no estar en el palacio, tenía que tomar ella misma sus decisiones, se cansaba y ahora tenía hambre. - Esa canción es hermosa - Adrinne guardo silencio al escuchar una voz proveniente de un árbol frente a ella, acercandose para ver a un caballero de resplandeciente armadura, piel blanca como el marfil y un cabello azul cual cielo nocturno. - La abuela de mi madre solía cantarme esas canciones mientras estaba viva, ¿no estas un poco lejos de tu territorio bella elfa? - preguntó el caballero de ojos de safiro a la princesa Adrinne - Yo, soy... soy... soy Adrinne, quiero conocer un pueblo humano, quiero escuchar a los trovadores humanos, es lo único que deseo, ¿conoces una aldea humana? - el caballero miró a la elfa con curiosidad para desués darle una pequeña sonrisa y extenderle una pequeña hogaza de pan - Es todo lo que tengo, creo que tienes un poco de hambre, espero que los elfos coman pan - - gracias, soy mitad humana, por lo que no tengo problema -

Antes que la princesa tomara el pan, cientos de flechas salieron disparadas en su dirección, con rapidez, el caballero sacó su escudo para cubirse de las flechas, sin embargo, algunas lograron traspasar el escudo, la princesa reconoció las flechas, eran flechas elficas de los guardias del palacio, la habían encontrado, y ahora una persona estaba herida - sigue derecho hasta el final del bosque, encontraras el pueblo que quieres, yo los detendré - dijo el herido caballero al sacar su espada - ¿Vas a pelear?¿por mí? acabas de conocerme - - bueno, se ve que necesitas ayuda, es mi deber como caballero defender a quien necesite ayuda, aún si eso me quita la vida - respondió con una sonrisa el resplandeciente caballero - al menos dime tu nombre, valiente caballero - - Marinette - dijo al momento de correr hacía los guardias elficos.

Medio dormida trató de apagar el despertador, ¿quien ponía la alarma a las 5:00 a.m? cierto, ella, esa era la única forma de tener tiempo para preparar todas las cosas que ocuparia en el transcurso del día, si algo por casualidad se le olvidaba estaría en problemas con su padre. Tomo una libreta de abajo de su almoada y comenzó a escribir su sueño, tenía que hcerlo antes que lo olvidara. Después revisaría su horario.

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