Desperté a las 8 de la mañana. La rutina de todos los días: bajar al comedor, encender un cigarro, prepararme un café americano con dos cucharadas de azúcar y meterme a la ducha para ir de nuevo a trabajar. Antes de que todo ocurriera, yo sólo era un simple profesor de geografía en la universidad de mi pequeña ciudad. La paga no era la gran cosa pero me alcanzaba para vivir; tenía un gato negro con los ojos verdes y una hija a la que jamás veía porque su madre me abandonó por un sujeto que conoció en una reunión con sus ex-colegas del bachillerato. Sin embargo, la ausencia de mi hija y mi aún esposa, no me afectaba de gran manera. Ya no extrañaba sus risas y eso era lo que más me dolía de haberlas perdido; es más, casi ni recordaba sus rostros. Evitaba tener fotografías en la casa para no extrañar los ojos azules del único amor que tuve.
Cuando salí de la ducha, recordé que había un examen para competir por un ascenso en la universidad. Se me aceleró el corazón de los nervios y salí corriendo, no podía darme el lujo de llegar tarde a un evento tan importante. Pero cuando crucé la puerta para dirigirme a mi auto, percibí un cierto olor fétido, como si hubieran matado a varios animales cerca de ahí. Levanté la vista, miré alrededor, pero no había nada ni nadie, así que no le di mucha importancia y seguí mi camino hacia el vehículo.
De camino a la universidad, noté que el día estaba nublado y que había comenzado a caer una ligera lluvia. Los cristales del auto comenzaron a empañarse pero no le dí mucha importancia. Encendí la radio y escuche con una voz temblorosa al locutor decir:
-Queridos radio-radioescuchas, por favor mantengan la calma, es lo fundamental para que esta situación pueda ser contenida y podamos seguir con nuestras actividades habituales.-
¿Un ataque terrorista? ¿Alguna explosión? ¿Qué podría estar pasando? Subí el volumen y seguí manejando, cualquiera que fuera la situación me enteraría al llegar a la universidad. Además no podía darme el lujo de distracciones minutos antes de mi examen. Sin embargo era imposible no poner atención a aquél sujeto del radio con su voz aguardientosa y nerviosa, me parecía que estaba pasando algo muy importante. Puse más atención al locutor y pude escuchar lo siguiente:
-Amigos, eviten salir de sus hogares. EL gobierno acaba de informarnos que es de suma importancia que no salgan. Repito, no salgan. La situación será contenida, pero se necesita que cualquier civil se resguarde por algunas horas en algún lugar cerrado y evite el contacto con el exterior.-
Y de repente, escuché estática. Mis manos comenzaron a sudar y a temblar; seguí mi camino. Pero al dar la vuelta en una de las esquinas antes de llegar a la universidad un auto me impacto. MI auto dio algunas vueltas y yo me desmayé. Lo siguiente que recuerdo son gritos y de nuevo ese olor a carne podrida. Miré mis brazos y tenía un cristal enterrado que causaba un gran sangrado que ya había manchado mi mejor traje. ¡Por Dios! ¡Era mi mejor traje! Aunque cuando miré hacia el otro auto, vi a una mujer de mi edad más o menos; estaba llorando y temblando. Me acerqué a ella y dio un pequeño grito. Me imploró que me fuera, pero yo no entendía el porqué. La mujer desvió su mirada por detrás de mi y de verdad jamás vi unos ojos tan llenos de miedo. Me di la vuelta y un hombre, con el rostro desfigurado y lleno de sangre se lanzó sobre mi con rabia y con lamentos de dolor saliendo de su boca.
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El amanecer
General FictionCuando sueñas tu mundo se detiene por momentos; pero cuando despiertas la verdadera pesadilla comienza y quisieras regresar a ese mundo de fantasía en el cual podías ser el presidente de los Estados Unidos o un astronauta, podías soñar con tu muerte...
