La caida.

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No estábamos tan cerca, pero alcance a ver su rostro luchando con las lágrimas, que amenazaban con inundar sus preciosos ojos.
Un, lo siento, salió de mi boca, y en ese momento se derrumbó. Tumbada en el suelo no paraba de llorar. Cuando habia llegado tenía más cara de espanto que de otra cosa al verme del otro lado del barandal de aquel edificio tan alto el cual soñamos una vez en ir juntos.
-¿Porque?...- Fue lo único que me dijo desde que llegó, y yo sabia que lo preguntaría.
Le conteste que no quería seguir viviendo y que me perdonase.
Estaba siendo bastante malvado, quizás demaciado. Pero luego de ver lo que ella me hizo simplemente quise desaparecer.
Me di vuelta hacia el vacío de la noche, y las luces de la ciudad, y cerrando los ojos intente volar. Cuando ella se dio cuenta de mi salto, se arrimó con tanta velocidad que pudo haber caído también, pero un guardia del hotel que daba la vuelta nocturna la agarró, y entre sollozos gritó mi nombre, fue lo último que escuche antes de golpear el suelo...mi nombre...Dan.
Y ahora estoy mejor, y más feliz, ya no estoy rodeado de malos pensamientos, estoy en paz...
Y espero que algún día me perdones, aunque lo que tu me hiciste, no te lo perdonaré. ¿Te acuerdas? ¿O debo recordártelo?... Recordar es la tortura más horrible...

Yo era feliz, muy feliz, vivía con mis padres a los cuales amo mucho, pero todo cambio desde esa noche. No, esa noche no te conocí, pero si murieron mis padres, que están aquí conmigo.
Y su casa pasaba a ser mía por herencia, pero era demaciado grande para mi, cinco cuartos, tres baños, dos livings, dos pisos, un patio de no se cuantas hectáreas... Bueno se entiende...era enorme.
Resulta que me era incómodo y un desperdició ocupar tan poco espacio de la casa. Llame a Max, mi mejor amigo desde la infancia, para preguntarle si sabía de alguien que me alquilase la casa o al menos una habitación y respondio muy exaltado que si. Lo cual me impresionó ya que él no era de dirigirse de esa forma a nadie, ni a mi. Solía ser el aburrido, el deprimido, pero algo le había hecho poner feliz y eso me hacia feliz a mi también.
Al cabo de unos días toca a mi puerta una señora que no aparentaba menos de 70 años, y con una voz que parecía salida de un día de resaca me dijo.
-¿Esta es la residencia de los Rosenjak?-.
Yo sólo asentí y la invite a pasar.
Me esperaba una modelo o algo parecido, porque era raro que Max se pusiera así de contento. Yo lo conocía, algo pasaba.
Ya estando adentro, en el primer lobby, la invite a recorrer la casa, pero me detuvo diciéndome que ella sólo quería alquilar un cuarto y que no necesitaba que la lleve por toda la casa. Así que le mostre su cuarto, el cual tenía baño, era muy espacioso y con una linda vista hacia el patio izquierdo. Se quedó encantada, no paraba de hablar de que era hermosa y que se querría quedar para siempre y tal. Hasta que luego de hablarme de su nieto un buen rato, con amabilidad la invite al lobby de nuevo para cerrar el contrato por los días que se iba a quedar, o meses, la verdad nunca supe cuanto se quedó.
Luego se fue a su cuento a ducharse y yo a la cocina a preparar la cena, ya que eran al rededor de las 20:00 horas. Pero justo en ese momento, suena el timbre, yo no esperaba a nadie pero abri de todas formas. Y ahí estabas, tu, con tus ojos que tanto me enloquecían, tu cabello rizado y tu sonrisa que no podía sacar de mi cabeza.
Afuera llovía y de lo atontado que estaba no me di cuenta que te estabas mojando. Tu tociste como para hacerme reaccionar y cuando lo logre me hice a un lado para permitirte el paso.
Alagaste la casa, como era de esperarse, luego te sentaste en los sillones tan relajadamente que parecía ser tuya la casa y que nuestra confianza era como de hermanos.
Te pregunte que se te ofrecía y porque andabas vagando por el pueblo.
Tu contestaste.
-Me a contactado Max diciéndome que aquí alquilaban cuarto, y yo necesito uno por unos días. ¿Hay más inquilinos?.-
Yo ya lo entendía todo, pero debería agradecerle después a Max, o no.
-Si, hay una señora que se hospeda desde hoy- respondi
Tu cara paso de serenidad a incomodidad. Te acercaste a mi y me susurraste al oido.
-no hay ninguna señora y lo sabes...-

Entre heridas y demoniosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora