La noche seguía y le conté a Zack lo que me ocurría con mi diario, no contándole lo que escribía en él, y ni tampoco el suceso del espejo. Pensé que podría asustarse de mí, como cualquier adolescente que no hubiese sufrido alguna depresión.
A veces, tenemos miedo a no encajar en la vida de alguien. A veces,vemos nuestras vidas una miseria en comparación a otras, sin a penas preocupaciones ni llantos. A veces, desearía poder ser alguien así,no tener miedo a encajar en los demás. Sería la hostia. Y también necesario.
Dimos un paseo con Nana, y obviamente, dejé el móvil en casa. No quería recibir más llamadas, y tampoco volver a encontrarme con alguna otra escena sangrienta.
--Tengo algo de dinero, ¿te apetece unos perritos calientes? --me preguntó mostrando unos brillantes ojos ante la preposición.
--Zack,¿no te cansas de comer? --le pregunté mientras le sonreía.
No había conocido a alguien con el estómago más grande que él.
--¿Es una pregunta o una afirmación? --preguntó.
Alzó su ceja izquierda, mostrando ser un galán, aunque seguidamente sonrió mostrando sus hoyuelos.
--Eres idiota, y un gordo. --Le dije mientras pasaba por su lado con Nana.
--Y tú eres idiota por tener que recoger el regalito que tu preciosa perrita te ha dado. --me contestó mientras señalaba esa materia compuesta de residuos de alimento que el organismo de Nana había eliminado por su ano tras haber hecho la digestión.Exacto, una gran mierda.
Zack empezó a reírse como un completo idiota ante aquella escena. Era aveces maduro, pero otras veces, un crío. Quizá por eso a) era especial al resto o b) me llamaban la atención los gilipollas.
Era tarde y decidimos llegar a casa, Nana estaba un poco cansada. Y yo también. Zack entró a casa de nuevo y tomó asiento cómodamente en el sillón como si de su propia casa se tratase.
--Bueno,quizá quieras irte ya, es tarde. --sugerí a Zack.
--O quizá quiera quedarme contigo, ¿pasas la noche sola? --me preguntó. Así. Sin más.
--Ehm, bueno sí pero...--dudé. Si mis padres dijeron de pedir a alguien que durmiese conmigo, ya lo estaba haciendo. No tenían por qué echarme la bronca, al menos él mostró interés en mí, en pasar el tiempo a mi lado.--Claro, puedes quedarte. --le respondí.
Fui capaz. Él sonrió y me dirigí hacia la habitación.
--Bueno,¿y dónde duermes tú? --Me preguntó.
Estuvo tumbado en mi cama y pegándose las mantas a su cuerpo.
--¿Perdona?Esa es MI cama. --le aclaré intentando aguantar un poco la risa,tenía que ser firme.
–Perdonada,pero ya sé que es tu cama. Pregunto que dónde duermes tú. --me replicó algo burlón mientras mostraba una sonrisa torcida.
--Zack,creo que no lo estás entendiendo. --le dije justo antes a que me lanzase un cojín a la cara.
Empezamos a reírnos y a discutir sobre dónde dormir durante diez minutos. Al final: Zack durmió en el sofá pequeño. Yo en el grande, como dueña de la casa y como buena persona que no deja a su pequeño invitado sólo en un salón. Sí. Zack me comentó que sentiría miedo, y por ello acabé durmiendo en el sofá y él, abrazando un peluche maloliente de Nana. Era estúpido, pero a la vez encantador mientras dormía. Menos mal que no roncaba.
La noche pasó súper rápida, abrí los ojos y me encontré a Zack despierto observando cómo dormía.
--B-buenos días...-dije con una voz de ultra camionera.
Estirémi cuerpo antes de incorporarme, parecía que me partiría a pedazos como una galleta, pero era algo realmente normal en mí.
--Buenos días marmota, pensaba que estabas sufriendo un coma y tendría que besarte para que dieses señales de vida. --respondió bromeando.
Ambos reímos.
Desayunamos y Zack se fue a casa, tenía que preparar las cosas para el instituto y quedamos en vernos en clase. Me vestí, cogí la mochila y me despedí de Nana hasta cerrar la puerta e irme.
Entré a clase y llegué a mi sitio. Megan, quien se suponía que era mi amiga pero la realidad fue que había pasado días sin mirarme a la cara, se acercó.
--¿Qué andas haciendo con ese chico? ¿Has fichado a alguno? --me preguntó con una sonrisa pícara mientras se sentaba en la mesa.
Megan. 17 años. La podría definir como la típica chica perfecta para cualquier tío dado a su carisma y a su sonrisa de oreja a oreja,siendo así la alegría de la huerta, y de la clase, y de bueno...todo sitio. Siempre busca llamar la atención, ser superior a cualquier chica y algo que se le da genial: negar esta realidad.
--No ando haciendo nada, sólo es un nuevo amigo, creo...-pensé en voz alta mirando hacia arriba.
--¿Yes por eso por lo que te dignas a acercarte? --le respondí.
--Qué grosera, he estado ocupada estos días, perdone usted señora. --me respondió un poco burlona.
--Eres una zorra. --pensé.--No era lo suficientemente fuerte como para tratar como se merecía a ciertas personas. --Y tú tan simpática,Megan. --le respondí mostrando una sonrisa tan falsante como ella misma podría llegar serlo.
Zack llegó a su sitio, que estaba a mi lado y me sonrió. Tenía a Megan en la fila de en frente mirándome con una sonrisa burlona y aparté mi vista de ella y de Zack.
Empezó a vibrar el móvil en mis piernas, donde lo tenía escondido de la vista del profesor y pude ver que era una llamada oculta. Empecé a ponerme nerviosa, no podía cogerlo pero eso me alarmaba más.
--Kathy,es la segunda vez que te hago la pregunta. ¿Cuál fue el origen dela filosofía? --repitió, al parecer, por tercera vez.
--Ehm...--Mierda, Kathy espabila. --me dije repetidas veces, pero decidí correr hacia el baño como si tuviese que potar.
Pasé la mayor vergüenza que un adolescente con el autoestima al nivel del suelo pudiese pasar. Entré al baño y cerré la puerta. Otra vez no.
Cog íel teléfono. Escuché a mi profesor de filosofía de dar clase, sí,a Mr. Evans.
No podía ser, está en mi clase.
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Nube negra.
Teen FictionEstar atrapado, confuso, ahogado. Estas sensaciones fueron las protagonistas de esta historia, tanto en ella como en él. Atrévete a conocerles y a juzgar por ti mismo. Intentaré que esta historia te haga volver a toda esa mierda que has tenido que s...
