Analia miró la hora por última vez.
11:47 p. m.
La biblioteca estaba casi vacía.
Guardó sus libros en la mochila y cerró la computadora.
Había pasado tres meses en Asia gracias a una beca que, hasta esa noche, había considerado lo mejor que le había ocurrido.
Ahora no estaba tan segura.
Abrió una carpeta en su computadora.
Dentro había fotografías, fechas y nombres.
Muchos nombres.
Todos relacionados con personas asesinadas en diferentes países.
Analia había encontrado algo extraño.
Todos los casos tenían una fecha en común.
17 de octubre.
—Esto no puede ser una coincidencia...
Tomó una fotografía.
Una mujer asesinada cinco años atrás.
Luego abrió otra.
Otro país.
Otra víctima.
Misma fecha.
Su teléfono vibró.
Analia se sobresaltó.
Número desconocido.
Abrió el mensaje.
Deja de investigar.
Frunció el ceño.
Escribió:
¿Quién eres?
La respuesta llegó casi inmediatamente.
-Alguien que sabe lo que encontraste.
Analia sintió un escalofrío.
Miró hacia la puerta de la biblioteca.
No había nadie.
Volvió a escribir.
-¿Qué quieres?
Esta vez tardaron unos segundos.
- Que llegues viva a mañana.
Analia dejó de respirar por un instante.
Cerró la computadora.
Guardó todo rápidamente en su mochila.
Salió de la biblioteca.
Afuera llovía.
La universidad estaba prácticamente desierta.
Analia caminó rápido.
Su teléfono volvió a vibrar.
No quiso mirarlo.
Siguió caminando.
Hasta que escuchó pasos detrás de ella.
Se detuvo.
Los pasos también.
Analia tragó saliva.
Miró hacia atrás.
Nada.
—Cálmate...
Continuó.
Los pasos volvieron.
Más cerca.
Apretó la mochila contra su pecho y comenzó a correr.
Llegó a una calle principal.
Había personas.
Automóviles.
Luces.
Respiró aliviada.
Entonces su teléfono sonó.
--Llamada desconocida.
Contestó sin detenerse.
—¿Quién eres?
Nadie respondió.
Solo escuchó una respiración tranquila.
Analia se detuvo.
—¿Hola?
La voz finalmente apareció.
—Te advertí.
Analia miró alrededor.
—¿Dónde estás?
Una pequeña pausa.
—Cerca.
La llamada terminó.
Analia sintió que alguien la observaba.
Levantó la mirada.
Al otro lado de la calle había un hombre bajo un paraguas negro.
No podía verle el rostro.
Pero estaba mirándola.
Analia retrocedió.
El hombre comenzó a cruzar.
Uno.
Dos.
Tres pasos.
Analia se dio la vuelta y corrió.
No llegó muy lejos.
Una mano cubrió su boca.
La mochila cayó al suelo.
Su computadora quedó encendida.
En la pantalla todavía estaba abierta la carpeta de los asesinatos.
La última fotografía mostraba a una mujer.
Debajo de ella había una fecha:
17 DE OCTUBRE.
Y después...
todo quedó en silencio.
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17 DE OCTUBRE
ActionCara viajó al otro lado del mundo para empezar de nuevo. Allí encontró una oportunidad, nuevas amistades y a dos hombres que cambiarían su vida. Pero mientras un detective intenta resolver una serie de asesinatos que se repiten cada 17 de octubre...
