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La recordaba nítidamente.
¿Y cómo no?
Si todo lo que había entre ellos nació de la interrogante suscitada por su firmamento infinito.
* * *
—¿Alguna vez te has preguntado lo que hay más allá de las estrellas?
Le miró de reojo en su escepticismo, pensando que, conociéndole, esa era una muy extraña manera de romper el silencio.
Decidió no responder de inmediato. Retenida, tal vez, por la expectativa de que se girara a verle en su impaciencia de no saber esperar demasiado por absolutamente nada.
Pero eso no sucedió. No se giró ni le reclamó. Solo se quedó quieto, con la cabeza echada hacia atrás lo justo para permitirse deleitarse de lo que se observaba en la vasta lejanía que se expandía sobre ellos.
El cielo no podía estar más despejado. Salpicado de estrellas, la luna llena se alzaba en su centro, irradiando con orgullo esa luz mortecina que ni le pertenecía. Luz que escalaba los valles a la distancia, dibujando la sombra de las siluetas de los árboles que los cubrían y la de ellos, que estaban sentados en la cima de una colina.
Era, de hecho, la noche más hermosa que había visto nunca.
—¿En lo paradójico o en lo coherente?
—En lo que tenga sentido para ti, por más absurdo que sea.
Esa tampoco era una respuesta que habría esperado recibir de parte del personaje en cuestión.
En el prolongado silencio que los acompañó, no pudo evitar contraer el entrecejo, confundida a más no poder. No se lo compartiría, pero le costaba tomárselo en serio tanto como encontrar qué contestarle.
Más de una vez la había regañado por ser muy fantasiosa. Estando tan familiarizado con su manera de pensar, tenía motivos de sobra para sustentar dicha teoría.
Ambos sabían que ella era una soñadora. Él, sin embargo, era un realista acérrimo.
Desde su rígida perspectiva, creía que todo lo que escapara a la lógica y el sentido común carecía del más mínimo fundamento. Teniendo este detalle en cuenta, no le era fácil permitirse ser absurda cuando cabía la posibilidad de que se burlara de lo que fuera que le dijera, por más que ahora pareciera concederle absoluta libertad para hacerlo.
Hasta ese punto indeterminado de su vacilación duró su paciencia. Lo supo apenas tornó el rostro para mirarla en un movimiento medio aletargado.
Le sonrió tenuemente al descubrir que no había irritación o fastidio en su expresión. Solo una duda casi infantil que le provocó ganas de reír.
—¿Y bien? —insistió, con una calma que tampoco le era propia en su temperamento.
En esa ocasión, la cruel habría sido ella si se le antojara no satisfacer esa curiosidad tan pura e inusual, desprovista de esa rigidez habitual, que él estaba demostrando.
Así que solo se replegó sobre sí misma. Recogió las piernas para abrazarlas y apoyar su sien en sus rodillas, sin apartar la vista de él.
—Quizá... Vida y polvo. Luz y oscuridad. El todo y la nada.
Simplemente soltó, sin tener idea de verdad. En ningún instante de su existencia se había detenido a pensar en eso.
Él no se inmutó, y luego volvió a concentrarse en el cielo.
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Aquella noche estrellada (RivaMika OneShot)
FanfictionLa presunta noche ideal. Una mocosa. Y una confesión que no sale como esperaba. Los personajes de Shingeki no Kyojin no son de mi propiedad, le pertenecen a Hajime Isayama.
