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Prólogo

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El amor no desaparece de un día para otro.

Se desgasta.

Entre silencios que nadie rompe.

Entre promesas que dejan de repetirse.

Entre besos que se convierten en costumbre y abrazos que ya no significan refugio.

Nadie nota el momento exacto en que comienza a romperse.

Porque el amor no hace ruido cuando muere.

Solo deja de latir.

—Mamá, el pastel está quedando chueco.

Jimin levantó la vista de la estufa y sonrió con dulzura.

—No está chueco. Está... artístico.

Hani rodó los ojos mientras acomodaba, por tercera vez, el número dieciocho sobre el glaseado blanco.

—Papá va a decir que parece un ocho derretido.

—Tu padre se comería hasta una piedra si tuviera azúcar.

La adolescente soltó una pequeña risa.

Desde la sala, JunSeo levantó la vista apenas un segundo de su videojuego.

—Confirmo.

La casa volvió a llenarse de ese silencio cómodo que solo existía cuando los cuatro estaban juntos.

Jimin observó el reloj de la cocina.

7:06 p.m.

Jungkook llegaba tarde.

Otra vez.

No era algo nuevo.

Durante dieciocho años había aprendido que ser cirujano cardiovascular significaba vivir compartiendo a su esposo con un hospital entero.

Había aniversarios interrumpidos.

Vacaciones canceladas.

Cumpleaños celebrados una semana después.

Y cenas que terminaban completamente frías.

Pero Jungkook siempre llegaba.

Aunque fuera tarde.

Siempre volvía a casa.

Jimin apagó el fuego y acomodó cuidadosamente los últimos platos sobre la mesa.

Cuatro puestos.

Como todos los años.

Como todas las noches.

Porque, aunque el tiempo hubiera cambiado tantas cosas, todavía había algo que seguía siendo sagrado para él.

La mesa nunca debía sentirse incompleta.

—¿Le escribiste? —preguntó Hani.

Jimin negó con la cabeza.

—Debe estar terminando una cirugía.

Mintió con tanta naturalidad que incluso él terminó creyéndolo.

No quería preocupar a sus hijos.

No aquella noche.

No en su aniversario.

A las siete y cuarenta y tres, el sonido de la puerta principal hizo que los tres levantaran la cabeza al mismo tiempo.

Jungkook entró con el saco sobre un brazo y una pequeña bolsa de papel en la otra mano.

Tenía el cabello ligeramente despeinado.

Ashes || KookMinHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora