wazaaaaa en cuestión llegue a este mundo lleno de furros no les puedo decir mucho mas por que seria hacer spoiler además quien en su sano juicio leería esto
Nos adentramos en un apartamento hecho un desastre: basura y ropa tirada por todas partes. Nada fuera de lo normal para el protagonista, quien dormía una siesta hasta que su alarma lo despertó haciendo que se enojara.
El muy idiota procedió a estrellar su reloj contra el suelo, rompiéndolo en pedazos, aunque le quedó un fuerte dolor en la mano. Se quedó unos segundos procesando lo ocurrido.
El protagonista suspiró y murmuró:
—Bueno, ya me quedé sin reloj... Mejor salgo, me hará bien. Total, me la paso encerrado todo el día.
Y así fue como el gordo se levantó de la cama y comenzó a alistarse para salir. Lo que él no sabía era que aquel sería su último día en ese lugar. Pero bueno, dejemos eso para después.
Se encontraba caminando sin rumbo fijo cuando entró en una tienda a comprar un nuevo reloj y unas papas. Le extrañó ver a dos tipos con capucha, pero tardó en darse cuenta de que estaban armados y venían a robar el local. Como toda una buena persona, decidió ayudar.
Sin pensarlo dos veces, dio media vuelta y se dirigió hacia la salida.
—Ni loco me quedaba a ayudar — murmuró mientras salía—. No quería terminar con treinta balas en el cuerpo. Al menos me salieron gratis las papas y el reloj. Jaja, qué listo sos, Kaiser.
Qué egoísta.
Como sea, ya se iba de vuelta a su casa para hacer el vago el resto del día, hasta que frenó en un cruce. Vio cómo una niña jugaba a las atrapadas con otro niño. El semáforo estaba en rojo, pero la niña no se percató y corrió hacia la carretera. Mientras tanto, un camión se dirigía a toda velocidad hacia ella.
Menos mal que está el prota y la salvará a cambio de su vida... ¿verdad?
O por Dios, niña, quítate del medio, estúpida. Que este prota es un weón.
El camión chocó contra la niña. Ay, eso tuvo que doler.
—Qué final tan triste. Menos mal que no fui yo. Jajaja, me la pela, camión-kun.
De verdad que es un desgraciado. Pero bueno, él cruzaba la calle después de todo el quilombo. La gente iba a ayudar a la niña o al menos a ver qué había pasado, pero a él le dio igual y siguió cruzando... Espera, ¿acaso eso es un ladrillo?
(nota del narrador: XD)
Esa fue la manera más inesperada de morir. Pensé que sería de forma heroica, salvando a alguien... Pero bueno, supongo que como ya me morí, podré largarme de una vez.
Yo: Sigue creyendo. Ve y sigue su alma.
Tenía que hablar... Como sea, ya voy.
Yo: Si sigues trabajando te sacaré del sótano.
Ya no te creo, pero bueno, continuemos por donde lo dejamos.
Ubicación: Ni idea de qué lugar es este.
El alma de Kaiser miró a su alrededor, desconcertada.
— Culé putaso... ¿Dónde me di? Este lugar no tiene nada, está oscuro. Supongo que esto es, por así decirlo, el infierno... o el limbo. Bueno, al menos podré dormir sin que me molesten.
Una voz desconocida resonó en la oscuridad:
— Haz silencio, ¿quieres? Intento descansar.
— Perdón... Espera, ¿quién está ahí?
— Así soy. Eso que consideran como Dios... Bueno, no tanto, porque no le llego ni a los talones, pero me entiendes. Llámame X.
— No entiendo, X. ¿Qué es este lugar?
— Mi dimensión de bolsillo. Aquí juzgo el alma de las personas y todo eso, ya te la sabes.
— Oh, bueno. Supongo que me podrías decir adónde voy a ir.
— Según tu expediente, al infierno. Pero te daré una pequeña chance de hacer otra cosa.
— ¿Qué sería eso?
— Reencarnar como el típico prota de fanfics culero: con su propio harem, ssj 21412342131, rinnegan, sistema, sharingan, ki y un pito de dos metros.
— A ver... No sé si eso sea bueno, porque me suena a una historia re culera y sin sentido de 30 capítulos, donde 25 los dedican a culear o sacarse powers-ups de la nada.
— Eso fue muy específico —respondió X con tono divertido—, pero como sea, era broma. Gira esta ruleta: decidirá si reencarnas o te vas pal infierno.
— Ta bueno.
Kaiser giró la ruleta con fuerza.
— Si esto demorará mucho, ¿te apetece jugar al Uno junto a mi sombra? —preguntó X.
— Claro, ¿por qué no?
Tres doritos después...
— Vamos, que esta sí la gano —dijo Kaiser.
X:
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—...Apenas acabamos de comenzar y mira, ya la ruleta terminó de girar —dijo Kaiser sorprendido—. Dice que me toca reencarnar. ¡Qué bendición!
—Suertudo. Solo era una entre cien posibilidades —respondió X—. Ejem... Entonces furro será. Y te daré algunos regalos.
—Espera... ¿furro?
—Sí.
—Desgraciado, eso no era parte del trato —protestó Kaiser.
—Mira, se te hace tarde. Chao.
X abrió un portal bajo los pies de Kaiser, quien cayó inmediatamente.
Bueno, al menos esto sigue igual que en las historias de reencarnación. Quién sabe qué le espera a nuestro querido amigo Kaiser... Bueno, a mí me da igual que se muera.