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​El trayecto de Orlando a la casa de campo a las afueras de la ciudad se sintió como una procesión fúnebre, aunque el sol de la tarde bañara de oro los campos de cultivo fuera de la ventana. Jungkook observaba el paisaje pasar como si fuera una película ajena. En el asiento delantero, sus padres discutían sobre la logística de la fiesta de presentación o la "puesta de largo" oficial, como la llamaba su madre. Hablaban de números, de invitados con apellidos ilustres y de la importancia de que el "heredero" causara una impresión impecable.

​Cada palabra era un clavo más en el ataúd de su identidad.

​Jungkook sintió el teléfono vibrar contra su muslo. Lo sacó con disimulo, ocultándolo con la palma de la mano.

​Taehyung: "¿Ya están cerca? ¿Sigues vivo?"

​Jungkook dejó escapar un suspiro imperceptible. Sus dedos volaron sobre la pantalla: "Estamos llegando. Mi madre no deja de hablar del discurso que debo dar. Siento que me falta el aire, Tae. No sé cuánto más pueda ocultar esto."

​Taehyung respondió casi al instante: "Diles la verdad, Kook. Esta farsa nos está matando a ambos. No quiero seguir siendo un secreto."

​Un nudo se le formó en la garganta. La verdad. Tan sencilla de decir, tan imposible de ejecutar. La familia de Jungkook no era de las que aceptaban errores; eran de los que los corregían con mano dura, con destierros simbólicos y silencios cortantes. Miró a su hermana Jiwoo, que iba sentada a su lado. Ella no decía nada, pero su mirada, fija en la ventanilla, denotaba que también se sentía extraña en ese auto lleno de pretensiones.

​Al llegar, la casa de campo se alzaba imponente. No era un hogar, era un museo de linaje. Los jardines ya estaban decorados con luces y arreglos florales que parecían esperar una boda en lugar de un cumpleaños. Sin esperar a que bajaran las maletas, Jungkook tomó su mochila y se refugió en su habitación.

​El silencio de la casa era pesado, casi sólido. Se sentó en el suelo, rodeado de sus cosas viejas, y abrió una caja de recuerdos que había traído desde Orlando. Allí estaban sus dibujos de niño, un coche de madera, una vieja bufanda. Todo le recordaba a un Jungkook que aún era libre, un niño que no tenía que preocuparse por empresas o por ser "el hijo ejemplar". 

¿En qué momento la vida se había vuelto tan rígida?

​Salió al jardín buscando aire, pero el ambiente estaba cargado de los preparativos de su fiesta. Su madre, con una lista en la mano y el teléfono pegado a la oreja, lo vio pasar.

—Jungkook, asegúrate de que la modista llegue mañana a las cuatro —dijo ella, ni siquiera bajando el teléfono—. Tienes que verte perfecto. El mundo entero va a estar mirando.

​Él no contestó. Simplemente se internó en la arboleda cercana, caminando hasta perder de vista la casa. Llegó a un área donde el césped no estaba tan cuidado, un parque pequeño con columpios oxidados que parecían abandonados. Allí, sentado en un banco, había un chico un poco mayor que él, con los ojos cerrados, disfrutando del viento. A su lado, un grupo de niños lo escuchaba en silencio mientras él les contaba algo con una voz grave y tranquila.

​Jungkook se detuvo a unos metros. El chico estaba narrando una historia de una criatura que vivía entre las sombras de las rocas.

—...y así, el niño nunca volvió a ser el mismo, porque descubrió que lo que realmente daba miedo no era el monstruo, sino lo que la gente escondía bajo su cortesía —decía el chico con una sonrisa enigmática.

​—¿No crees que eso es un poco perturbador para niños tan pequeños? —se atrevió a preguntar Jungkook, acercándose.

​El chico levantó la vista. Tenía una expresión de calma absoluta, algo que Jungkook envidió al instante.

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⏰ Last updated: Jul 08 ⏰

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