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El sol de la mañana entraba tímido por la ventana de la sacristía mientras Jimin terminaba de colocarse la sotana negra

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El sol de la mañana entraba tímido por la ventana de la sacristía mientras Jimin terminaba de colocarse la sotana negra. A sus 24 años, ya llevaba tres como sacerdote ordenado, algo que aún sorprendía a muchos.

Desde niño había sentido una paz profunda en la iglesia. Mientras otros chicos de su edad soñaban con universidades y novias, Jimin encontraba su mayor placer en la oración, en el silencio del altar y en ayudar a los demás. Su vocación fue clara y temprana. Entró al seminario a los 18 y fue ordenado a los 21. Ahora, recién transferido al pueblo de San Elías, sentía una mezcla de nervios y emoción.

Amaba su devoción. Amaba la pureza de su entrega. Pero también era consciente -demasiado consciente- del efecto que provocaba en la gente. Sus labios llenos, su rostro suave y angelical, y esa sonrisa gentil que parecía iluminar cualquier lugar, hacían que las miradas se quedaran más tiempo del debido. Las chicas del pueblo ya murmuraban, algunas mujeres mayores lo miraban con ternura maternal y hasta algunos hombres lo observaban con disimulo.

Jimin solo suspiraba y pedía en silencio fuerza para cumplir su misión. Él había elegido este camino. Y no pensaba desviarse.

La música aún retumbaba en sus oídos cuando abrió los ojos esa mañana

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La música aún retumbaba en sus oídos cuando abrió los ojos esa mañana. Jungkook se estiró en la cama deshecha, con el cabello revuelto y una marca de labial aún en el cuello. La chica de anoche ya no estaba; solo había dejado su perfume y un número de teléfono en una nota que él ni siquiera leyó.

A sus 26 años, Jungkook vivía exactamente como quería: sin reglas, sin compromisos y sin promesas. Trabajaba en el taller mecánico de su tío por las mañanas y por las noches... por las noches era libre. Una chica diferente cada fin de semana, cervezas frías, carreras ilegales en las afueras del pueblo y cero interés en la iglesia.

Su hermana menor, Jiwoo, era la única que lograba molestarlo con el tema de la misa.
-Algún día vas a necesitar a Dios, Jungkook -le repetía siempre.
Y él siempre respondía con una risa burlona:
-Dios y yo estamos bien. Él hace su trabajo y yo el mío.

Nunca imaginó que pronto esa distancia cómoda entre él y la fe estaba a punto de romperse.

Nunca imaginó que pronto esa distancia cómoda entre él y la fe estaba a punto de romperse

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La idea me la saqué del culo no me digan nada ¿Ok?

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⏰ Last updated: May 15 ⏰

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