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CAPITULO 1:EL PRECIO DE LA SUPERVIVENCIA

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Maratón 1/5

BECKY

Salí del orfanato hace ya algún tiempo. Tengo dieciséis años, y desde entonces he vivido en las calles, sobreviviendo como puedo, robando para comer. Lo hago porque cada vez que he intentado trabajar honradamente, cuando he puesto todo mi esfuerzo en demostrar que valgo, siempre me han echado, me han despreciado o me han tratado como basura solo por ser quien soy.

FLASHBACK

Habían pasado días enteros sin probar bocado. Sentía cómo mi cuerpo se debilitaba y el estómago me dolía de vacío. La verdad es que habría dado lo que fuera, incluso mi vida, por un simple plato de sopa caliente. Pero en la calle, nadie regala nada. La bondad no existe ahí fuera.

Desesperada, fui hasta un restaurante elegante del centro, con la esperanza de que quizás necesitaran ayuda, aunque fuera para limpiar o cargar cosas. Me acerqué al gerente, un hombre grande, de cara dura y mirada fría.

-¡Ya te dije que no, sucia! -me gritó con desprecio, antes incluso de que yo pudiera hablar-. ¡Lárgate de aquí antes de que llame a la policía!

Sentí que se me rompía el corazón, pero insistí con la voz temblorosa, tragándome el orgullo.
-Por favor... si no tiene por qué pagarme nada. Yo me conformo con las sobras, con lo que vayan a tirar... solo déjeme trabajar para ganarme algo de comer.

El hombre soltó una carcajada seca, cruel, que me heló la sangre. Me miró de arriba abajo como si fuera un bicho asqueroso.

-¿Las sobras? -repitió con burla-. Ni eso te mereces. Una cosa es la comida, y otra dársela a una escoria como tú. No sirves para nada.

Ese día me sacaron a empujones a la calle. Y sí, salí llorando, corriendo mientras sentía cómo las lágrimas me quemaban las mejillas. Fue en ese momento, justo ahí, cuando comprendí que el mundo no me daría nada. Fue ahí cuando empecé a robar.

FIN DEL FLASHBACK

Pasó el tiempo, y a menudo sentía que no encajaba en ningún lado. Sabía perfectamente que robar no estaba bien, que era un delito y que me convertía en lo que tanto despreciaba... pero ¿qué otra opción tenía? Lo hice durante años, hasta que cumplí los veinte años. Fue entonces, por casualidad o por destino, cuando entré a trabajar en un club nocturno. Y mi vida cambió para siempre.

FLASHBACK

Estaba en la calle, como siempre, al acecho. Acababa de quitarle el bolso a una mujer que vestía ropa muy fina, que parecía tener mucho dinero. Corrí rápido para alejarme, esperando encontrar dinero suficiente para comer una semana. Lo curioso fue que la mujer no hizo absolutamente nada por seguirme ni gritar.

Cuando me detuve en un callejón solitario y revisé el bolso con ansia, sentí una decepción inmensa: no había nada. Solo dos chicles viejos y una cartera desgastada, vacía, sin un solo centavo. Me di cuenta entonces de que las apariencias engañan, y que quizás ella también fingía tener lo que no tenía.

Caminando un poco más, llegué frente a un local grande, con luces de neón y música fuerte que salía de adentro. Era un club nocturno. Me quedé parada en la puerta, curiosa, mirando hacia el interior entre las cortinas.

Un guardia enorme, con brazos como troncos, se me acercó y me miró con una media sonrisa.
-¿Vienes solo a mirar, o vienes a pedir trabajo? -me preguntó con voz ronca.

Levanté la cabeza, decidida. Ya nada me quedaba por perder.
-Vengo a pedir trabajo.

El hombre sonrió más ampliamente, me hizo una señal para que pasara y me guio hacia el interior.

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