No era lo que imaginaba

2.2K 4 0
                                        

Todo empezó con una publicación. Un evento en Barrio Italia. Y una curiosidad que se mezclaba con nervios, de esos que se sienten en el pecho y bajan lento por el cuerpo.

Íbamos sin saber realmente a qué nos enfrentábamos. En mi cabeza todo era caótico, invasivo, como si al cruzar esa puerta fuéramos a perder el control. Como si el deseo fuera algo que venía de afuera y no algo que nacía dentro.

Pero no fue así.

Había una puerta cerrada. Tocamos. Un pasillo en silencio, como una antesala que te obligaba a respirar distinto. Nos recibieron con calma, nos hablaron de reglas, de límites, de respeto. Dejé mi teléfono en un casillero... y sentí que también dejaba una versión de mí atrás.

Después, las cortinas rojas.

Y al abrirse... todo cambió.

Luces neón bañando los cuerpos, música que no solo se escuchaba, se sentía. Gente distinta, acentos distintos, energías que se cruzaban en el aire. Pero no era evidente. No era brusco.

Era sutil. Era lento. Era magnético.

Las miradas fueron lo primero.

Miradas que se sostenían más de lo normal. Que recorrían sin tocar. Que insinuaban sin decir. Había algo en ese intercambio silencioso que me tensaba el cuerpo, que me hacía más consciente de cada movimiento, de cada respiración.

Cerca de mi, conversaciones suaves, risas bajas, pieles que se buscaban con naturalidad. Mujeres acercándose entre ellas, parejas que parecían hablar con los ojos. Todo fluía sin esfuerzo... y nosotros no sabíamos cómo entrar en ese lenguaje.

Recuerdo una pareja que me atrapó. Había algo en ellos, una seguridad tranquila, una energía que invitaba. Los miré más de lo que debería... pero no pasó nada. No porque no quisiera, sino porque no sabía cómo.

Así que observé.

Observé mientras el ambiente se metía en mi piel. Mientras el calor subía lento, mientras la curiosidad empezaba a transformarse en algo más denso, más eléctrico.

Hasta que subimos.

Arriba todo se sentía distinto. Más íntimo. Más cercano. Espacios que no solo se veían... se percibían. Cada rincón tenía una intención, una invitación a dejar de pensar.

Y ahí lo sentí.

No era lo que estaba pasando alrededor. Era lo que estaba despertando dentro de mi.

Los sonidos se volvían más profundos, más envolventes. La cercanía se sentía diferente. Había una energía espesa, tibia, que se deslizaba por el cuerpo y hacía imposible ignorarla.

Y sin decir mucho, terminamos en un espacio más cerrado. Más nuestro.

Ahí, lejos de las miradas pero conectados con todo, nos dejamos llevar. Sin instrucciones, sin expectativas. Solo sintiendo.

Cada roce se volvía más consciente. Cada pausa más intensa. Descubrí cómo el deseo podía nacer desde mirar, desde imaginar, desde compartir un mismo espacio cargado de sensaciones.

Era nuevo. Era provocador. Era... adictivo.

Cuando bajamos, todavía con esa electricidad recorriéndome el cuerpo, vimos a una pareja abrazarse, sonreírse, celebrarse. Habían compartido con otros... y aun así, lo que había entre ellos se veía más vivo que nunca.

Y ahí lo entendí.

No se trataba de perder.
Se trataba de expandir.

Esa noche no solo descubrí un lugar.
Descubrí una forma distinta de sentir.

Y supe que quería volver.

Putos pero con ética.
Siempre.
💚Madeley Figuera

No era lo que imaginaba 🍍Stories to obsess over. Discover now