Dos familias mafiosas sellan la paz con un matrimonio que ninguno de los dos novios pidió.
Luca Moretti siempre creyó saber quién era y a quién debía amar. Adrián Álvarez siempre supo que el amor no se puede exigir.
Unidos por obligación, separados...
Nunca pensé que el amor pudiera sentirse como una amenaza.
Me enseñaron que el peligro tenía forma de pistola, de traición, de sangre sobre el mármol blanco. Nunca me dijeron que también podía tener nombre, voz... y una forma de mirarme que me desarmaba más que cualquier arma.
El día que me prometieron en matrimonio, no perdí mi libertad. Eso ocurrió después. Cuando empecé a pensar en él al cerrar los ojos. Cuando su presencia me alteró el pulso. Cuando entendí que el problema no era haberme casado con un hombre, sino que ese hombre empezara a importarme.
Dicen que las alianzas se firman con tinta. Las nuestras se sellaron con sangre.
Y yo aún no sabía que, en medio de una guerra, iba a encontrar aquello para lo que nadie me había preparado:
a mí mismo.
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