Capítulo 1: Nunca más

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"Derek" (21 de marzo, 1999 – 5:24 PM – Manhattan)

"Dicen que el hombre es bueno por naturaleza, y es el mundo quien lo corrompe, bueno... eso es lo que diría si no me pareciera una reverenda mierda.

Inicié siendo un niño consentido por mi madre, quizá porque era alguien de pocos amigos y porque mi padre fue ausente durante gran parte de mi niñez, él no era mala persona, solo que, viajaba mucho por trabajo, Mamá y Papá son de las pocas personas que considero realmente nobles en este mundo, son personas decentes, cosa que hoy en día es difícil de encontrar.

Aquella crianza por parte de mi madre, a pesar que, nunca tuvo una mala intención de por medio, me mantuvo encerrado en una burbuja, donde estuve mucho tiempo alejado de un montón de cosas negativas, tales como el rechazo, la soledad y la frustración, sobre todo en la escuela, lo que, a largo plazo, me hizo daño y me convirtió en lo que soy ahora, una bomba de tiempo, Mamá siempre pensó que yo era un niño bueno, y para ser franco, yo también me lo creí hasta cierto punto, pero pasados los años, me di cuenta de que solo estaba reprimiendo a quien soy yo en realidad.

¿Y quién soy yo?

Es gracioso que esté diciendo esto, nunca me agradó de hablar sobre mí, creo que, es mil veces mejor, dejar que esta historia hable por si sola"

Durante la última hora había estado imaginándome a mí mismo decir todo ese estúpido monólogo, frente al juez y jurado que me condenó a pasar estas últimas dos semanas tras las rejas, me imaginaba a mí, en la corte, vociferando aquello, como una extraña especie de desfogue o catarsis, luego de los últimos acontecimientos en mi vida.

Ojalá hubiera dicho eso, pero solo me quedé callado, y dejé que mi abogado convenciera a todos de que yo solo era una víctima de las circunstancias, una víctima de mi reciente tragedia, y que deberían darme una oportunidad para reinsertarme a la sociedad, lo sorprendente, es que, si lo logró, lo que nos lleva donde estoy ahora.

Abrí los ojos en medio de la oscura celda, me encuentro en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York, a mis costados, se encuentran otros hombres de mí misma calaña, no conozco sus vivencias, pero no dudaría que sus historias ponen en tela de juicio la eficacia de la justicia americana, ya que, todos acá nos encontramos a la espera de ser puestos en libertad.

¿Qué si me arrepiento de lo que hice?

No lo sé, en realidad aquello había sido producto de que me encontraba en un mal momento, siempre me imaginé que, tarde o temprano, la policía me detendría algún día, pero que me llevarían detenido por algún encargo de drogas o armas, que es a lo que me dedico ahora, sin embargo, me arrestaron por asaltar una gasolinera estando borracho, que vergüenza...

Lo peor de todo es que, a pesar que he tenido tiempo para pensar cómo explicarle esto a mi madre y a Samantha, no se me ha ocurrido nada, se me ha hecho imposible encontrar un pequeño momento de paz, solo para pensarlo.

Supongo que les debo una disculpa a ambas, aunque no me siento mentalmente preparado para eso todavía, al final, dudo que me puedan ver de la misma forma, ahora que todo mi círculo cercano sabe de esto, solo sé, que nada será como antes.

Las luces se encienden de manera abrupta, unas pisadas acercándose interrumpen el reinante silencio del calabozo, y junto a esta, el sonido de un juego de llaves emitido por un oficial, que se dirigía justo a donde estoy ahora, este mismo se detuvo frente a mí y dijo.

—Caulfield, ya han pagado tu fianza, una vez salgas, me vas a seguir para recoger tus pertenencias que se te fueron confiscadas a la hora de tu detención. ¿Entendido?

—Sí... —dije en voz baja, y sin mirarle al rostro.

Acto seguido empieza a abrir la celda, mientras que, las miradas de los demás detenidos se posan en mí, observando cómo es que, el sistema judicial falla una vez más.

Los Don NadieStories to obsess over. Discover now