Jimin era un chico concentrado en todo lo que hacía. Su mente funcionaba como él quería ordenada, enfocada, sin distracciones innecesarias, por eso el amor no estaba en sus planes.
Lo veía en otros, claro. En compañeros que se tomaban de la mano entre clases, en parejas que se despedían con besos rápidos antes de entrar a la biblioteca, en miradas que decían más de lo que las palabras podían explicar. Pero a Jimin eso le parecía... agotador.
Amar era perder tiempo.
Y Jimin no tenía tiempo que perder.
¿De qué servía el amor, al final?
Solo era una forma de sufrir.
esa idea no había nacido de la nada.
Sus padres lo habían tenido demasiado jóvenes. Tan jóvenes que nunca supieron realmente cómo ser padres. Cuando Jimin tenía apenas un año, se separaron. Su madre era una chica complicada, inestable, más interesada en escapar que en quedarse. Salía, desaparecía por días, volvía como si nada. Su padre, en cambio, trabajaba y estudiaba, pero siempre estuvo lejos.
Al final, fueron los abuelos maternos quienes lo criaron.
Ellos estuvieron cuando dio sus primeros pasos, cuando lloró por las noches, cuando aprendió a guardarse las cosas solo. Sus padres... solo aparecían a veces. De visita.
Nunca le faltó techo ni comida.
Pero el afecto... ese siempre fue intermitente.
Quizás por eso, desde muy chico, aprendió a no necesitar nadie.
La universidad ya era suficiente reto evaluaciones, coreografías, prácticas, proyectos grupales que siempre terminaban con alguien haciendo menos de lo que debía. Su futuro estaba demasiado claro como para difuminarlo con sentimientos confusos. O peor aún, para exponerse, para mostrarse vulnerable frente a alguien.
Porque Jimin era sensible, aunque no lo pareciera. Por dentro sentía mucho. Por fuera, era reservado con lo importante.
Decía lo que pensaba sin filtros, coqueteaba con quien quería y jugaba con la atención ajena, pero nunca desde un interés real. No llegaba a sentir nada por nadie. No era solo que no quisiera simplemente no podía. Había algo en él que se cerraba antes de involucrarse en un compromiso serio, una barrera invisible que levantó hace años sin darse cuenta. Por eso nunca dejaba que nadie se quedara demasiado cerca
—Oye, ¿estás escuchando? —preguntó Hoseok, dándole un leve golpe en el hombro.
Jimin parpadeó y levantó la vista. Estaban sentados en las gradas del edificio de artes, con el sol de la tarde cayendo directo sobre el cemento. Le gustaba ese lugar. Le gustaba perderse en sus pensamientos mientras miraba el cielo.
—Sí, sí... ¿qué? —respondió distraído.
Taehyung le dio un golpe suave en el brazo.
—Parece que estás en otro mundo.
Hoseok cruzó los brazos, mirándolo con atención.
—Te estaba diciendo que Jungkook preguntó por ti.
Jimin no reaccionó de inmediato. No porque no lo hubiera oído, sino porque simplemente no le importaba.
—¿Ah, sí? —respondió al final, con voz neutra—. Qué raro.
Rose lo miró con descaro.
—Raro sería que no lo hiciera, ¿no crees?
Jimin se inclinó hacia adelante para atarse las zapatillas. El gesto le dio la excusa perfecta para evitar mirarlos a la cara.
Jungkook.
No era alguien fácil de ignorar. Y Jimin lo había notado hace tiempo. No era tonto. Había visto las miradas de interés, la forma en que Jungkook siempre parecía buscarlo entre la gente, quedarse un segundo más cuando hablaban.
—Te mira —dijo Hoseok de pronto, sin rodeos.
Jimin levantó una ceja.
—¿A quién no?
—No juegues —insistió Hoseok—. Jungkook no es así con todos.
Jimin suspiró, cansado.
—Y aunque lo fuera... no cambia nada.
Taehyung frunció el ceño.
—¿Por qué eres así?
Jimin se encogió de hombros.
—Porque no me interesa.
Taehyung suspiró, sin meterse mucho en el asunto
—Bien. Iré a la biblioteca un rato. Tengo ensayo más tarde.
Desde el otro lado del patio, Jungkook estaba de pie junto a Namjoon y jin . Audífonos colgándole del cuello, mochila al hombro, mirada baja... hasta que la levantó.
Sus ojos se cruzaron con los de Jimin por un segundo.
Jungkook apartó la mirada primero.
Jimin sintió algo extraño en el pecho. No fue culpa, ni deseo. Fue... incomodidad. Como cuando sabes que estás evitando algo importante y aun así sigues caminando en dirección contraria.
—Está bien, nos vemos. Vámonos —dijo Jimin, mirando a Namjoon y a Hoseok—. Llegaremos tarde al ensayo.
Mientras se alejaba, Jungkook lo miró irse.
No dejó de mirar a Jimin de golpe.
Eso habría sido más fácil.
Lo que hizo fue peor
empezó a mirarlo menos.
Cuando Jimin se fue con sus amigos rumbo al ensayo, Jungkook se quedó quieto unos segundos más de lo normal. Namjoon estaba diciendo algo —probablemente sobre una entrega atrasada— pero Jungkook no lo escuchó. Tenía los audífonos colgando del cuello y el pecho un poco apretado.
—Oye —dijo Yoongi, notándolo—. ¿Todo bien?
Jungkook asintió sin mucha convicción.
—Sí.
Mentía mejor de lo que sentía.
No era la primera vez que Jimin lo ignoraba. Jungkook estaba acostumbrado a eso. A las respuestas cortas, a la distancia educada, a esa forma tan particular que tenía Jimin de hacer sentir a alguien... innecesario.
Ese día, Jungkook entendió algo que había evitado aceptar durante meses
Jimin sabía.
Y aun así, no lo quería de la misma forma en la que él lo quería.
Los días siguientes no cambiaron demasiado. O eso parecía desde fuera.
Jimin seguía con su rutina intacta
clases, ensayos, risas con Taehyung,Hoseok y rose. El mundo giraba exactamente como él lo había diseñado. Jungkook, en cambio, empezó a desaparecer de a poco.
No se sentaba cerca.
No buscaba excusas para coincidir.
No preguntaba por él.
Y Jimin... lo notó. Pero simplemente no le dio demasiada importancia. Sabía que talvez él ya sabía que no sentía nada por él.
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What is love?
FanfictionPark Jimin nunca creyó en el amor. Para él, era una distracción, una pérdida de tiempo que no encajaba entre la universidad, el baile y sus amigos. Nunca lo necesitó... o eso creía.
