Capítulo 1: la chica de ojos esmeralda

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La ciudad se ahogaba bajo un velo de plomo

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La ciudad se ahogaba bajo un velo de plomo. El cielo, un manto opresivo de nubes invernales, no era otra cosa que un gigantesco sumidero que vertía un aguacero implacable. Cada gota percutía el asfalto con una resonancia monótona, limpiando la mugre de la metrópolis y obligando a los transeúntes a huir en busca de la protección de los portales y los toldos. El aire, denso y frío, estaba saturado por el aroma crudo de la tierra mojada y el concreto húmedo, un perfume urbano que solo lograba acentuar la melancolía del día. Era el tipo de jornada en la que la inmensa urbe parecía rendirse, y el murmullo de la lluvia se convertía en el único narrador de la existencia.

Para Illumi Zoldyck, un hombre forjado en la hostilidad de la montaña Kukuroo, el clima era solo una variable más en su ecuación. Estaba habituado a lidiar con tormentas mucho más feroces, pero la lluvia en el distrito financiero complicaba su necesidad de eficiencia. No obstante, el encargo era inusualmente sencillo y, lo que era más importante, extraordinariamente bien pagado.

La cliente, una viuda en ciernes movida por la venganza y el despecho, había solicitado sus servicios para eliminar al banquero de su difunto esposo, un hombre que no solo había manipulado las finanzas familiares, sino que también había sido el protagonista de una aventura extramatrimonial. Illumi lo había rastreado sin esfuerzo, como el predador que sigue una huella fresca. Había mantenido una sombra segura durante horas hasta que su objetivo se refugió en un imponente rascacielos de cristal y acero.

Su plan original, un golpe rápido que dejaría al hombre muerto en un callejón sin que nadie lo notara, fue desechado a petición de la cliente: el asesinato debía simular una muerte natural, un inofensivo paro cardíaco que no levantara ni la más mínima sospecha. Con sus décadas de experiencia y una frialdad que helaba la sangre, Illumi confiaba en su capacidad de adaptación. Esperó, tan imperturbable como una estatua, observando desde la marquesina de una parada de autobús. Su figura, envuelta en un abrigo oscuro y ropa negra que lo hacían parecer gastado y gris, se fusionaba perfectamente con el anonimato de la multitud. A simple vista, era solo un pasajero más, perdido en la bruma de sus pensamientos.

El tiempo se arrastraba con la lentitud irritante de la burocracia. El golpeteo del agua contra el metal corrugado de la parada era un tamborileo hipnótico y constante. Unos minutos después, el rugido de un autobús rompió la calma, y al detenerse, liberó una marea de pasajeros que se dispersaron bajo sus propios paraguas o se apresuraron a la carrera.

Fue en ese instante de confusión que los ojos de Illumi, dos pozos vacíos que registraban el mundo con precisión milimétrica, se fijaron en una figura. Ella se quedó sola en el borde de la acera cuando el vehículo partió con un chirrido. Él la analizó, un reflejo automático de su instinto asesino, evaluando su amenaza: nula. Una transeúnte inocente.

La joven poseía una cualidad sutil, casi radiante, que desafiaba la crudeza del clima. Su cabello, de un castaño claro que atrapaba reflejos dorados, caía lacio hasta la mitad de su espalda. Un flequillo perfecto enmarcaba su rostro y sus ojos, dos orbes vibrantes de un verde esmeralda tan intenso que parecía robarle la luz al día gris. Llevaba un conjunto monocromático que le confería una inesperada sofisticación: una chaqueta corta de color blanco puro, ajustada a la cintura, sobre una blusa negra de cuello alto con pequeños volantes que aportaban un toque delicado. La falda plisada, también blanca, le llegaba por debajo de las rodillas y se movía con una gracia impropia con cada ráfaga de viento. Sostenía con cuidado un estuche de violín bajo el brazo y un paraguas cerrado en la otra mano. Su expresión era serena, irradiando una calma que Illumi no supo catalogar.

HxH : la esposa de Illumi Zoldyck [ En Español ]Stories to obsess over. Discover now