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El sol de la tarde se había asentado en un ángulo perezoso, proyectando sombras alargadas y pálidas en la sala de estar de Daniela. Eran poco más de las tres de la tarde. La luz entraba de forma sesgada a través de las cortinas ligeras del salón, iluminando el polvo que flotaba en el aire y el olor a vainilla que la madre de Dani intentaba mantener. Tres figuras estaban apretujadas en el sofá seccional de terciopelo verde oscuro, una manta de lana cubriendo las piernas de las tres, un revoltijo de calidez y cercanía que solo los lazos de la adolescencia podían crear.

Vega, Vera, y Dani tenían dieciocho años. Sus vidas estaban a punto de saltar al primer año de universidad, una promesa de independencia, pero también un salto aterrador hacia el futuro que habían estado intentando esquivar.

Dani, la más pequeña y enérgica, sostenía la laptop con un entusiasmo casi febril. Sus ojos, llenos de la ambición del Marketing, escanaban el portal web de la Universidad de la Ciudad de la Costa Oeste.

—Mírenme, por favor. Vamos a ser universitarias. Primera semana. ¿Cómo vamos a hacer amigos si no entramos a un club? Al menos vean qué tienen estas universidades de élite —insistió Dani, navegando con la velocidad que solo los nativos digitales poseían.

Vega, la gemela de la acción, mordisqueaba el borde de su pulgar, una señal de su ansiedad constante.

Vestía una camiseta oscura y unos jeans rotos que parecían desafiar la pulcritud del entorno. Su cuerpo, tenso y listo, se sentía como un resorte a punto de saltar. Era la baterista experta, pero su instrumento había estado en silencio durante dos años.

—No necesitamos amigos, Dani. Necesitamos créditos. Necesitamos el título de Cine lo antes posible —murmuró Vega, su voz áspera, reflejando su temperamento volátil y su deseo de escapar.

Vera, idéntica a su hermana, pero con una quietud más profunda, estaba enfocada en los horarios. Su aura era de contención, la guitarrista virtuosa que se escondía detrás de la técnica y la lógica.

—Si no nos matamos con los créditos de Cine, será un milagro. Y no vamos a meternos en clubes, Dani.
La gente que se mete en clubes en el primer año solo está buscando una forma de... de sobresalir —dijo Vera. Luego se detuvo, su mirada fija en la pantalla—. Y ese no es nuestro objetivo.

El miedo no era sobresalir, sino ser identificadas. El legado de Ethan, su hermano, el dios adolescente de la guitarra y la batería que, de seguir vivo, estaría en su último año de universidad, era una sombra asfixiante. Él había sido la única razón por la que ellas habían alcanzado ese nivel, y su fama había destrozado sus vidas. Su padre en la cárcel y su madre eternamente ausente solo reforzaban su necesidad de un anonimato absoluto.

—Mira, tienen un club de fotografía analógica. Eso podría servirnos para la foto fija de nuestros proyectos —señaló Vera, buscando una actividad técnica y silenciosa. Luego se detuvo en una lista de cursos extracurriculares—, y mira, ¿cursos avanzados de Ingeniería Audiovisual para no-ingenieros? ¿Por qué alguien haría eso?

—Porque a diferencia de ustedes, yo quiero que me paguen bien. Y de paso, a ver si pescamos a algún chico de Ingeniería Audiovisual. Es la carrera estrella de esta universidad. La mayoría de los chicos de Heathens están ahí, por ejemplo —dijo Dani, con una media sonrisa pícara.

Vega y Vera se encogieron, aunque no mencionaron a la banda.

—El punto es que no somos ellos —dijo Vega, adivinando el pensamiento de Dani.

Dani resopló y navegó, deteniéndose en el Tablón de Anuncios Universitario, el muro digital donde los grupos profesionales podían publicar. De repente, una publicación con un gran Pin y un logo reconocible de una calavera con alas detuvo el cursor de Dani en seco.
—¡Ay, no puede ser! —chilló Dani.

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⏰ Terakhir diperbarui: Feb 15 ⏰

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