Capítulo 1: El Forastero

29 3 2
                                        

Chispa entre Sombras

Capítulo 1: El Forastero

Narrado por Artemis Crock

Dicen que el peligro viene con advertencias. Sirenas. Explosiones. Un grito a lo lejos. Este no.

Él cayó del cielo. Literalmente.

Una grieta morada como el infierno se abrió sobre el callejón del Sector 12 y lo escupió como si el universo lo estuviera vomitando. Aterrizó justo en medio de una persecución que Nightwing y yo estábamos manejando. Lo siguiente fue caos, fuego y... humo.

Mucho humo.

-¿Qué demonios fue eso? -pregunté, agachándome tras una pared derrumbada.

-No lo sé -respondió Nightwing, su mirada fija en el chico que se levantaba entre los escombros con una sonrisa arrogante, como si no acabara de romper la realidad en dos.

Tenía una chaqueta de mezclilla con una capucha roja, jeans sucios y tatuajes que parecían brillar por dentro. Y cuando alzó la mano... un helicóptero que sobrevolaba explotó como si alguien hubiese frotado cerillos dentro del motor.

-Genial. Otro metahumano desequilibrado -murmuré, desenfundando una flecha eléctrica.

Pero algo me detuvo.

No fue su mirada desafiante, ni su voz cargada de sarcasmo cuando dijo: -¿Dónde demonios estoy? ¿Y por qué siento que esto no es Seattle?

Fue el miedo detrás de sus bromas. El tipo estaba perdido, sí, pero también asustado. Como yo hace años, la primera vez que maté a alguien en una misión encubierta. Como todos los que no pedimos nacer con esto.

Poder.

-

Una hora más tarde lo teníamos en el cuartel del equipo, esposado con grilletes reforzados. Superboy lo vigilaba como si pudiera arrancarle la cabeza si decía algo más sobre su peinado. Yo sólo observaba. Evaluando.

Nombre: Delsin Rowe. Origen: Otra dimensión. Poderes: Puede absorber y replicar habilidades de otros "conductores", como él los llama. Sabe usar humo, neón, video y... algo llamado concreto. Actitud: Molesto. Agudo. Insoportablemente encantador.

Nightwing no confiaba en él. Aqualad quería encerrarlo hasta que la Liga llegara. Pero yo... Yo vi otra cosa.

Vi a alguien que no tenía a nadie. Y eso, para mí, siempre fue un idioma que entendía demasiado bien.

-

-¿Vas a quedarte mirándome todo el día, arquera? -me dijo Delsin esa noche, mientras yo comía una manzana apoyada en la puerta de su celda.

-Estoy decidiendo si eres una amenaza o una causa perdida. -¿Y si soy las dos? -Entonces supongo que tengo un nuevo pasatiempo.

Me miró. Largo. Honesto. Como si no le interesara impresionar, solo conectar. Y por primera vez en mucho tiempo... sentí que el aire ardía.

_____

La alarma no sonó.
No hubo luces parpadeantes ni protocolos de contención. Solo un leve cosquilleo en la nuca, el tipo de sensación que no puedes explicar pero que te grita: algo no está bien.

El aire cambió.
Un susurro de ceniza. Olor a quemado.
Y el silencio en su celda, demasiado intacto para ser real.

Cuando me asomé, no había nadie. Solo humo saliendo por la rejilla de ventilación como un fantasma que se reía en mi cara.

-¿En serio? -murmuré, dejando la manzana a medio comer mientras agarraba el arco.

Corrí por el pasillo, el sonido de mis botas rebotando contra el acero del suelo. Dos pisos. Tres puertas. Un salto limpio hasta la azotea.

Allí estaba él.

Materializándose desde la niebla, la ciudad extendida a sus pies como una promesa rota. Parecía fuera de lugar. Demasiado real en un mundo que a veces se siente de papel.

-¿Pensabas que no te iba a alcanzar? -dije, tensando una flecha, solo por si acaso.

Delsin no se inmutó. Sonrió como si esto fuera un juego. Como si todo, hasta su miedo, formara parte de una rutina bien ensayada.

-No sabía que eras tan rápida, arquera.

No disparé.
No porque no pudiera. Sino porque, en ese instante, entendí algo.

Él no estaba huyendo. Estaba respirando.
Como si el encierro le apretara el pecho de una forma que no podíamos ver.

Y aunque no lo dije en voz alta, una parte de mí lo entendía demasiado bien.

__

Delsin no dijo nada al principio.

Se quedó allí, de espaldas, al filo del tejado, su silueta dibujada por la niebla y los restos de humo. La chaqueta de mezclilla se agitaba con el viento como una bandera de alguien que no sabe a qué bando pertenece.

Se agachó, recogió una piedra del suelo resquebrajado y la giró entre los dedos con una calma inquietante. Luego la lanzó al vacío. Un golpe seco, lejano. Como si necesitara confirmar que el mundo seguía abajo.

-¿Y si me quedo? -preguntó entonces, sin girarse.

Mi arco seguía tenso, la flecha eléctrica vibrando apenas entre mis dedos. La tenía apuntada justo entre los omóplatos.

Y sin embargo...
Mi mano tembló.
Bajé el arco lentamente, sin dramatismos, pero con intención. Guardé la flecha con un movimiento mecánico, aún sin fiarme del todo.

-¿Qué me harían? -añadió, más bajo, con una voz que casi se perdía entre el viento.

Di un paso adelante. Luego otro. No demasiado cerca. Solo lo suficiente para que me oyera sin tener que gritar.

-Depende -respondí-. De ti. De lo que hagas a partir de ahora.

Delsin giró apenas el rostro, lo justo para que pudiera ver su sonrisa torcida dibujarse en la penumbra. Pero no era burla esta vez. Era algo más... vulnerable.

-No estoy hecho para jaulas -dijo, con un hilo de voz.
Su dedo índice trazó la costura gastada del bolsillo de su chaqueta, como si intentara recordar de dónde venía.

-¿Y para qué estás hecho entonces? -le pregunté.

Se encogió de hombros. Un gesto pequeño, casi triste.
-Para correr, supongo. Para buscar un lugar donde... encajar. Pero eso suena estúpido cuando lo dices en voz alta, ¿no?

Me crucé de brazos, el arco aún colgando de mi hombro.
-No más estúpido que arriesgar tu cuello por un poco de aire fresco.

Entonces me miró.

Por fin se giró del todo. Despacio, como si temiera romper el momento. Su mirada se enganchó en la mía, tan directa que dolía un poco sostenerla.

-¿Cómo te llamas, arquera?

Lo pensé. Podía no decírselo. Podía seguir siendo solo eso: "la arquera". Pero algo en su tono -no demandante, no curioso, sino necesitado- me hizo ceder.

-Artemis.

Él asintió, como si fuera un nombre que ya conocía, aunque no lo hubiera oído nunca.

-Entonces... supongo que arquera se queda -murmuró, medio sonriendo.

Le devolví la mirada, seria.
-No te acostumbres.

Delsin alzó las manos,.

-Demasiado tarde.

Nos quedamos en silencio. El viento barriendo el borde del tejado, las luces de la ciudad brillando abajo como un millón de respuestas a preguntas que no sabíamos hacer.

No sé cuánto tiempo pasó así. Pero por primera vez desde que lo vi caer del cielo, no sentí que tenía Que tenía que vigilarlo cada segundo.

Solo quedaba la pregunta que aún flotaba entre nosotros.
¿Y si se quedaba?

Y algo en mí empezaba a pensar... que tal vez no sería tan malo.

Chispa entre Sombras":Where stories live. Discover now