Capítulo 1: Sanhausu

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Dumbledore recuerda mucho la sensación que tiene cuando ve a Draco Malfoy por primera vez, es la misma sensación que tuvo cuando conoció a Tom Ryddle y a Gellert Grindelwald; era la sensación de conocer a alguien extraordinario, para bien o para mal, algo fuera de su control, lo cual había estado esperando. Recuerda también sobre la primera vez que escuchó del niño, fue poco antes de su nacimiento y había sido en el ministerio; las profecías no eran algo anormal, pero pocas veces eran otorgadas en épocas de guerra. No sabe que dice la profecía, pero recuerda haber escuchado que Narcisa Malfoy obtuvo la profecía de un oráculo en Francia y esta debe estar ubicada en la cámara de las profecías dentro del ministerio.

No tenía grandes expectativas del niño, Lucius Malfoy había sido un claro mortifago que terminó mintiendo para salvarse de Azkaban; Dumbledore no podría importarle menos, porque Voldemort había sido derrotado momentáneamente.

Aunque volvería.

Claramente volvería.

Tenía cuidado de todos sus posibles seguidores, pero entre ellos Lucius no era alguien que destacara por magia y era más bien un aliado político para Voldemort en su momento.

Pero no era su deber enfrentarlo esta vez, la profecía había sido clara y aunque limpiara el tablero de guerra frente a él; Harry Potter era el destinado a derrotarlo esta vez y para siempre. Había mucho que hacer para llegar a la guerra, pero Dumbledore quisiera poder darle las mejores oportunidades a Harry para que cuando fuera el momento saliera victorioso.

La profecía fue vaga en esa área.

Pero Dumbledore sabe mover las cartas, era doloroso pensar que el hijo de los Potter tendría que enfrentar este destino, pero el mundo está preparado para estas situaciones; momentos difíciles vendrían de ahora en adelante, pero algunos eran necesarios para hacer que el niño pudiera luchar.

La imagen de Ariana era casi constante cuando pensaba en Harry, sus acciones navegando en su mente junto con la culpa; la idea de un mundo donde los niños no sufrieran las consecuencias de los adultos, era una fantasía con la cual Albus había dejado de soñar.

A veces pensaba en Gellert, en sus ideales, en su forma de pensar y como se mofaría de que haga exactamente lo que él hizo hace tanto tiempo atrás; utilizar a otros para la conveniencia de un bien mayor, al final del día ambos no eran diferentes.

Nunca lo fueron, eran demasiado similares, pero Albus estaba libre.

Gellert no.

Los pensamientos de Gellert se hicieron más constantes la primera vez que vio a Draco Malfoy, especialmente cuando el sombrero grito Ravenclaw en lugar de Slytherin y Albus fue consciente que el niño de hecho era alguien singular; el pequeño niño con apariencia de Lucius, pero actitud de su madre, que tenía un encanto natural que no tiene nada que envidiarle a Tom. Rodeado de personas, magos de sangre pura, Mestizos e hijos de muggles; era casi aterrador ver lo bien que podía convivir con ellos.

Porque Tom y Gellert no tuvieron eso, no vieron a todos los demás como iguales y mucho menos pudieron actuar entre estos de la forma que hizo Draco Malfoy.

Aterrador.

Tenía los dones de un líder natural, las personas iban por él para buscar consejos y se reunían de forma que el niño tal vez no era consciente; algunos niños lo odiaban por eso, pero Draco Malfoy solamente seguiría adelante. Claro que no era tan inesperadamente manipulador, los ojos del niño aún buscaban la aprobación de su padre de manera desesperada; pero no lo suficiente para actuar como este esperaba.

Albus tenía un poco de inquietud por lo que el niño podría hacer sí caía del lado de la oscuridad como su padre, la inquietud que solo crecía al pensar que Voldemort se hiciera con el niño; porque estaba claro que una vez que Voldemort lo viera, rápidamente lo iba querer para él.

Draco Malfoy y el relicario MalditoWhere stories live. Discover now