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Prólogo.

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Estaba sumamente cansado o mejor dicho, exhausto en realidad. Y es que, finalmente, después de tanto tiempo, había llegado a su límite.

Lo había hecho todo. Había agotado todos sus recursos y las posibilidades, y ahora, solo le quedaba una sola cosa por hacer. Una única solución. Y lamentablemente, dicha solución era la única cosa que había querido hacer. Lo que había evitado con todas sus fuerzas, pero, ya no podía más.

Había llegado a un punto en el que, el retorno era imposible, y lo sabía. De hecho lo había sabido desde hacía un par de meses atrás pero, había decidido ignorar la situación porque no había querido rendirse sin pelear.

Sin embargo, en ese momento, cuando la verdad era más que evidente, ya no fue capaz de ignorarla. No más. Tenía que tomar una decisión, una definitiva y ya no por gusto, sino por necesidad.

El dolor en el pecho era cada vez más grande y la decepción difícil de superar. Eran más las lágrimas, que la felicidad y esa, ya no era vida. No la que quería. No la que necesitaba.

-¡¿No me escuchaste?!- lo increpo el hombre que estaba frente a él.

TaeMin lo miró y por primera vez no le gusto en absoluto lo que vio, corroborando qué efectivamente, ya no había vuelta atrás. Que no había reparación.

Lo amaba. Tanto qué dolía. MinHo era... No. Mejor dicho, había sido su persona favorita en todo el mundo durante los últimos cuatro años. Por quién alguna vez en el pasado había jurado hacerlo todo.

Entregarlo todo.

Probablemente todos los desacuerdos y la muchas peleas de los últimos meses habían influido demasiado en ello. En su actual decisión.

Quizá solo se había cansado de tener que lidiar con la misma situación de forma constante o tal vez, el amor que le tenía al hombre no había sido lo suficientemente fuerte y grande, como para poder que soportar el horrible temperamento del mismo.

No. No eso último no.

Lo amaba demasiado como para haber llegado hasta ese punto. Para haberlo intentado todo, hasta el agotar su paciencia.

-Lo hice, te escuché- respondió con una calma muy poco usual en su persona. Calma que tomó por sorpresa al mayor y lo hizo parpadear confundido.

Por lo general, en sus peleas, TaeMin tomaba una postura dura y no reparaba en sus reclamos o en sus intentos por darle solución a las cosas, aún y pese, a la renuncia del moreno. Pero esta vez, había en la mirada del chico algo que MinHo no supo como interpretar.

Algo muy aparecido a la derrota y la resignación. Al fastidio absoluto. Y no era normal.

-¿Y luego?- insistió al darse cuenta de que el menor no iba a darle réplica como siempre y que no tenía intenciones de seguir discutiendo. Lo que de alguna manera, lo alarmo tanto como lo irritó, porque por lo general era él quien huía de las discusiones.

No al revés. Nunca a revés.

TaeMin era el que daba soluciones, el que pedía que lo resolverán. Que lo hablaran. Quien siempre le veía lo positivo a las cosas y el más maduro de los dos. Probablemente por ello el peso de la relación estaba sobre sus hombros la mayoría de veces.

-Luego...- Tae suspiró con un cansancio que no se tomó ni la más mínima molestia de esconder -Pues nada.

MinHo frunció el ceño y negó con la cabeza, sintiendo el ambiente y la situación por demás extrañas. Definitivamente, algo no estaba bien.

-¿Nada?- el corazón comenzó a latirle rápido. TaeMin se encogió de hombros y miró a su alrededor, en total silencio. Uno abrumador. Desganado, sin fuerzas ya para continuar.

Casi tres años había estado viviendo en aquel departamento junto al alto, cada mueble, repisa y decoración las habían comprado poco a poco hasta convertir dicho espacio en su hogar.

Cada rincón del mismo tenía muchos recuerdos, buenos y malos. Momentos mágicos que habían hecho vibrar su corazón y sentir que no necesitaba nada más en el mundo que a MinHo a su lado para ser feliz.

Que lo tenía todo.

Pero en ese instante, lo que alguna vez se había sentido cálido y acogedor se sentía muy frío y distante. Los recuerdos malos parecían ser más que los buenos y lo que alguna vez había sido su hogar, le parecía una especie de cárcel. Un lugar más que asfixiante.

Necesitaba salir de ahí. Marcharse. Rápido. Y necesitaba hacerlo ya, en ese mismo momento porque sabía bien que, de no hacerlo, pasarían meses hasta que volviera a tener el valor suficiente para tomar su maltrecho corazón e irse.

Porque hacerlo era difícil. Lo amaba, por Dios. La sola idea de irse le dolía, pero sabía que era más que necesario que lo hiciera.

-MinHo- nombró al hombre y mirándolo a los ojos soltó tres palabras que creyó qué jamás en la vida iba atener que decirle al mismo. Pero aprovechando el poco valor que tenía solo soltó las palabras que tenía en la mente -Vamos a terminar.

La expresión del mayor decayó, pero solo lo hizo por un par de segundos, antes de tomar una inmutes absoluta. De que sus labios se apretaran en un fina línea y el brillo en sus ojos se esfumara. El frío se coló en sus huesos y todo a su alrededor retumbo.

-Si eso es lo que quieres- contestó, sin emoción alguna, como si no le importara, ni le doliera la petición del menor. Porque ni si quiera sabía lo que estaba diciendo, había entrado en modo automático.

TaeMin no se sorprendió de la reacción. Ni siquiera le dolió la indiferencia del moreno y sencillamente se levantó del sofá, solo para andar con pasos firmes hacia la única recámara del lugar.

MinHo lo siguió con la mirada, pero no hizo absolutamente nada, no podía ni moverse por lo que simplemente se quedo de pie en el mismo sitio. Bajo el umbral de la estancia, en silencio, mientras TaeMin se apresuraba a guardar lo que más necesitaba en su maleta del gimnasio y volvió de la habitación poco después pasando a MinHo de largo, sin siquiera mirarlo. Ignorándolo, yendo directo hacia la puerta, por la cual salió para no volver a entrar.















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Henos aquí de vuelta, sí con otra historia, ya sé que no he terminado las demás...

PERO TENÍA QUE PUBLICAR ESTO SÍ O SÍ.

¿Qué quieren que les diga? Soy débil y esta historia me ha estado dando vueltas en la cabeza. Y quiero que sean capaces de leerla. De aventurase en ella.

¿Lacrimógena? Sí. Un poco. Pero es bonita. Medio sanadora. Y con mucho love para ustedes.

Aquí les dejo el videíto que me termino de animar para subir esto.

Chao! 🍃

The Theory Of LoveStories to obsess over. Discover now