—¿Puedo saber por qué estoy aquí? —So Ra se dejó caer sobre la silla con pereza, ni siquiera le dio importancia en la forma que se encontraba sobre ella, pues quería demostrar su irritación de haber sido citada tan temprano en la mañana.
—So Ra, tenemos una nueva misión para ti. —Habló el jefe, ni siquiera se inmutó por la actitud de la chica, ya se había acostumbrado a ella.
—¿Ahora qué? —Rodó los ojos.
—Tienes que matar al hijo de los Chwe. Todo lo que necesitas saber te lo dirá Kangjun, ya puedes retirarte.
So Ra se mantuvo todo el tiempo jugando con la cadena que adornaba su cuello, era la primera vez que le asignaban una misión tan importante y tan... cruel, pero intentó mantenerse indiferente todo el tiempo inclusive cuando recibió la información por parte de su jefe.
La chica ya estaba harta de la constante guerra entre las familias Chwe y Paeng, ambas peleaban por tener el poder de la zona de Seúl, que era donde había más consumo de estupefacientes. Ella nunca quiso involucrarse en ese negocio pero no tenía otras opciones, sus padres eran los jefes y negar el negocio familiar se podía pagar muy grave. Tenía que cumplir aquella misión pues había sospechas de los trabajadores, se decía que So Ra nunca podría llevar dicho trabajo así que esta era la única manera de demostrar que tenía la cabeza y el corazón fríos para hacerlo.
Ambas familias ya se habían declarado la guerra en distintas ocasiones pero los Chwe eran ciertamente más calmados e inteligentes, tenían más estrategias y aunque las ciudades que habían tomado eran menos, sin duda tenían más ingresos que cualquier mafia de Corea del Sur. So Ra odiaba que su familia fuera tan estúpida a veces.
Desde que tiene memoria en muchas ocasiones pensó en escapar, irse del país, olvidarse de esa vida, desligarse, pero eso era casi imposible. Por ser la única hija de los Paeng siempre estaba siendo vigilada, escapar era algo que nunca podría lograr.
El celular en su chaqueta vibró, pero decidió ignorarlo, no tenía ganas de lidiar con nada ni con nadie, simplemente se dirigió al área de entrenamiento. Decidió practicar un poco de tiro y lucha para poder estar más atenta y vaciar su mente, posterior a ello se cambió. Se puso los clásicos pantalones rasgados, unas botas cómodas, una chaqueta de cuero negra, se cubrió los labios con un cubre bocas y en su cinturón puso dos pistolas, sólo por si las cosas se tornaban difíciles.
Tomó una de las motocicletas que se encontraban en el estacionamiento y arrancó rumbo a la dirección que antes se le había dado.
La casa parecía tranquila desde afuera, pero ella sabía exactamente como evadir los puntos de seguridad y llegar a la supuesta habitación donde se encontraba el mayor de los Chwe a quien habían estado vigilando durante un tiempo para armar todo ese plan.
Escalar hasta el balcón fue cosa sencilla, algo que era básico en su entrenamiento por lo que no le costó nada. Pegó su espalda en la pared cuando las luces de dicha habitación se encendieron, él estaba allí. Dio un vistazo y pudo notar que acaba de salir de ducharse, pues se estaba secando el cabello con una toalla de color azul.
Esperó. Respiró y cuando él volvió al baño aprovechó la oportunidad de adentrarse en el cuarto. Una vez allí, apuntó hacia la puerta de donde unos minutos después, salió el chico.
—Detente. —Murmuró So Ra y él lo hizo. —Pon tus manos arriba.
El chico obedeció y todo parecía... extraño, era como si él supiera que ella iría esa noche. Los movimientos del más alto eran automáticos, sin dudarlo, sin escucharlo dos veces. So Ra no lo notó, mil cosas pasaban por su mente que ni siquiera notó la figura detrás de ella.
No quería hacerlo, pero debía y era tan egoísta y tan miedosa que prefería dar la vida de otra persona que la suya. Su dedo en el gatillo tembló y al parecer el mayor de los Chwe lo notó.
—¿Eh? ¿No vas a disparar? —Preguntó con voz tranquila y por esa fracción de segundo el corazón de So Ra se disparó.
—Voltea. —Demandó, ahora con manos temblorosas y dedos fríos. —¡Voltea! —Chilló, comenzando a inquietarse.
El chico mantuvo sus manos a los lados de su cabeza y lentamente volteó hasta quedar de frente con la rubia. El mundo de So Ra se detuvo por una fracción de segundo, no podía ser, era... él. Hansol Choi. ¿Pero cómo? No era posible, él no podía ser su novio. Tragó duro y bajó la guardia.
Todo pasó con rapidez, So Ra cayó al piso de una patada que su espalda recibió y un gemido de dolor brotó de sus labios, pero aun así eso no podía distraerla de todo lo que estaba sucediendo en su mente.
—La tenemos, joven. —Anunció una voz profunda a sus espaldas y ahí realizó que estaba en problemas.
Sus manos fueron atadas con fuerza y por más que pataleó e intentó forcejear ya era demasiado tarde, la habían pillado con la guardia baja y de espaldas ¡qué golpe tan bajo!
—Iré a avisar a Seol y Woon para que vengan por ella.
Chwe asintió y se hizo a un lado para dejar pasar al chico que había atrapado a So Ra cuando quedaron sólo ellos dos en la habitación, le dio una mirada a la rubia y se acercó, ella se posicionó sobre sus rodillas e intentó alejarse.
—No voy a hacerte nada. —Su voz sonaba calmada, más sin embargo no mostraba ninguna emoción.
Siguió retrocediendo hasta pegar su espalda con la pared más cercana, estaba atrapada. Cuando notó que las intenciones del pelinegro eran deshacerse de su cubrebocas luchó con todas sus fuerzas, pataleó para intentar alejarlo de sí, pero él era más fuerte.
—¡Quédate quieta! —Rugió y So Ra se asustó, jamás había visto esa faceta de él.
Hansol posicionó una de sus rodillas sobre las piernas adversas para detenerla, al lograrlo llevó su zurda hasta el cubrebocas de la chica, el cual quitó en un movimiento, ella intentó cubrirse pero ya era bastante tarde.
—¿So Ra...?
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Shoot me → Vernon (Seventeen)
Fanfiction¿Te importaría si te mato? ¿Te importaría si lo intento? Por que te has convertido en mi peor enemigo. ONE SHOT. QUEDA PROHIBIDA SU ADAPTACIÓN O COPIA.
