Esperanza

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Vi despertó sin saber cómo ni en qué momento se había quedado dormida llorando hace unas horas atrás. Sus ojos ardían, su rostro empapado en lágrimas secas estaba hinchado y su cuerpo adolorido apenas podía moverse. Usó todas sus fuerzas para poco a poco acomodarse en una posición que fuera menos dolorosa para sentarse, luego miró a su alrededor lentamente, observando los escombros del lugar y sintió su corazón apretársele en el pecho cuando tomó conciencia sobre la situación. Las lágrimas comenzaron a rodar de sus mejillas mientras rememoraba la trágica escena.

—No...—susurró cerrando fuertemente los ojos. La imagen de su hermana cayendo al vacío junto a su padre apareció en su mente, y no se despegaba de ella por más que cerrara los ojos y sacudiera la cabeza. —No otra vez...— A penas le salía la voz, su garganta se hirió al gritar de manera desconsolada al verlos caer desde las alturas. Había pasado hace horas, pero para ella se sentía como si hubiera ocurrido recién.

Se mantuvo unos minutos en la misma posición, dejando que las lágrimas recorrieran su rostro libremente para intentar desahogar su dolor. Todo su cuerpo dolía, pero más le dolía el alma y el corazón, había visto a su familia morir frente a sus ojos, nuevamente la vida se encargaba de jugarle una mala pasada y quitarle lo que más apreciaba. Al notar que llevaba horas en ese lugar y debía buscar a Cait, se levantó rápidamente aguantando el dolor que sentía, debía ser fuerte para volver y ayudar a Cait en lo que pasaría después de la batalla. Aún no sabía que Viktor y las tropas de Ambessa habían sido derrotados. Sin mirar atrás, enfocándose totalmente en regresar con Cait, llegó finalmente abajo moviéndose entre escombros, donde los soldados de Piltover corrían de aquí para allá, auxiliando a los heridos y llevándose los cuerpos de los muertos. La guerra había acabado pero las vidas que se perdieron no se recuperarían, y la reconstrucción de la ciudad llevaría tiempo, Piltover ya no sería lo mismo después de esto, tampoco lo sería Zaun. De pronto uno de los soldados se acercó a ella observando su rostro y cuerpo en busca de heridas notorias.

—¿Estás herida? Te ves débil.

Vi no prestó atención a lo que dijo. —¿Dónde está Cait?

—Oh, ella...— El soldado se detuvo para quedarse callado y mirarla unos segundos. Procedió a tomarla en brazos para posteriormente correr en dirección a la mansión Kiramman.

—¿Qué-qué pasó?— Repetía desesperada mientras su rostro nuevamente se empapaba en lágrimas, el joven no respondía, y eso aumentaba su angustia. Vi estaba asustada, podía sentir cómo los latidos erráticos de su corazón zumbaban en sus oídos, y la respiración se le arrancaba durante segundos. Había perdido a su hermana y a su padre, y esta vez de manera definitiva y real, y ahora no quería perder a la mujer que quería. Con tan sólo imaginarlo sentía que el corazón se le rompía aún más. Había pasado toda su vida con un agujero en su pecho, destrozada por la pérdida de su familia, tuvo que obligarse a mantenerse fuerte y sobrevivir porque sólo se tenía a ella misma en un mundo cruel y desigual. Nunca pensó que volvería a recuperar a su familia y luego perderla nuevamente, por lo que, si algo le ocurría a Cait, no sabría como seguir, ya no tendría a nadie, ni siquiera estaba segura de que se tendría a ella misma. El mundo estaría vacío y la vida entraría a un estado de desesperanza total, perdería color y sentido alguno.

El joven soldado llegó finalmente a la mansión, dirigiéndose veloz hacia la puerta de la habitación de Cait, dónde había un séquito de guardias esperando a las afueras.

—¡Déjenme pasar!— Gritó Vi a penas el joven la soltó. Ninguno de los guardias se movió, hicieron caso omiso. —¡Dije que me dejen pasar!— Vi se abalanzó hacia ellos, dispuesta a traspasar la puerta para llegar donde Cait. Necesitaba verla, no importaba si debía golpear a uno, diez o cien hombres. Derrotaría a cualquiera que se entrometiera en su paso, a pesar de estar herida. No tenía fuerzas para pelear, pero por Cait podría hacerlo. Sin embargo, no fue necesario, la presencia de Mel, quien apareció de pronto, hizo que los guardias obedecieran sin oposición alguna.

esperanza // caitvi (arcane)Stories to obsess over. Discover now