Prólogo

40 2 0
                                        

Soy Maya, y actualmente curso los 17 años, aunque estoy cerca de los 18. No he sido fanática de la escritura en toda mi vida, hasta ahora, pues este año he sentido que todo a mi alrededor se ha puesto interesante, así como para contarlo.

Mi plan es registrar mis pensamientos y sentimientos previo a iniciar mi vida adulta, a la que le he sostenido cierto temor desde que mi hermano Ian me empezó a hablar de las responsabilidades que conlleva.

—Cuando seas grande no vas a poder jugar videojuegos todo el día. Vas a tener que salir a buscar trabajo y tus días serán agotadores —repetía con una falsa seriedad.

Al final, yo sabía que solo le gustaba molestarme, o asustarme, con eso.

Mi hermano ha hecho un excelente trabajo de crianza y cuidado conmigo, ya que quedamos huérfanos desde que nuestros padres murieron en un trágico accidente. En ese momento yo tenía 6 años, e Ian tenía 16. Tras el incidente el gobierno nos envió a un servicio para menores, debido a que no teníamos cercanos como tíos o abuelos, vivos, para que nos cuidaran. En lo personal nunca entendí qué sucedía, pues aún era pequeña, pero viendo a Ian preocupado sabía que las cosas no estaban yendo bien. Estuvimos 2 años en esa institución, hasta que mi hermano, que lo esperó con muchas ansias, cumplió sus 18 años e hizo los procesos para poder adoptarme y criarme él mismo, tal como nuestros padres hubieran querido seguramente.

Recuerdo que cuando nos fuimos a vivir juntos la casa era pequeña, debido a que mi hermano la pagaba con dinero que recibía de una beca de su escuela, la cual obtuvo por ser un alumno destacado durante la secundaria. Ian logró entrar y estudiar en la universidad, gracias a la misma beca con la que consiguió nuestra casa, donde se dedicó a perseguir su sueño de convertirse en médico, cardiólogo principalmente. A la vez, Ian, en sus tiempos libres, hacía trabajos de medio tiempo para generar más ingresos, los cuales invertía en mi educación.

Los años fueron pasando, y con mi hermano nos hacíamos muy unidos, además que todo el tiempo intentó estar presente para ayudarme, como profesor o consejero de la vida. Por esta razón, sentía que estaba, por cierta parte, preparada para iniciar mi nueva etapa, y todo se lo debía a él.

Era la mañana de un sábado de noviembre, del cual no recuerdo con exactitud el día, cuando recibo una llamada alrededor de las 9 de la mañana, hora a la que seguía durmiendo.

—¿Hablo con Maya, la hermana de Ian? —dice una voz en un tono serio y grave.

—¿Sí? Con ella —respondí confundida, aún algo dormida.

—Le llamo para informarle que se encontró el cuerpo de su hermano mayor cerca de la universidad donde estudiaba...

No escuché lo siguiente que dijo, ya que el móvil se me resbaló de las manos, porque con tan solo escuchar lo primero quedé en un estado de shock. No logré procesar lo ocurrido, y quería creer que era una simple broma, o que todavía estaba soñando y el sueño se había vuelto demasiado realista.

—Señorita, ¿sigue ahí? —exclamó la voz, haciendo que recuperara la consciencia.

—Sí... sí... —dije con notable pena en mi habla, sin saber qué decir en ese momento.

—Un vehículo policial irá a recogerla dentro de los próximos minutos para contar aquí con su presencia. Lo lamento mucho en nombre de la institución —fueron las últimas palabras de esa voz, de la que asumí que se trataba de un oficial de policía.

La llamada finalizó y, tras unos momentos donde intenté recobrar la consciencia lo mejor que pude, me levanté y vestí rápidamente, con la cabeza en otra parte en todo momento, solo queriendo creer que todo esto era mentira o una broma de mal gusto. Esperé impacientemente a que llegara la patrulla, la cual apareció minutos después con dos oficiales que me llevaron.

MayaWhere stories live. Discover now