CAPÍTULO 1: El Peso del Silencio

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​—¡Te dije claramente que no debías estar en este lugar ahora! —El rugido del Doctor Jeon resonó en el pasillo, un regaño que, como en innumerables ocasiones, iba dirigido directamente a mí.

​Mi jefe me detesta; es una verdad que he llegado a aceptar con una resignación amarga. Según él, siempre hago todo mal, así que opté por el silencio. Bajé la mirada, sintiendo el peso de su desprecio mientras él continuaba con su ataque.

​—No puedo lograr entender cómo es que llegaste a este hospital —escupió con veneno—. Jamás me había tocado un residente tan estúpido como tú, Park.​—Está bien... ya le dije que lo sentía —murmuré, forzando una disculpa que se sentía vacía—. No volverá a s...​—¿No volverá a suceder? —me interrumpió con una risa sarcástica que me erizó la piel—. ¡Sí, Park! Siempre dices lo mismo y no pasa una maldita semana sin que vuelvas a desobedecer mis órdenes. ¿Acaso quieres que tu pasantía termine aquí y ahora?

​Alzó la voz, y pude notar cómo su rostro se tornaba rojo por el enfado. No lo culpo; a veces hasta yo mismo me exasperó con mi propia actitud de mierda.

​—Doctor Jeon, lo siento. Esta vez prometo que no volveré a acercarme al quirófano mientras usted esté allí —respondí con la mirada clavada en mis zapatillas blancas, intentando sonar lo más convincente posible.

​A estas alturas, sabía que este hombre no me creía ni lo que rezaba.

​—Pero es que... la única manera de aprender más es estar allí —añadí en un susurro casi inaudible, pero que sabía perfectamente que él pudo oír.​—Muy bien, ven aquí —sentenció. Me tomó con fuerza de uno de mis brazos, alejándome de la puerta de la sala. Señaló a través de un enorme ventanal que permitía observar los procedimientos desde arriba—. ¿Ves ese lugar? Ese sitio es precisamente para ver los procedimientos, Park Jimin. Es allí donde están tus demás compañeros y donde deberías estar tú. ¡¿LO ENTIENDES?!

​Esto último lo dijo casi gritando, provocando que un escalofrío de miedo me recorriera el cuerpo. Intenté zafarme de su agarre, pero él apretó más fuerte mi brazo, marcando su dominio.

​—Pondré esto en tu expediente —amenazó con voz gélida—. Veremos si, después de terminar tu residencia, te dejan seguir en este hospital o en cualquier otro.


Sin más, se alejó soltando mi brazo de manera brusca. Me quedé allí, solo, sintiendo las miradas de compasión de mis compañeros y otros residentes. Jeon Jungkook era el mejor cirujano de este hospital, pero eso no quitaba que su carácter fuera una absoluta basura. Irónicamente, pedí mi residencia con él porque lo admiraba profundamente, pero tras dos meses soportando su desprecio, mi opinión había cambiado drásticamente.

​Para mi mala suerte, ya no podía dar marcha atrás. Mi única otra opción era el Doctor Min, quien siempre se había mostrado amable y paciente con todos. Pero mi prioridad era aprender, y ya lo había arruinado todo.

​Caminé hacia el camarín para cambiarme, con la mente a mil por hora. Necesitaba que Jeon no pusiera esa falta en mi expediente; entrar al quirófano sin permiso era una falta grave que podría significar mi expulsión. Sería un desastre. Mis padres jamás me lo perdonarían.

​—Bebé, te dije que esto pasaría —la voz dulce y suave de Dahyun, mi prometida, me sacó de mis pensamientos mientras se acercaba.​—Lo sé... fue mi culpa, como siempre —respondí, mirándola con cansancio.​Ella me sonrió de manera compasiva. Extendí mis brazos y dejé que se sentara en mi regazo, buscando un poco de consuelo en medio del caos.​—Creo que estoy jodido —confesé.​—Bueno, tal vez puedas hablar con el Doctor Jeon cuando se le pase el enojo —sugirió ella, posicionando sus manos en mis mejillas para obligarme a mirarla—. Pero amor, por favor deja de ser tan testarudo. Eso solo te traerá más problemas, y ya sabes lo que dijeron tus padres.​Me dio un corto beso en los labios antes de seguir hablando.​—Entiendo —respondí secamente.

​El tema de mis padres era una llaga abierta; ellos jamás me habían dejado decidir por mí mismo, y su presión era la causa principal de mi comportamiento errático.

​—No estés triste, amor. Pasaré la noche en tu departamento hoy —añadió ella con una sonrisa sincera.

​Dahyun y nuestro compromiso eran una carga más en la lista de cosas que no pude elegir, aunque, a decir verdad, ella no me desagradaba del todo. Simplemente asentí y salimos del camarín tomados de la mano, fingiendo ser la pareja feliz que todos esperaban ver.​Caminamos hacia el estacionamiento. Dahyun se detuvo a despedirse de cada persona, desde colegas hasta pacientes, siempre con esa sonrisa que la hacía parecer la mujer más fuerte y valiente que conocía. Quizá por eso me sentía a salvo con ella: me hacía sentir comprendido y seguro.

​—Buenas noches, Doctor Jeon. Doctor Min —saludó ella de repente.

​Subí la mirada, sorprendido. Iba tan sumergido en mis pensamientos que no noté en qué momento habíamos llegado frente a ellos.

​—Hasta mañana, señorita Kim —respondió el Doctor Min con una sonrisa. Jeon, por su parte, se mantuvo serio, limitándose solo a asentir.​—Residente Park —dijo Jeon con una frialdad que me caló los huesos. Hice una reverencia en respuesta, con una media sonrisa forzada, antes de que ellos se retiraran y nosotros subiéramos a mi auto.​—A veces pienso y no entiendo cómo el Doctor Jeon logró conquistar a su esposa siendo tan frío —comentó Dahyun con un gesto de terror exagerado—. Mira, se me puso la piel de gallina.​—Tal vez su esposa sea igual de amargada que él —reí con amargura mientras conducía lejos del hospital.​—Qué bueno que tu esposa no será así, ¿no? —Ella rió y yo esbocé una sonrisa pensativa—. Y tú serás el mejor esposo del mundo, y un excelente cirujano, bebé.

​El viaje a mi departamento estuvo lleno de sus risas y bromas. Era agradable estar con ella porque no daba cabida a mis pensamientos oscuros y jamás cuestionaba mis silencios. Al llegar, tiré mis cosas sobre el sofá; solo necesitaba una ducha y dormir.

​—Amor, pediré comida china —escuché su voz desde la cocina. Suspiré; ella no me dejaría dormir sin comer algo antes.​—Está bien —respondí entrando a la cocina—. Iré a darme un baño, estoy exhausto.​—¿Quieres que vaya contigo? —Se acercó a mí con una sonrisa coqueta—. Te ayudaré a desestresarte.

​Intenté sonreír, pero por alguna extraña razón, no pude hacerlo de forma natural. Ella lo notó de inmediato.

​—Sé que lo necesitas, amor. La comida tardará una hora, terminaremos antes de eso —dijo, tomándome de la mano y guiándome hacia el baño.

​Al llegar, cerró la puerta y comenzó a besarme con pasión mientras me despojaba de la ropa. Correspondí a sus besos por inercia. Poco a poco fue bajando hasta llegar a mi pantalón, el cual quitó de un solo tirón junto con mi ropa interior. Cerré los ojos, dejando que sus manos y su boca hicieran su trabajo. Ella era realmente buena en esto, no podía negarlo.

​—Oh... ah... Dahy... me voy a correr —gemí cuando la fricción se volvió insoportable.​Terminé liberándome en su boca.​—Lo... lo siento Dahyun, no pude controlar... —balbuceé, pero ella me interrumpió colocando un dedo sobre mis labios.​—No te preocupes, amor. Amo tu sabor —me sonrió, limpiándose la comisura de los labios—. Iré al baño de la sala, tú puedes quedarte aquí y ducharte.

​Salió sin decir nada más. Me bañé y, veinte minutos después, salí para encontrarla sentada a la mesa, cantando en voz baja. Su voz era realmente hermosa.

​—¿Te he dicho antes que me encanta tu voz? —pregunté acercándome con una sonrisa.​—¿Muchas veces? Amo escucharte decir eso —respondió. Le di un beso casto en la cabeza antes de tomar mi lugar para comer.​—Tardaron menos de una hora por lo que veo —comenté tomando los palillos.​—Me gusta verte así, Jimin —mencionó ella con ternura—. Así, sonriendo y feliz.

​Solo asentí. Sabía que se refería a la fachada que siempre mantenía. Después de todo, soy el mejor cuando se trata de fingir. Fuimos a dormir poco después. La noche pasó rápido, pero como siempre, no descansé. No he podido dormir bien desde hace mucho tiempo; supongo que ya me he acostumbrado a vivir entre sombras.



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Residente ParkWhere stories live. Discover now