Capítulo 1

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- Mei. Mei, despierta. ¡Mei!

Me incorporo de golpe chocando contra el techo de mi habitación.

- ¡Auch! - me quejo poniendo mi mano sobre la zona afectada de mi cabeza. - ¿Qué quieres, pesada? - le pregunto aún aturdida a mi hermana.

- ¿Cómo que "qué quieres"? Por si no te habías dado cuenta, llegas tarde a clase. ¿Cómo es posible que no escuches el estruendo que tienes como alarma? - me contesta irritada.

- ¡Ey! Un respeto hacia mi música.

- Sí sí, pero levanta ya, que vas a perder el autobús. ¡Agh! A veces me replanteo si no seré yo realmente la hermana mayor - maldice mientras se marcha de mi habitación.

Con pesadez, retiro las sábanas que me arropan, visto mis pantuflas y me levanto para irme directa al cuarto de baño. Nada más entrar en el cuartito, me miro en el espejo y observo las pequeñas ojeras que se me han ido formando bajo mis ojos color café estos últimos días. Llevaba tiempo sin que aquellos sueños me atormentasen.

Tratando de deshacerme de estos pensamientos, desvío la mirada buscando los productos que utilizo para cuidar mi piel facial, además del maquillaje que uso para tapar los efectos del cansancio.

Una vez acabado con el rostro paso al cabello. Pongo mala cara al ver el nudo que se ha formado en mi oscuro pelo. A pesar de tenerlo liso, todas las mañanas tengo el mismo problema con la facilidad que tiene mi melena de enredarse.

Tras el duro trabajo que el cepillo ha realizado, salgo del baño y cojo la ropa que había dejado sobre la silla del escritorio la noche anterior. Para el día de hoy tocarían unos vaqueros azules y un top blanco lo más discreto posible. Sencillo, lo sé, pero así soy yo, sencilla.

Una vez lista, termino lavándome los dientes y salgo corriendo hacia la entrada donde me pongo mis Converse.

- ¡Mei, cariño! ¿Has cogido el desayuno? - oigo que gritan desde la cocina.

- Estoy bien, Anne. No tengo hambre, gracias - le contesto a mi tía y salgo corriendo tras coger la mochila antes de que pueda contestarme.

Con suerte llego al autobús que me lleva directa a la facultad de medicina.

En el camino, reviso las últimas noticias en Twitter cuando me comienzan a llegar notificaciones del grupo de la facultad y de mi mejor amiga, Kat.

Tía. Tía. ¡Tía!

Dime que lo has visto.

Esto es el fin del mundo.
¡El fin del mundooooo!

Venga venga, Kat. Tranquilízate.

¡¿Cómo quieres que me
tranquilice si vamos a morir?!

Creo que estás exagerando un poquito.

¡Deja de tomarme como loca!

Mira, léelo.

"Kat ha enviado un enlace"

Hago click en la web que me ha pasado y comienzo a leer las noticias que redacta.

- En los últimos días, numerosas ciudades del estado de California están sufriendo terremotos de entre los 7 y los 7.5 grados de magnitud. Los daños ocasionados son severos. Los altos mandos están tomando todas las medidas posibles para mantener a salvo a los civiles. Refugios en los estados vecinos están ofreciendo protección a los afectados hasta que se ponga fin a esta catástrofe.

Dejo de leer cuando me doy cuenta de que el autobús ya ha llegado a su destino. Aún con el mal cuerpo que me había creado la noticia, llego al aula de la clase que me corresponde y tomo asiento en las últimas filas.

No consigo prestar atención a la clase de Anatomía. Me aterra que lo que están viviendo personas que viven en el mismo estado que yo llegue a mi ciudad. Tengo un mal presentimiento. La probabilidad de que nos ocurra lo mismo es más bien alta. Me estoy sintiendo mal.

De repente, me levanto del asiento llamando la atención de todos y salgo corriendo del aula. Me encierro en uno de los cubículos del baño de chicas y vomito lo poco que me queda de la cena de anoche.

Cuando ya no queda nada más en mi estómago, me incorporo limpiándome la boca y me siento sobre la taza del váter tras darle a la cadena. Me repito a mí misma que me estoy emparanoiando demasiado, que todo va a estar bien.

- ¡Ah! - grito a la vez que me sobresalto cuando veo cómo un escombro del techo cae justo frente a mí.

No podía ser. ¡¿Cómo no me había dado cuenta del temblor del suelo hasta ahora?! Estaba tan centrada en autoconvencerme de que todo era imaginación mía que no había prestado atención a lo que estaba ocurriendo a mi alrededor.

Con terror, salgo corriendo del cuarto de baño y me dirijo a gran velocidad hacia mi clase con la esperanza de encontrarme con el resto de mis compañeros y de coger mi móvil para ver las noticias de última hora.

Sin embargo, la escena que me encuentro hace que entre en shock. Todos están muertos. Nadie ha sobrevivido. Los pasillos están repletos de alumnos y de profesores gritando y corriendo desesperadamente por encontrar algún lugar para refugiarse, pero yo no los conseguía escuchar. Esto es solo una pesadilla, ¿verdad? Como esas que tengo últimamente cada noche. Sí, debe de ser eso.

- ¡Mei! - me llaman mientras me zarandean unas manos conocidas -. Mei, reacciona, por favor.

- ¿Kat?

- Venga, Mei. ¡Tenemos que salir de aquí ya!

Cuando por fin soy capaz de volver a la realidad, ambas nos ponemos rumbo a los ascensores.

- ¡¿Estás loca?! - me detiene mi mejor amiga antes de que diera un paso dentro de la pequeña cabina para poder bajar a los pisos inferiores -. Los ascensores no son opción en un terremoto.

Y antes de que pueda decir nada, unos alumnos me empujan para entrar, haciendo que me caiga. A pesar de ello, la desesperación que siento comienza a crecer al ver cómo el cable del ascensor se rompe, cayendo en picado, provocando la muerte instantánea de sus pasajeros.

Kat me agarra del brazo y baja las escaleras conmigo casi a rastras. Sin embargo, antes de que podamos salir del edificio, las columnas que se sitúan a los lados de la puerta principal caen, impidiendo toda posibilidad de escape. Por desgracia, la única que ha sido capaz de salir al exterior he sido yo gracias a que mi mejor amiga me había empujado.

- Mei, escúchame. Sal de aquí.

- No puedo dejarte. Encontraremos una salida.

- No, Mei. No te preocupes por mí. Corre lo más lejos que puedas y busca refugio. Yo encontraré el método de hacer lo mismo - me dice y se marcha dejándome sola antes de que yo pueda refutarle nada más.

- Kat. ¡Kat!

Otro temblor hace que me tambalee y que me sujete a la pared más cercana. Dudosa, me marcho de la universidad y pongo rumbo hacia mi casa con la esperanza de encontrarlos a todos a salvo.

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Hola holaaa😊

Primero de todo, gracias por comenzar a leer esta historieta que me encontré hace unos días cogiendo polvo en mis drafts. Recuerdo haber comenzado a escribirla cuando tenía unos 16 años. A mis 22 ahora he decidido publicar un pedacito de lo que la imaginación de mi niña interior dejó una vez por escrito en esta plataforma. Es una historia inacabada que por ahora consta de 23 capítulos. Depende del recibimiento que tenga, quizás decida continuarla y acabarla como es debido. O también me replantee reescribirla con un aire más maduro. Por ahora son opciones que aún se están barajando.

En fin, espero que la disfrutéis☺️

Después de que la tierra callaraStories to obsess over. Discover now