Capítulo 8

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Hyde iba por los pasillos vacíos tarareando Radioactive, la cual era su canción favorita desde hace unos días.

Era medianoche y no podía dormir.
Afortunadamente su compañero de habitación no llegaba aún pero no sabía de quien se trataba.
Pero lanzaba plegarias al cielo para que nunca llegara, ya que podía dormir cómodamente en una blusa de tirantes, en un diminuto short y sin sostén.

De todas formas no le importaba caminar a esa hora por ahí con aquellas ropas, nadie se encontraría despierto.

Como en todos lados, se dirigió a la maquina de frituras. Nadie podía comer chatarra, por tanto era a media noche cuando las cámaras dejaban de funcionar por diez minutos y Hyde aprovechaba para sacar todo lo que sea. Aunque no entendía el concepto de tener demasiadas maquinas frente a ellos si no podían comprar frituras, tal vez era algún tipo de abstinencia o algo por el estilo.

Hyde tomó rápidamente todo de la rendija y se encaminó a su habitación de nuevo, con dos botellas de refresco y cuatro sabritas.

Le daba igual, de todas formas, todos los días quemaba el doble de calorías que ingería en una sola noche.
Llevaba el cabello suelto y su fleco, el cual siempre mantenía peinado hacia atrás y tenía que ponerle mousse, le caía en la frente, lacio y oscuro como lo era su cabello.

Cerró la puerta ignorando el hecho de que su compañero ya estaba ahí en lo que había salido por lo único que no la volvía loca en su estancia.
Cuando se tiró en su cama con una botella de refresco abierta, se atragantó al ver a Pietro con las manos detrás de su cabeza, viéndola divertido.

— Tu eres... ¡¿Tu eres mi compañero?! —susurró, pero le salió como un grito.

— No, solo estaba esperándote para acusarte con Bennet de salir a media noche sólo para comer chucherías —respondió sarcástico.

— Todo el mundo tiene tentaciones —dijo Hyde, fingiendo tener culpa y abrazando su mercancía de contrabando.

Pietro tenía la mirada puesta en ella, de alguna manera no podía apartarla.
Hyde notó su mirada y se incomodó.

— No te daré, si es lo que quieres —exclamó ella guardando todo.

Pietro contuvo una risa y Hyde lo miró confundida.

Al recordar qué vestía, rápidamente se envolvió en una sábana. Se tiró en la cama, haciéndose un ovillo y dándole la espalda a Pietro.

— ¿No se supone que vives con Wanda en un departamento?

— Tengo que venir tres veces a la semana por lo menos —respondió entre dientes.

— ¿Qué cuentas de tu buena vida? —le preguntó ella. Hyde ya no tenía ganas de dormir sabiendo que Pietro estaba en la misma habitación que ella.

— Nada que te interese.

Hyde se sintió ofendida pero después cayó en cuenta que ya no era la misma.

Si hubiese estado ahí Pietro desde que ella ingresó, ni siquiera le habría dicho un "hola".

Apretó sus labios y después de varios segundos prendió la lampara que quedaba encima de su cabeza. Tomó el libro que leía de la mesita de noche que tenía a sus pies y empezó a leer.
Leía El tesoro de Stonewall de Robert J. Mrazek, el cual estaba en ruso. Hyde tenía la costumbre de leer libros en los idiomas que hablaba, para no perder la costumbre y mejorar su pronunciación y todo eso.

**********

Pietro había despertado temprano, aunque realmente se alistaba cuando faltaba un minuto para acudir a donde sea que debía ir.

Más que una StarkDonde viven las historias. Descúbrelo ahora