sea salt

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...

Ligar :
Cuando te enamoras de las palabras de alguien.

Lujuria:
Cuando te enamoras de la belleza de alguien.

Amor:
Cuando te enamoras del alma de alguien...




3 de abril, un día normal de colegio después de unas vacaciones reparadoras. Estar en preparatoria no es nada nuevo para mí, pero sí cansa un montón, hasta el punto de querer desaparecer. Otro día más en el que caí en las suaves manos de mi preciado y amado Morfeo. Solo sentí cómo alguien movía mi hombro, tratando de despertarme.

Después de un buen rato de sacudidas, por fin desperté. Levanté la vista para ver quién era el engendro que se atrevía a sacarme de mi siesta.

—Mmm... Seok, ¿no puedes ser un poco más gentil? —musité, frotándome los ojos.

—¡Oh! ¡Soon! Por fin despertaste. Pensé que nunca lo harías; creí que habías dejado de respirar —dijo, pasándose un dedo por el ojo y fingiendo secarse una lágrima.

—Deja la dramatización para tu club de canto y actuación —dijo el de ojos más rasgados.

—Bueno, antes de que te quedaras dormido, me estabas...

Fueron interrumpidos por un fuerte carraspeo.

—Parece que tengo que darles más tiempo para conversar, ¿no es así, señores? —exclamó Mr. Jeon.

—Lo sentimos —dijeron al unísono.

Después del llamado de atención, volvimos a la clase, aunque ya había perdido por completo mi atención. Soonyoung miraba por la ventana hacia el patio, donde se encontraba un grupo de chicos jugando. Extrañamente, uno le llamó más la atención. Se puso a observar cada detalle: cabello castaño, ligeramente despeinado; ojos café que, a la distancia, brillaban con el resplandor del sol del mediodía; tez morena... había mucho que admirar. Pero luego desvió la mirada para concentrarse una vez más en su teléfono.

Ya eran casi las 2:00 p. m. y el timbre que indicaba el receso acababa de sonar. En un dos por tres, nos encontrábamos en el patio de la escuela, cerca del árbol gigante donde siempre nos sentábamos junto a Seokmin.

Soonyoung siempre aprovechaba para dormir en el receso; se moría de sueño, aunque fuera un adolescente energético y alegre. Siempre que tenía la oportunidad, se dormía, incluso si había descansado hace poco. Las clases simplemente lo empujaban a una inevitable siesta; no importaba dónde estuviera, ¡hasta en medio del pasillo!

—¡Hey~, comiendo sin mí? —enunció un muchacho rubio castaño, tomando asiento a nuestro lado.

—Te fuimos a buscar al salón, pero no estabas. Además, Seok no aguantaba el hambre —comenté, refiriéndome al extranjero que llegaba agotado.

Tras esa breve charla, comenzamos a comer en paz, observando el campo frente a nosotros. Soon quedó cautivado por los tulipanes: sus colores brillantes y cálidos. Ver cómo se movían suavemente con el viento del verano y escuchar el canto de los pajaritos en el árbol donde descansábamos lo relajaba aún más.

Nuestras tardes siempre eran así, tranquilas y pacíficas, rodeados de amigos. Aunque faltaba uno: el más especial de todos. ¿Por qué especial? Porque siempre se escapa. Minghao se va antes de que comience el receso; por eso nunca lo vemos a la hora de comer. Pero ese no es el punto.

Eran las 2:30 p. m., hora de regresar a clases. Era raro, porque normalmente las preparatorias de por aquí terminaban más temprano, pero en esta salíamos hasta las 3:00 p. m. Caminábamos hacia el salón de arte, última clase del día, ¡por fin! Lo único que ocupaba mi mente era dormir. No gastaba mi preciada energía en este lugar. Aunque parezca que no hago nada, soy responsable. También es verdad que las clases no me favorecen y me aburren.

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