-¡No me toques! ¡Ni se te ocurra ponerme un dedo encima! -Gritó Isolda, enfurecida.
Salió de aquella habitación como alma que lleva el diablo, escupiendo toda clase de maldiciones e improperios. Rob, con una sábana atada a la cintura, salió tras ella. Su semblante era sereno, su expresión distaba mucho de reflejar ningún tipo de remordimiento o preocupación. Tampoco parecía importarle lo más mínimo como pudiera sentirse ella. A decir verdad, le traía sin cuidado. Lo único que le interesaba era poder arreglar la situación para que su imagen de cara al público no acabase destruida si a ella se le ocurría abrir la boca para decir la clase de novio que era. Un par de pasos más y su mano alcanzó el brazo de Isolda antes de que atravesara la puerta y se le escapara. La giró de cara hacia él sin ningún tipo de cuidado. Los ojos azules de la joven estaban llorosos y las lágrimas de decepción caían por sus mejillas sin ninguna piedad, la misma que él tuvo cuando puso los ojos en blanco dejando en evidencia que le molestaba esa actitud por parte de ella.
-Te tenía por una mujer moderna, no por una romántica empedernida. -Escupió con desdén- Vamos, no es para tanto.
Isolda lo miró con los ojos abiertos de par en par. Estaba en la cama con otra mujer, engañándola y ¿no era para tanto? ¡Maldita fuera su estampa y maldita su suerte! Siempre acababa dando con la misma clase de miserables.
-¡Me estás poniendo los cuernos! -Gritó.
-Ala, ala, exagerada. -Se rió él- Minerva y yo solo nos estamos divirtiendo. -Se acercó un poco más a Isolda y le pasó los dedos por su brazo- En la cama hay sitio para tres.
¡Plas! La bofetada que le propinó sonó hasta el otro extremo de la casa, y eso que estaban en una mansión. Rob apretó la mandíbula, enfadado y giró la cabeza para volver a clavar sus ojos marrones sobre los de ella con expresión furibunda. Esta vez, la cogió del brazo donde sus dedos la habían acariciado momentos antes y la sacudió como si se tratara de una bolsa.
-No vuelvas a hacer eso, jamás, ¿¡me oyes!? -Exclamó- Que tú seas una puta mojigata no te da ningún derecho a reclamarme nada.
Isolda tiró de su brazo y se soltó del agarre. Sus ojos miraron un momento por detrás de la espalda de Rob y se clavaron en la mujer sonriente que estaba en el umbral de la puerta. La morena despampanante fué la siguiente en participar de aquella conversación.
-Creo que pensó que lo vuestro era como en las novelas cursis. -Se carcajeó, como si la idea de estar con un hombre que solo la amara a ella, que la valorara y la respetara por quien era, fuera absurda y una fantasía de lo más ridícula. Minerva la escudriñó de arriba a abajo, mientras decía-: Cariño, ni Rob, ni ningún hombre son exclusividad de nadie. ¿Creías que ibas a llegar con tu carita de ángel e ibas a poner su mundo patas arriba? Por favor, aterriza niña. Ni tú estás en una historia romántica de película, ni tampoco vas a ser la única que esté en la vida de ningún tio. Ya nadie le es fiel a nadie... Harás bien en seguir mi consejo y no hacerte ilusiones absurdas.
Isolda apretó los puños a los costados. La única fantasía que estaba teniendo en esos momentos era la de arrancarle a ella su bonita cabellera y dejarla más calva que a una bola de billar. ¡Encima tenía el descaro de dirigirle la palabra para decirle todo aquello y burlarse de sus anhelos!
-La única conclusión que voy a sacar de esto es que algunas mujeres, si es que se os puede llamar así, no respetáis nada, ni siquiera a vosotras mismas cuando os miráis al espejo. -Volvió su atención a Rob, sin prestar atención a las carcajadas de Minerva- En cuanto a ti... No vuelvas a llamarme nunca, no quiero volver a verte en mi vida y reza para que ningún paparazzi se ponga frente a mí para preguntarme por nuestra ruptura, porque pienso destaparle los ojos a la gente diciendo la clase de mierda que eres como hombre. -Espetó, escupiéndole esas palabras con todo el veneno que sentía por dentro.
ESTÁS LEYENDO
Dueño de tu amor (EVAN PETERS)
RomanceIsolda Phillips nunca ha tenido demasiada suerte en el amor. El último hombre del que ha acabado enamorada, se llama Rob Morgan, es actor y, aunque son pareja, ni siquiera la respeta como tal. Cansada, con el único pensamiento en su mente de que tod...
