Capitulo 1

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El frio calaba sus huesos conforme el tiempo avanzaba, suaves sonidos lo envolvían, el sonido de sus pasos en la fría nieve, su respiración, el viento helado, los animales buscando refugio, agradecía que no estuviera nevando, el bosque era su lugar preferido, su refugio, siempre en sus momentos de mayor tristeza prefería meditar descansar en el bosque, como en esos momentos, llevo sus manos a su rostro intentando calentarlas exhalando en ellas, no tenía guantes y mucho menos una bufanda o gorro, la única prenda para invierno que portaba era una vieja y desgastada gabardina negra, Mike miro a su alrededor percatándose que definitivamente se había adentrado demasiado al bosque.

Dio media vuelta con agilidad al escuchar ramas crujir detrás de él, pero no vio nada, en definitiva pensaba Mike, debía regresar al refugio donde se estaba quedando, miro al cielo notando que pronto empezaría a oscurecer, sin pensarlo regreso sus pasos, que aún estaban formados en la nieva y en un juego infantil se fue pisando sus propias huellas, mientras Mike se alejaba a lo lejos una figura alta lo seguía con la mirada, estaba a aliviado y a la vez preocupado, ese humano cada vez se acercaba al límite de la manada, cada vez más cerca, debía ya de informarle a su Alpha antes de que los humanos detectaran la manada.

Mike llego a la carretera y siguió su camino a la pequeña ciudad, no importaba que tardara casi una hora en ir otra en regresar, pero él amaba la compañía del bosque y como este parecía que lo arropaba y consolaba, mientras caminaba a un lado de la carretera varios autos pasaban, Mike no pensaba nunca pedir un aventón, vamos no era estúpido había visto los noticieros en las tiendas de electrónicos, en el mundo había muchos locos y unos de esos se llamaban asesinos y en definitiva no quería morir, sin embargo una camioneta roja algo vieja se detuvo a su lado.

-HEY! MIKE! –la voz alegre femenina le llamo la atención y sonrío al mirarla, detuvo su paso y sin pensarlo se apresuró a subirse a la parte trasera.

-Gracias Sam por el aventón! – dijo antes de subirse.

-No hay de que viejo, ya sabes, su puse que eras tú –dijo la mujer de cabellos rubios, y ojos verdes algo pecosa, para asegurar con su espejo que Mike estuviera arriba para después acelerar el paso.

Bueno en la mente Mike siempre agradecería un aventón ofrecido por sus conocidos, Sam era una vieja amiga del instituto que nunca le había negado la mano en casos de ayuda, pero Mike procuraba no cansar a la gente, se acercó a la ventana trasera de la camioneta cuando estuvieron ya adentro de la ciudad y en un alto abrió la ventanilla – Agradecería si me dejas en la plaza principal, quiero ir al mercado nocturno – le dijo con voz suave, Sam asintió sin problemas.

No es que Mike quisiera ir al mercado, simplemente no le había dicho a Sam que en los últimos meses vivía en refugio y no en la casa de sus padres, se despidió de Sam con una promesa de ir a cenar a su casa y la vio marcharse en la camioneta roja, cuando miro al cielo se percató que justo empezaba ya anochecer, metió sus manos en sus bolsillos rotos y camino apresurado rumbo al refugio.

Llego a tiempo, justo a las 8 de la noche, cuando el refugio servía una pequeña merienda, saludo a la Señora Joyce y esta solo le gruño en respuesta, era una viejecilla amargada que dormía en el refugio, se había enterado que sus hijos vendieron su casa sin decirle y la abandonaron en el pueblo más cercano, Saint Andrew donde llego al refugio en el corazón de la pequeña ciudad, dejando de lado aquella triste viejecilla, se puso en la fila con los demás refugiados, recibió un sándwich de queso y un vaso de café tibio, para Mike eso era un manjar, camino rápido hacia un camastro que vio vacío con rapidez y se sentó, comió en silencio apreciando las risas de aquellos que aun, en su momento más bajo disfrutaban de esos pequeños momentos de felicidad, Mike sonreía.

No paso micho tiempo en lo que Mike escuchaba a la Señora Joyce quejarse de todo lo que había en el refugio, eso era entretenido para el mientras el cansancio poco a poco lo vencía, se recostó en el camastro tomo una cobija y se acostó de lado mirando a la Señora Joyce quejarse con otra dama, las luces del refugio se apagaron a las 10 de la noche, Mike durmió como un tronco.

-¡ERES LO PEOR QUE ME A PASADO EN LA VIDA MICHAEL! –su madre le gritaba en la cocina , mientras Mike miraba sus pies- ¡¿CUANTAS VECES TENGO QUE REPETIRTELO? EEEH! – Mike pensó que sus zapatos necesitaban una lavada.

Levanto la vista al escuchar la puerta de la entrada abrirse, sintió miedo al escuchar pasos pesados, el sonido de sus latidos aumento cuando miro unos finos zapatos bien lustrados adentrarse a la cocina, el pánico burbujeo en su interior y se le helo la piel, su madre despotricando se escuchaba de fondo, levanto su mirada y unos fríos y afilados ojos color gris idéntico a los suyos le miraban, Mike retrocedió en respuesta automática.

-Cariño cállate y vete a la habitación ahora – su voz tranquila lo paralizo, su madre se marchó dejándolo solo con aquel demonio, cuando se vieron solos, el mayor se dirigió a la ventana de la cocina y cerro las persianas – bájate los pantalones...

Mike despertó con el pánico aun inundando su sistema, con la mirada algo perdida decidió sentarse y llevo sus manos a su cabello negros y los jalo, miro alrededor intentando enfocar al igual que lograba regular su agitada respiración, logro enfocar unos ojos cafés claros que le miraban con seriedad, era la Señora Joyce, Mike se sintió apenado y miro el enorme reloj del refugio, que en si era como un gran centro deportivo olvidado dividido con delgadas paredes de madera que no llegaban a los 2 metros pero les daba algo de privacidad. Las 5 de la mañana en punto, justo a tiempo para irse a su trabajo en el viejo supermercado, se levantó y doblo la cobija, levanto un brazo y se olio la axila, excelente aun olía bien, bajo la mirada de la Señora Joyce abandono el refugio apresurado.

El supermercado abría a las 6 de la mañana, pero los empleados debían estar a las 5:30 am para limpiar los pasillos, Mike compartía el turno con un hombre mucho mayor que el al cual le decían Don Leo, era canoso y aparte medio calvo, siempre encorvado y daba miradas sucias a las jovencitas del lugar, Mike entraba por la puerta trasera y dejaba sus cosas en un viejo casillero, y solo se colocaba un delantal café, e iniciaba su turno acomodando cosas.

Eran las 3 de la mañana cuando Gabriel fue remplazado por Brandon un soldado raso con el cual solo compartió saludos de despedida antes de transformarse en un enorme lobo blanco y correr al pueblo de la manada, fue directamente a la casa del Alpha donde, dos betas cuidaban la entrada, uno de pie y otro sentado en un escritorio con una laptop.

-Gabriel que bueno que te veo –Kiel un beta de piel morena, buen cuerpo y ojos cafés y un cabello castaño en corte militar le saludo-

Gabriel se transformó en segundos a humano y lo saludo en un medio abrazo y palmada en la espalda – También es un gusto para mí, ¿Cómo está tu madre? Escuche que Roséela había llegado con medicinas -dijo mientras tomaba de una caja cercana un cambio de ropa.

-Mi madre estará bien -dijo con un tono de melancolía – ya sabes que una omega se va pronto después de que su compañero muere – solo habían pasado dos meses de la muerte del padre de Kiel- no puedo hacer nada – y era verdad, solo quedaba esperar a que un día no despertarse, Gabriel le dio palmadas en la espala para después ya vestido subir unas escaleras y estar de frente al otro Beta que estaba tecleando a lo bestia en una laptop.

-Buenas Noches Ramil, tengo que reportar algo – el beta chasqueo la lengua y con sus ojos negros le miro enfadado –

-Hoy todo el mundo quiere reportar, tendrás que esperarme unos minutos estoy en llamada con la manada del norte –dijo para retomar el tecleo bestial, Gabriel suspiro y regreso para sentarse en las escaleras mientras veía la luna, Luna menguante, pero algo le extraño cuando recién oscurecía era luna llena, se levantó alarmado.

- Kiel, ¿Por qué la Luna esta menguante? – le pregunto sin mirarlo, seguía fijo a la luna notando como poco a poco se oscurecía- ¿Qué mierda?

Kiel miro la luna quedándose sorprendió y no lo pensó dos veces antes de tomar su radio y dar órdenes – A la defensiva, parece un ataque de brujas, ya saben que hacer – dijo para finalizar y correr adentro de la casona del Alpha de la manda, Ramil siguió tecleando y solo dijo en voz alta lo siguiente.

-La manada de norte acaba de ser atacada por brujas, esto no pinta bien –y callo para seguir tecleando.

Gabriel se palmeo su rostro, suspiro miro la luna de nuevo, y quitándose la ropa en segundos ya era un lobo y se dirigió a esconder a los débiles de la manada, ese era su rol cuando no estaba en guardia y corrió a las casas, mientras escuchaba de fondo los aullidos de alerta del Alpha que despertó a todos. 

Mi refugioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora