Obito, un chico cualquiera, notas promedio, amistoso y sonriente... por otro lado, en alguna parte del tiempo está Deidara, él es... bueno, una persona más orgullosa, y hasta a ojos de otras personas, alguien egocéntrico y narcisista. Eso es lo que...
"A veces, tu corazón necesita más tiempo para aceptar lo que tú cabeza ya sabe."
El pequeño niño de 11 años se encontraba corriendo con todas sus fuerzas por el bosque que se encontraba a su alrededor. Daba saltos, esquivaba ramas, hacía giros a mitad de cuerpo para no chocarse contra algún árbol o roca que se situaba en su camino... ¿Camino? Espera, ¿Cuál camino? ¿A dónde es que estaba yendo? Él no lo sabía, solo corría con todas sus fuerzas, evitaba a alguien.
- ¡Obito Uchiha! - Se escuchaba a una persona gritar a lo lejos, no, no podía atraparlo.
Le había llegado la peor noticia de su vida, y se lo habían dicho de una manera tan fría e hiriente, ¿Acaso no se daban cuenta de que solo era un niño? O sea, ¿Como llegan y le dicen "niño, lamentamos decirte que tus padres murieron, te quedarás con tu abuelo."? Y encima de forma cortante. No, inaceptable.
Respiraba agitado, sus piernas ya comenzaban a hacerse más pesadas. Él no odiaba a su abuelo ni nada parecido, es más tenía un fuerte apego y cariño hacia él, sin embargo su cabeza aún no lograba procesar el hecho de que sus padres hayan muerto, no eran las personas más cariñosas en este mundo y tampoco le estaban recordando todo todo el tiempo que lo querían, pero igual se podía percibir su amor.
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Era de noche y el claro de luna se elevaba por su cabeza en el cielo negro azulado, adornado de hermosas y brillantes estrellas. Pero esa noche había algo extraño, no sabría describirlo con exactitud, pero el ambiente era más pesado, el aire estaba denso y había una ligera neblina cercana al suelo, que le llegaba a las rodillas al niño mientras se apresuraba en perder al adulto que iba trás él. En el cielo de vez en cuando parecían haber pequeños destellos de luz, estos eran de distintos colores, parecían chispas, aunque eran momentáneos, completamente efímeros, a penas se alcanzaban a notar. Obito lo vió y solo decidió centrarse en no llegar a ser pillado por su abuelo quién lo perseguía.
El azabache mayor, Madara Uchiha, no era del todo viejo, de hecho estaba en perfectas condiciones, si no lograba atrapar al niño era porque este era muy escurridizo y salió con clara ventaja al estar el mayor desprevenido, a él también le había agarrado por sorpresa aquella noticia, pero tampoco se había imaginado que el menor saldría corriendo en cuanto él lo mirara para poder hablar de lo sucedido. Antes de que viniera aquél tipo a contarles lo que pasó en aquél accidente Madara ya estaba cuidando a Obito, ¿Por qué? Pues simple, el pequeño había estado solo desde la mañana, sus padres le habían avisado que saldrían por una junta de trabajo y que llegarían dentro de unas horas, ellos siempre cumplían respecto a los horarios, pero ésta vez no era así. Obito llamó al Uchiha mayor y así es como él fué a la casa del niño para poder cuidar de él mientras esperaban ambos que que los padres del chico llegaran... cosa que realmente nunca pasó.