Capitulo 1 - Secuestro

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Nim solo era una habitante más del extenso pueblo costero de Belfalas, al sur de Gondor.
Tenía 18 años y aunque siempre había vivido sola se las arreglaba muy bien, ella cultivaba, pescaba, tejía e incluso manejaba la espada, esto último de manera autodidacta claro. La vida en Belfalas era dura y a pesar de que siempre había suficientes recursos una jovencita viviendo sola debía saber como protegerse, sobretodo debído a las habituales emboscadas de los orcos que bajaban de las tierras pardas y de Mordor.
Se decía que los habitantes de Belfalas eran resistentes y duros, acostumbrados a vivir en conflicto con los orcos y hechos a la dura vida del mar.

Nim muchas veces soñaba con comprar una barcaza y huir de esas tierras para vivir aventuras y tal vez descubrir un paraíso, no quería vivir toda su vida allí, pensando solo en como sobrevivir. Pero ese sueño era todavía solo eso, un sueño.

Esa noche fantaseaba en su cabaña con la idea mientras tejía una red de pesca, nunca se podría haber imaginado que tipo de aventura la esperaba realmente a partir de entonces.

Unos gritos la sobresaltaron, tiró la red a un lado y corrió hacia la ventana, había aldeanos corriendo por las calles y de pronto había fuego por todas partes, otro ataque de los orcos, pensó.
Se apresuró a por su espada, desde luego no era una espada de gran calidad, se la había intercambiado a unos comerciantes a cambio de algo de pescado y mariscos de la zona. Era hierro simple forjado, pero era todo lo que se podía permitir.
Agarró su arma y se disponía a salir de la cabaña cuando entonces lo vió por la rendija de la puerta, un palido orco a lomos de un huargo blanco.
Ella nunca había visto algo parecido, estaba acostumbrada a lidiar con orcos de mediana estatura, en muchos casos con dismorfia, nada hábiles con la espada y en penosa forma física. Pero lo que vieron sus ojos, tenía rasgos humanos a pesar de ser un orco, musculos definidos y que fácilmente superaba los dos metros de altura, lo delataban sus dientes afilados, el cuerpo cubierto de cicatrices y los ojos inyectados en sangre que en ese momento dirigían su atención hacia la cabaña.
Nim se estremeció y cerró la puerta rápidamente tras de sí, se inclinó para poder echar un vistazo por la ventana. El orco, rodeado por todo el caos de cuerpos, llamas y agitados orcos, bajaba lentamente de su montura y caminaba tranquilo hacia la casa.

En ese momento comprendió que iba a morir, pero moriría luchando. Se apartó de la puerta y empuñó fuertemente su espada, preparandose para luchar hasta su ultimo aliento.
El orco abrió la puerta de una patada y en ese momento Nim corrió hacia él levantando su espada mientras gritaba.

SLAM

El golpe en la cabeza la tumbó contra el suelo. El orco ni si quiera había tenido que usar la maza que estaba portando, con la fuerza de su puño la había derribado.
Una vez en el suelo sintió como la agarraba del cuello hasta elevarla por encima de él.
- ¿Donde lo guardas?- preguntó el orco
Nim sentía como iba perdiendo el conocimiento debído a la asfixia

- ¡Responde mujer! - inquirió él de nuevo golpeandola contra la pared.

Nim cerró sus ojos, solo quería que la matara de una vez y su agonía acabara pronto.
Entonces, fué arrojada contra la mesa.
Su cara goteaba sangre manchando toda la superficie de madera, tenía tanta sangre cayendo de su cabeza que no podía ni ver, solo distinguía la sombra del palido orco agitandose por toda la estancia, rompiendo cosas, registrando todo mientras ella yacía en la mesa.
Escuchó como otros orcos entraban y les mandaba continuar buscando mientras él volvía hacia ella.
De pronto tuvo su rostro cara a cara y pensó que por fin la mataría.

- Ultima oportunidad - rugió

Entonces sacó su espada, la colocó paralela a su cuello y la elevó.
Nim giró su cuello hacia el otro lado, no quería mirar cuando bajara la espada.
El orco se disponía a decapitarla cuando en el último momento se fijó que algo asomaba desde la parte alta de la espalda de la chica hasta su cuello.
Tiró del cuello de la vestidura para ver mejor, se trataba de un tatuaje, había u as runas y algo más en lengua negra.
A Nim no la dió tiempo a pensar en lo que estaba haciendo su atacante, pues la puso boca abajo rápidamente y arrancó la tela de su vestido dejando su espalda al descubierto.
Los ojos del orco se abrieron de par en par, la espalda de la mujer mostraba un mapa, dibujado en su piel, inyectado con tinta, era todo lo que necesitaba. Cargó a la mujer en su hombro y se la llevó de allí.

El mapa - Azog X OCWhere stories live. Discover now