Prólogo: Profecía

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Hace casi mil años, cuando la tierra de Inglaterra manaba sangre a cántaros, como una gran catarata escarlata, la vida en felicidad era un mito, pero un rey se alzó entre los demás, convirtiéndose en un hito.

Su nombre era Uther Pendragon, que por su gran corazón, con unos herreros y la Dama del Lago, forjamos la más poderosa espada: Excalibur fue llamada y al Rey entregada. No obstante, después de concebir a su hijo, tuvo una premonición. A manos de su hermano Vortigern caería el señor Pendragon. Me entregó a su pequeño, con su triste cara y sus pálidas manos, y dijo que algún día, su hijo Arthur reinaría en Camelot.

Excalibur quedó clavada en una roca en un templo, en la capital del reino y después Vortigern asesinó a Uther y a su mujer con su hacha llameante. Él mismo se proclamó rey y, del entonces grandioso y bello reino, hizo un infierno de guerra y pobreza...

Pese a todo, mi única misión debía ser cuidar y enseñar al que lo haría caer. Arthur creció y se convirtió en un hábil guerrero. Empuñó la Espada en la Piedra, destronó a su tío y formó la Orden de los Caballeros de la Mesa Redonda. Reinó y consiguió la paz en todo el territorio. Luchó contra dragones, se casó y batalló contra su hermana perdida: Morgana Le Fay. Aunque Arthur tuvo muchas aventuras y logró ganar batallas aparentemente imposibles, su historia tiene un final bastante trágico.

Cuando la reina Gwynevere iba a tener mellizos, Morgana maldijo a uno de los dos. Cuando este niño creció, se convirtió en un destructor, en un asesino... Se convirtió en Mordred, el Caballero Demonio. Arthur hizo que su otro hijo se aislara, para que Mordred no lo asesinara y Gwynevere se refugió en su castillo.

Reuní a los Doce Caballeros y junto a Arthur nos enzarzamos en una brutal batalla que destruyó Camelot casi por completo. La cataclísmica batalla de Camlann. El Rey acabó derrotando a su hijo, quedando herido de gravedad. Los Caballeros y yo llevamos a Arthur, junto a su mujer, a un lugar de reposo: la Isla de Ávalon.

Sin embargo, una profecía que formuló mi maestro cuando Arthur murió decía que algún día, alguien se convertirá en el poseedor de la espada Excalibur, convirtiéndose en el único y verdadero Rey. Aunque ni siquiera yo, Merlín, uno de los magos más conocidos de todos los tiempos, sabía lo que pasaría después.

El único y verdadero ReyStories to obsess over. Discover now