Capitulo 1.

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Los mortales siempre admiraron a los Dioses, para ellos eran seres perfectos con dones sobrenaturales que podían hacer cualquier cosa.

Y tenían razón salvo en algo: los dioses estaban lejos de ser perfectos.

Todo lo contrario, eran impulsivos, a veces hasta malcriados. Cometían errores, sucumbían ante las pasiones carnales y actuaban sin pensar en las consecuencias.

Ni siquiera los doce olímpicos eran una excepción. Competía entre ellos, se jactaban con presumir lo mucho que los humanos los admiraban, de los milagros que les concedían, de la influencia que podían llegar a tener sobre ellos.

Y por, sobre todo, lo poderosos que eran.

Fue ese poder lo que nos sitúa aquí: en la boda de Tetis, la ninfa del mar con Peleo: un mortal.

Tanto Zeus como Poseidón cortejaron a la ninfa, más una profecía decía que, el niño que naciera de ella destacaría más que su padre.

Por órdenes de Zeus la ninfa se casó con el hombre.

¿Qué podría esperarse del hijo de un mortal?

Ahí estaban Dioses y mortales, disfrutando de un gran banquete.

La diosa Artemisa también, llegaba junto a su hermano gemelo Apolo. El joven dios echó una mirada al sitio. Los dioses convivían entre ellos pacíficamente, sin disputas, sin peleas ni presunciones. Solo una gran familia disfrutando la celebración.

Los gemelos se miraron entre sí.

-Todo parece muy tranquilo. - opinó ella.

-Quizá demasiado. - confirmó él.

-Es porque no han invitado a Eris. - sugirió una tercera voz.

Ahí estaba Hestia, una de las tres diosas vírgenes (como Atena y Artemisa).

Artemisa le sonrió, por su parte Apolo la saludó diciendo:

-Hola tía, ¿Disfrutando la fiesta? ¿O tus restringidos votos te la impiden pasártela bien?

Hestia lo miró de mala gana, mitad por la burla hacia su persona y mitad por el hecho de llamarla "tía" pese aparentar casi la misma edad.

Otra cosa complicada entre los dioses: las líneas de parentesco, todos tenían que ver con todos, tanto de sangre como de amores y placeres. Vaya familia disfuncional.

-El conflicto siempre busca una manera de introducirse. - opinó Artemisa regresando al tema. - Solo es cuestión de tiempo.

Los tres recorrieron el jardín dirigiéndose a los novios para felicitarlos. Después se dispusieron a disfrutar el banquete.

Apolo y Hestia platicaban sobre algo, Artemisa no sabía de qué, su vista se distrajo. Desde el cielo vio caer un circulo resplandeciente.

-¿Qué es eso?- interrumpió señalando el objeto.

Apolo y Hestia lo vieron.

La joven diosa cazadora entrecerró los ojos tratando de divisar mejor.

-Parece una manzana. - dijo. - De oro.

Mas por curiosidad que por avaricia los tres dioses se acercaron. En efecto: era una manzana de oro con las palabras killisti (para la más hermosa).

Apolo la tomó.

-Para la más hermosa. - leyó Apolo. - Entonces debe ser para ti hermana. - dijo entregándosela a Artemisa.

Hestia lo miró con una ceja arqueada. El joven dios lo notó.

-Lo siento Hestia, pero Artemisa es mi gemela: se parece a mi, al menos físicamente. Y yo, bueno, se sabe que soy el dios más hermoso, entonces, por lógica la manzana sería para ella.

The archer.Mga kuwentong kahuhumalingan mo. Tumuklas ngayon