Soy zuri Häel y tengo diez y siete años.
Mi madre nunca me dejó salir de casa cuando era una niña: nunca jugué en un parque y las pocas veces que me permitían tomar un poco de sol solo eran por cinco minutos con la siempre persistente supervisión de ella. Alos niños se le vigila por su naturaleza explosiva y llenas de sorpresa, pero su vigilancia iba más allá de lo común. Una madre normal se desconectaría del niño por unos minutos con ojeadas espontaneas de que el pequeño no este haciendo nada, pero mi madre tenía todo menos ser una persona normal. Sus ojos nunca, déjenme decirlo otra vez, NUNCA, se apartaban de mi. Por lo que esos minutos de sol se volvían sofocantes y aterradoras.
Tenía la condición de no acercarme a nadie, además, si lo hacía siempre empezaban con la broma de que mi casa era un castillo custodiado por un dragón: mi madre.
Mi familia tiene varias actividades en las que reforzamos nuestras creencias que a perdurado por años. Esas increíbles reuniones a las que nunca asistía, se me prohíbe con total firmeza no acercarme, hablar o intentar comunicarme con mis parientes, o al menos de parte materna. No sé cuales son mis abuelos, tíos, primos... solo se que son increíbles. El mayor acercamiento que tuve mis primeros años fue cuando encontré una foto del que se supone es mi abuelo, lo que me llevó a escribir diez mil caracteres a manos con la frase: ''soy una niña estúpida mala agradecida''.
A los seis años eso me parecía algo horrible, algo tan malo que me quemaba en el pecho. Cada vez que lo escribía una ira cubría mi cuerpo, quemaba mi pecho como el ardor de un incendio forestal, con el dolor de los animales al morir y perder su hogar por unos idiotas. Así empezaron los ataques violentos que tenía contra la pared, llegando a golpear repetidas veces mi mi cabeza.
Siempre que hacía o decía algo me implicaba un castigo más grande que el otro. Repudiaba esos días de vacaciones donde veía a los niños jugar en las calles, mientras que yo me reducía a verlos por una ventana. Para así ganar el lugar de la chica rara. La chica de la ventana. La que no sale a jugar y que se divierte viendo y no actuando.
Ella me privaba de mi libertad y de mí infancia en general, me obligaba a estudiar cosas que niñas pequeñas no tendrían ni necesitan aprender. El espectador no solo fue Dios, si no mi padre, mi cuestionable príncipe azul.
El que me defendía, me animaba, hacia y decía cosas muy lindas hacía mí. Pero que nunca le puso un alto a mi madre. En su tiempo lo odié, pero gradualmente le fui tomando ese amor paternal que no sentía hacia mi madre.
Por el a los ocho años pude ir a la escuela, por el a los quince por fin conocí a mi familia. Pude ver a mis abuelos, a mi tíos y a mis primos. Mi familia es increíble. Gracias a esa visita, pude saber de las actividades que hacían y de las cuales siempre faltaba. Mis abuelos me regalaron un celular para mantenernos en contacto. Obviamente, lo mantuve en secreto y, cada vez que mi madre hacía algo, ellos estaban ahí para mí.
Ella me hace pasar tanta vergüenza, me da más a mi de solo pensar eso de mi madre, de la pena que siento cuando me ven con esa señora histérica. Siempre estaba fuera de la escuela vigilándome y no me permitía hablar con ningún niño con la excusa que era por el bien de ellos. Sabes... llegué a pensar que si tenía algo de culpa, que yo era mala, pero luego recuerdo que de verdad, no hacía más nada que estudiar y entrenar.
Dejó de acosarme cuando papá y ella pelearon por una semana, hasta que el la amenazó en quitarle mi custodia. Aunque papá me defienda, se que el no es capaz de divorciarse de mamá, la ama mucho para llegar hasta ese punto, aunque su rostro es incapaz de mostrar una pisca de amor hacia nosotros, se que lo ama a el también.
Pero, ¿me amara ella a mí?
No lo se; y sinceramente jamás me aventuré en averiguarlo.
Tuve más libertad a los once, cuando ya ella no me acosaba, cuando ya no me "cuidaba". Me dejó de sacar en cara todo lo que había hecho por mí, ya no me decía que yo era una mala agradecida, al menos en público, ahora solo lo decía en casa. En donde era un infierno.
CZYTASZ
MALDITOS
Dla nastolatkówZuri y yael, dos jóvenes que viven en Pensilvania, Lewisburg. En un pueblo calmado y fuera de sorpresas, mas bien aburrido para algunos ciudadanos. La única sorpresa que nos podemos encontrar, son los pocos habitantes de este. Las cosas buenas que p...
