Su cabello lucía extremadamente esponjoso.
Tal vez tuvo que pensarlo dos veces antes de cortar su cabello con las tijeras de su hermana pequeña. En su defensa, anoche lucía increíble.
No fue hasta que despertó que se dio cuenta que, tal vez, cuando su cabello esté seco no se amolde tanto a como lo hacía estando mojado.
Seguía luciendo extremadamente bien.
O tal vez, era su ascendente en Leo hablando.
Terminó por acomodar su cabello con la punta de sus dedos, y decidio simplemente recogerlo y no preocuparse tanto.
Sonrió satisfecha al reflejo. Tuvo días peores.
Saliendo ya de su baño, un sonido irritante hizo que todos los vellos de su cuerpo se ericen.
Timbre.
No podia ser. ¿Qué día era hoy? no esperaba a nadie. Aunque... de ser verdad, siempre que alguien venía de visita nunca los esperaba.
¿Será Leiza?
Cruzó sus dedos porque sea Leiza.
Realmente no tenía ganas de ver a nadie, ni tampoco de sociabilizar con nadie. Habia dormido tan profundamente que no quería siquiera despegar sus labios. Mucho menos emitir algún sonido.
A Leiza... solo tenía que escucharla hablar.
Y, tal vez, cocinarle. Pero podía con eso.
Mierda. ¿Cuánto tiempo estuvo ahí parada? Quien sea que haya tocado el timbre probablemente ya ni siquiera esté. Aunque, tampoco le desagradaba la idea, para ser honestos.
No. No podía siempre evitar estas cosas. Además, ¿quien podría ser que tanto le asuste? absolutamente nadie.
Tal vez era su hermana, buscando alguna de sus pertenencias que había olvidado. Buscó a sus alrededores algún bolso, o tipo de documentación que pudo haber dejado sobre la mesa. Seria extraño, pues simplemente abandonó el lugar hace ya tres horas atrás.
Con pasos no tan decididos se dirigió a la puerta. Dudo un par de veces antes de abrirla. ¿Por qué su hermana tocaría timbre? Tal vez olvidó sus llaves y volvió para buscarlas.
Una vez que giró el picarporte y la abrió, no pudo hacer nada más que sostener su aliento.
—Hola —Saludó la chica frente a ella. Abril quedó quieta en su lugar, bajando su mirada a las manos de esta, las cuales, mierda, si que le quedaban bien los anillos. También sostenían un paquete, pero eso fue lo que menos llamó la atención de la rubia.— ¿Abril Salazar?
La rubia parpadeó en respuesta a su nombre. Por su puesto, ¿cómo lo habia olvidado?. Desde hace días que estaba esperando este paquete, pero por alguna maldita razón su cabeza hoy decidió olvidarlo por completo.
¿Por qué su cabeza recordaba cosas tan absurdas pero no podía recordar cosas importantes?
Volvió a centrar su atención en las manos de aquella chica, ahora también notando el pequeño tatuaje en su dedo anular.
—Si, lo siento. Soy yo.— Respondió, volviendo a conectar con aquellos ojos color cielo. La pelinegra estiró sus brazos y le entregó la caja, sin romper contacto visual en ningún momento.
Abril rascó su nariz, esperando de que la de cabellos negros no se enfoque en su estado desaliñeado. Esta parecía no importarle.
—Serian quince dólares.— Volvió a hablar la del paquete. Demasiado ocupada en no romper contacto visual con la rubia, lo cual, no ayudaba en mucho a que sus nervios desciendan. —Por el envío, ya sabes.
Abril frunció el ceño. Su cabeza seguía doliendo desde anoche. Se prometió no volver a leer libros tristes nunca más.
Tampoco es que ella pueda saber que estos terminarán tristes.
—¿Perdona?
Y esta vez, la repartidora sacó sus ojos de los suyos, y giró su cuerpo hacia atrás, asegurándose que su motocicleta siga estando donde la había dejado. No parecía un barrio muy seguro.
Abril aprovechó y observó sus movimientos desde su lugar. Quitó sus ojos en cuanto se dio vuelta.
—Que serían quince dólares.— Repitió, volviendo a clavar su mirada en los ojos de Abril. Su cuerpo volvió a tensarse un poco.— Uno. Cinco. Quince.
La forma sarcástica y amargada de pronunciar aquellas palabras hizo que Abril tome con más fuerza el paquete entre sus manos. Por su puesto que había entendido que tenía que pagar quince malditos dólares.
El problema es que, no los tenía.
Realmente hubiera preferido cocinarle a Leiza.
Rodó sus ojos.
—No voy a pagarte quince dólares.— Dijo ya en un tono más despierto al que venía usando—El envío venía incluido con el precio.
La pelinegra se acercó lentamente, despertando todos sus sentidos. Hizo un paso hacia atrás, instintivamente. Su perfume dulce invadió sus fosas nasales y sintió su pulso acelerarse. Miro hacia abajo y vio como aquellas manos tomaban el paquete que tenía entre las suyas.
—Entonces esto, Abril Salazar...—Pronunció, en un tono tan calmado como sus movimientos.— no es tuyo.
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hola blackitos como estan? les traigo esta fic nueva para todos los kinders <333 se que no hay muchas fics sobre ellas y realmente es mi shipp favorito de nbk jejeje
el de ustedes??
este cap es cortito porq tengo sueño
cuentenme si les esta gustando ejjejejeje
le dedico este cap a cande q mañana me acompaña al dermatologo<33uwu
gore
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