1. Maldición

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Tenía que volver a mi casa... Las horas pasaban y las chicas reían y yo lo único que pensaba es que debía volver caminando y que cápsula corp estaba muy alejado de allí. Me maldecí tantas veces esa noche, más cuando recordé que había dejado la cápsula del carro en el escritorio.

Milk estaba muy feliz bebiendo, al fin Goku había conseguido un trabajo estable pero no sabía realmente de que se trataba, el decía que era confidencial.
Lazuli inexpresiva pero jocosa haciendo chistes y yo aquí bebiendo pero con ansiedad de cómo volver.

Eran las dos cuando Milk se percató de que debía volver, estaba cansada y parecía que iría a quebrar. Se levantó inmediatamente y corrió hacia afuera del bar Lazuli la acompañó y yo seguí tomando mi whisky en las rocas mirando un punto fijo, había quebrado.

El tiempo paso, pero estaba tan absorta entre que debía irme y si tomarme un remis o caminar que no me percate que Lazuli y Milk nunca volvieron a entrar. En eso me llega un mensaje.

Lazuli

"Nos tuvimos que ir con Milk, quebró y me vomito la ropa, espero que no te afecte. Avisanos cuando estés en tu casa."

- Lo sabía - siempre me hacían lo mismo. Pero como estaba un poco alterada pague la cuenta y camine.
La noche estaba hermosa y despejada, tenía en mi cartera una manopla y gas pimienta pero no una cápsula que tuviera un auto adentro. Reí.

Estaba a mitad de camino, y vi una sombra oscura que venía a toda velocidad, la adrenalina corría por mis venas, hasta que sentí unos brazos atrás mío que me llevaban a un callejón por atrás. Una mano en mi cintura y otra en mi boca. Estaba perdida y me vi en las noticias de los diarios como desaparecida y encontrada días después torturada, abusada y muerta y sentí como un escalofrío paso por mi espalda.

-No digas nada, no te haré daño - murmuró él hombre que me tenía sometida. La sombra oscura que vi anteriormente eran dos hombres con armas corriendo para la dirección de la que estaba volviendo. Cuando ya no se escucharon sus pisadas, el hombre que me sujetaba me soltó. Era mi oportunidad de escapar.
Pero este se callo y su respiración se aceleró. La imprudencia es mi sexto sentido, entonces en vez de correr, me acerque.

Tenía el pelo parado, ojos negros y la piel blanca.
-ya puedes irte - mascullo.
Me agache y le saque el traje que tenía, tenía una herida de bala en el costado izquierdo, no le llegaba al corazón ni a ningún órgano vital pero no sabía si esa bala estaba en el torrente sanguíneo. La herida supuraba sangre. Me saque mi campera y le hice un torniquete para parar la hemorragia.
No podía dejarlo allí, debía ayudarlo. Él no me dirigió más la palabra, tenía un tono sombrío y pedante pero no se movió, me estaba analizando.

Lo agarre como pude, agarré su brazo y lo apoye en mis hombros y caminamos a mi casa mientras me preguntaba que diablos estaba haciendo con un herido de bala a las dos de la mañana llevándolo a mi hogar. Alguien que tal vez o lo más seguro que era una ladrón que escapaba de otros que eran igual a él y yo y mi bondad nos estaba metiendo en una situación turbia, perturbadora.  "Bulma ¿Qué haces? ¿Que dirá Yamcha? Al diablo con Yamcha, de seguro debe estar engañandome con otra"

- Llegamos, aquí te voy a curar. - pero el joven no mascullo nada.
Entramos y lo lleve a mi laboratorio, allí tenía vendas y un botiquín de primeros auxilios.
-recuestate aquí, veré donde esta esa bala para poder sacartela. ¿Quieres anestesia?
Bufó y supuse que fue un no.
Agradecí tener un ecografo para las maquinarias y le observé el abdomen marcado, no se mosqueo aunque le dolía, permanecía estoico, me sorprendió la frialdad que tenía. Encontré el proyectil.

- aquí está, tendré que sacartelo con unas pinzas, vas a tener que ponerte esto en la boca - le ofrecí una manta - para que no hagas ruido.
- Ja, no necesito esas cosas, tu saca eso y verás como no muevo ningún pelo.
- está bien... - mientras me acercaba con la pinza y se la introducía en el abdomen, él hombre no se inmutó. Saque ese artefacto de su interior.
- ahora debo cocerte.
-hazlo - sonrió y se puso los brazos abajo de la cabeza. Era bastante pedante, pero tampoco reaccionó al cocerlo, era un ser sobrenatural que nada lo descolocaba.

- Listo, ya está, ahora deberías ver un doctor para que te recete medicación, yo hasta aquí llegué con lo que puedo ofrecer.

Él se levantó del sofá en el que se había acostado y me miró profundamente. Era incómodo, más porque no emitía sonido y yo solo esperaba lo peor.

- ¿Tu eres la cientifica Brief?
- jajaja así que soy conocida... Bueno si soy - miro el lugar y volvió a posar su ojos en mi.
- sabes que te quieren asesinar ¿No? 

Su voz calo mi alma y otra vez un escalofrío cruzo por toda mi espalda, sentí vértigo y me maldije nuevamente. Había traído a mi casa a un enemigo.
- yo no lo haré está noche, solo quiero que lo sepas. - sentenció. ¿Qué no me iba a matar hoy porque justo hoy lo salve? Lo hubiese dejado allí moribundo, los otros hombres tal vez eran mis protectores y yo salve al equivocado.
Siguió observándome y se acercó más, mientras que yo me iba acercando a la pared.
- no te lastimaré realmente, todavía necesito que estés con vida.
Sentía su respiración en mi cuello mientras me retorcía entre incomodidad y tensión.
Tocó con un dedo la piel de mi cuello y me estremecí.
- Eres importante, Brief - mientras mi cabeza miraba hacia otro lado y me sonrojaba "¡Cálmate Bulma!"
Su mano tomo suavemente mi barbilla y posiciono mi rostro para que vea sus ojos negros penetrantes.
-Debo agradecerte el gesto de curarme- y me besó mientras que por dentro gritaba, me deje llevar... Maldición... Yamcha... Pero no podía resistirme. Era tal vez la situación, los nervios, la duda, la adrenalina que me llevaba a aceptar el beso.
Pero cuando estábamos a mitad de ese beso el tocó mi nuca y sentí como iba perdiendo la inconsciencia... Maldita sea...

[...]

- ¿otra vez Bulma? Esta es la quinta vez que vienes borracha de encontrarte con tus amigas y te quedas dormida en el laboratorio.

Mi padre se reía de mi y yo a penas podía recomponerme del dolor de cabeza, hasta que recordé lo que había sucedido anoche.
Observé la habitación, no había rastros de nada, ni del botiquín ni de la sangre.
- papá, no viste a alguien aquí?
- trajiste a una amiga?
- noo papá, es otra cosa?
- hablas de Yamcha? Porque hace semanas que no lo veo.
- no, no es Yamcha.
- es otro muchacho acaso? - mi pelos se pusieron de punta pero negue con la cabeza. Había traído un extraño a casa que me confesó que me quería matar para luego besarme y después irse.

Verifique mi cuerpo y no sentía que me hubiese vulnerado. Me besó, me aplicó la técnica del sueño y se fue. Decidí que eso no me iba a afectar más, solo fue un suceso de una noche que no iba a tener relevancia en mi vida, tal vez sí que me querían ver muerta, tendría que conseguir seguridad y recordé que el se fue de la casa. "voy a tener que cambiar la vigilancia de la casa y poner claves y contraseñas" eso ya me estresaba lo suficiente.

Decidí trabajar todo el día con la situación seguridad.
-¡Hija, baja a comer!
Baje, y me senté, todavía faltaba la seguridad de mi habitación pero había hecho mucho progreso.
La televisión estaba encendida mientras que mis padres reía de cómo me comporte al dormirme en el laboratorio y mi mania de cambiar de seguridad.

"Y Mientras seguimos informando... Ayer hubo un tiroteo en plena ciudad satán, no se han encontrado cuerpos y todo se trataría de la mafia, la banda de Vegeta Ouji contra la banda de Freezer" Observé la televisión y vi la foto, era él, a quien cure, el que me dijo que iba a matarme, el que me besó y se fue. Mi corazón palpitaba y dejé comer.

-Hija estás bien? Estás pálida, es como si hubieras visto un fantasma.

- N-no, estoy... Bien, es que creo que todavia no me siento bien, por la resaca... Tu sabes. Mejor me voy al baño.

Salude y me dirigí a mi cuarto. Abrí y había una sombra esperándome y solo vi sus ojos.  Venía a buscarme.

Continuará.

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