Parte única

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Fuego llenaba sus pulmones pero él seguía corriendo. No había punto en mirar atrás. Eso no haría que sus compañeros fueran devueltos a su lado, por mucho que su orgullo estuviese herido. El frio se pegaba en las pieles descubiertas mientras zanqueaba para llegar al próximo refugio. Dando la espalda a aquella masacre. A su querido, su voz interior susurró. Era demasiado tarde para volver atrás, solo conseguiría morir y desperdiciar el sacrificio de aquellos que sufrieron tanto. Su poder fue completamente nulo cuando los misericordiosos caballeros asaltaron y los tan mencionados aliados se unieron a la persecución.

Empezaba a anochecer. Le gustaría que fuese de día, que la noche no empezase a deprimir el paisaje aunque eso significase no ver a las incontables estrellas. La noche siempre tenia algo que le hacía entristecer. La oscuridad abarcando cada rincón convirtiendo a tu visión en traicionera. La noche siempre lo ha sido de malvada. La noche de las brujas, la oscuridad de los demonios, negro como las sombras de las que se esconden las personas. Pero que era lo que quedaba cuando se cerraban las puertas de un armario sino oscuridad. Un lugar donde no alcanza la luz y los pecadores se regocijan en el anonimato. Quizás por eso cada vez que anochecía se sentía tan desprotegido a pesar de la antítesis que era él. Tan solo era humano al final pero cuanto poder tenia una pequeña promesa... Por esta norma universal de la luz estaban destinados a terminar con la oscuridad, con este pecado a puertas cerradas que debía ser erradicado con sus afiladas armas emanantes de luz. Parecía una norma de una época antigua, cuando las brujas y hadas aún reinaban las tierras de "Britannia".

Giró ansiosamente su cabeza, la lengua seca por su irregular respiración, no había nadie aunque no tardaría. En ese momento se dio cuenta de la aplastante presión de la promesa atascándose en su cuello. Memorizando palabra a palabra: salvate tú. Su amante, amando descuidado y terminó con ellos dejando en cenizas los pequeños gestos que se pudieron permitir, penitenciados por el beso preso de este amor al azar. El destino de arder irónicamente porque ahora amar se escoge, es más, debes escogerlo ante la mirada inquisitiva de todos.

Pudo ver la aureola de luz de la ciudad próxima recibido con un "buenas noches" y un nuevo comienzo. Pero de los susurros es imposible escapar y su única salvación, señalar, culpar, hacerse pasar por normal. Podía hacerse pasar como uno de ellos. Un demonio con piel humana, como solían decir. Aunque con el paso del tiempo descubriría que la oscuridad no es una buena forma de vivir, aparecerían otras manos robustas que lo tentaran. El pecado seguía ahí, al final.

La noche siempre se ha considerado malvada: La noche de las brujas, la oscuridad de los demonios, negro como las sombras en las que se esconden las personas...y ante las puertas cerradas estaba él.

PecadoresWhere stories live. Discover now