El hada Mercurita Cap. 3

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Capítulo 3: Poly llega a la escuela 

Al ser la primera vez que entraba en la escuela, no entendí bien las explicaciones de la directora al indicarme el camino de mi clase. Me confundí de patio, y fui a parar con las mayores o adolescentes. Una de ellas que se llamaba "Toria" se puso a burlarse de mí. Le hacía gracia oírme hablar. Mis modales camperos la divertían. Fue en ese preciso momento tan apurado, cuando apareció Mercurita, de la que no tardé en hacerme su amiga. Fue ella la que sugirió que me pusiera el nombre mágico de "Poly". 

Mi amiga era muy traviesa ¡Cuántas sonrisas, lágrimas, vergüenzas y rabietas tuvimos en tan solo un año! También me hice amiga de Anastasia ("Anasti" para los amigos) y Cleofastra ("Cleo") además de muchas compañeras de otras clases, como la pequeña "Hébora".  

Los estudios iban más o menos bien. Yo, de tanto leer, mejoré mi timbre de voz. Ya no era esa muchachita cazurra de los primeros días. Pero no todo era de color de rosa. También teníamos nuestros problemas, unas veces provocados por los alumnos, y otras, por los profesores. También teníamos que ayudar a Anasti a estudiar. Era, realmente torpe. No la dejábamos en paz, hasta que no se supiera la lección. Ella protestaba, sobre todo a Mercurita, que era la más intolerante. Cleo, que al principio pensó que nuestra amiga se pasaba, no tardó en hacer lo mismo. Anasti, desesperada, rompía a llorar. 

-¡Estudiaré cuando lo crea necesario! ¡Déjame tranquila! 

-¡No te dejo! Decía la enfadada Mercurita. 

-¡Dices que eres mi amiga! ¡No se nota! 

-¡Si no fuera tu amiga, te dejaría que suspendieras! No estoy dispuesta a que suceda eso. Te recuerdo que somos hadas, y nuestro deber, es hacer el bien....empezando por las compañeras. 

Le dije en voz baja a mi amiga, que no fuera tan dura. Despues de todo, ya eran las seis de la tarde, y queríamos merendar y descansar. Pero su respuesta fue contundente. 

-¡He dicho que no, y es que no! ¡Anasti, saca el libro! 

Entonces, la pelirroja Anasti se daba por vencida y se esforzaba por aprender. A Cleo y a mí, nos echaba atrás. Pero con Mercurita era inútil discutir. Ella estaba dispuesta a quedarse sin jugar toda la tarde, por tal de que aprendiera. Yo no estaba acostumbrada a ese ritmo de estudio, pero no tardé en hacerlo. Lo mismo pasó con Cleo. Aprendimos que el método de nuestra amiga, por duro que fuera, resultaba más efectivo. Anasti era muy quejica, y conseguía ablandarnos a Cleo y a mí. Pero no tenía éxito con Mercurita. 

Las caras más conocidas de la escuela eran la directora, "Casia Danielli". Simpática, pero algo rigurosa; y el jefe de estudios y profesor de matemáticas de algunos cursos, "Fando Tesán". De él se rumoreaba que fue un caballero, y que por algún motivo colgó su armadura y se dedicó a la enseñanza. Era alto y barbudo, con cuarenta años más o menos. También estaba el gruñón portero "Herdo", al que llamaban "cerdo" por su forma de vestir, y "lerdo" por sus modales. Se enfadaba en cuanto veía un papel en el suelo. No soportaba a Mercurita, que le gastaba bromas de todo tipo, y le llenaba el suelo de papeles y basura, malintencionadamente.  

Otra cosa destacable en mi amiga era su afición por los explosivos. De hecho, inventó un tipo al que denominó "Kangurito". Ya que al tirarlo contra el suelo, debía explotar dos o tres veces, y desprender una explosión blanca, a menos que lo lanzara con mucha fuerza. Entonces, explotaba solo una, pero con más luz y ruido.  

Muchos problemas tuvo por culpa de ellos. De hecho, se jugó la expulsión cuando se puso a lanzarlos un sábado por la mañana, creyendo que la escuela estaba casi vacía, e imaginando que no le iban a decir nada. Interrumpió un examen importante a las mayores, y obligó a Fando a ir en su busca, mientras la bibliotecaria lo sustituía. 

Muchas charlas tuve con mi fallecido hermano, acerca de ésta amiga. Fredio me confirmó, que con ella jamás me aburriría. De hecho, cuando la ví por primera vez, me dijo:  

-¡Polikarpita, presta atención a esa niña! ¡Ya, nunca la olvidarás, y a veces, te costará librarte de ella! ¡Je, je, je, je! 

Y así fue. Alegre, divertida; a veces, severa, traviesa y buena estudiante. Eso irrita sobremanera a los profesores. A un alumno que pierde el tiempo y molesta, lo pueden expulsar o castigar sin pensarlo dos veces. Pero a una gamberra estudiosa, les cuesta más trabajo.  

Si algo le molesta en especial, es que le llame la atención por tener poca paciencia con algo o alguien que a ella le disguste. En tal caso, me pongo a resaltar sus errores y le digo que ella tampoco es perfecta; tranquilamente y sin sofocarme, una y otra vez. Cuando no consigo convencerla, se enfurece como si fuera una leona, haciendo honor a su signo del zodiaco. Para que no acabemos enemistadas, bajo el tono de mis protestas y le hablo en un tono más amable. Eso es más efectivo.

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