Capítulo 1

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New Berk, Hogar Dulce Hogar, Isla Monolítica, da igual como prefieran llamarle, pero es adonde nosotros, la tribu Hooligans, vinimos a vivir tras derrotar a Grimmel el grimoso y liberar a todos los dragones, devolviendolos a su verdadero hábitat, el mundo oculto. Nuestra isla se ubica fuera del Archipiélago Bárbaro, a más de seis kilometros al oeste del Berk original (equivalente a menos de un día, viajando en dragón, por supuesto), tres kilómetros al sur de la Isla Erupciodón, y a más de cuatro millas al este de Dark Deep.
Como les decía, luego de la despedida de los dragones y la derrota de Grimmel, adoptamos esta isla, y es ahora nuestro gran refugio. Desde entonces, han sucedido años de paz, donde trabajos básicos como la pesca, la cosecha, y la caza han pasado al primer plano, siendo las nuevas ambiciones de los niños. En cierto sentido, la vida se volvió normal. Digo esto porque yo soy de las pocas personas de mi generación que pudo ver un dragón real, y montar en él. Mi padre me contó historias acerca de estas magníficas bestias y de como él, junto a sus amigos, combatian barcos y derrotaban villanos en su juventud. No puedo evitar compararme con ellos, siendo los dragones criaturas excepcionales, deberíamos prestarles más atención. Sin embargo, no los estudiamos en la Academia (hecho con el que estaré eternamente en desacuerdo), por lo tanto, los adolescentes como yo jamás veran a un dragón en vida ni sabrán nada de ellos, y eso hace que ser un vikingo sea monótono, en mi opinión.
Nunca sucede nada interesante en esta isla y no hay nada que pueda hacerse para cambiar eso. (a menos que te divierta cosechar papas de lunes a domingos, claro esta) "En fin, los dragones estan en el mundo oculto y se quedarán allí para siempre" eso pensaba yo, hasta hoy.
Descansaba en mi habitación cuando un ruido estruendoso, como el de un relámpago, resonó en el jardín. Luego un crujido monumental, después, un rugido abominable, como el de una bestia agonizante.
Me sorprendió que nadie se hubiese despertado, porque oir esos intrigantes sonidos en una noche tan normal como esta, era sin dudas algo inevitable. Salí afuera hasta llegar al bosque. Me adentré en él como un lobo hambriento a punto de atrapar a su presa, sagaz y silenciosa. Tengo que admitirlo, era escalofriante estar ahí, temblaba de pies a cabeza, pero no podía quedarme en la cama, con mi curiosidad sin ser saciada.
Caminé unos pasos sin rumbo fijo, siguiendo mi intuición, hasta que lo ví. Estaba tendido en el suelo con los ojos cerrados, sin mover un músculo, con las alas caídas sobre su cuerpo inmóvil. Podía acercarme un poco más, en ese estado no me atacaría. Parecía estar herido. Era simplemente magnífico, una criatura alucinante.
Ya me encontraba a un poco menos de un metro, en frente de la bestia. Extendí mi brazo para tocarlo, sin ser consciente de que lo hacía y sin saber con exactitud porqué. Por un momento pareció reconocerme. Abrió sus inmensos ojos celeste y me miró fijamente, pero cuando entendí que había sido un error, ya era demasiado tarde. El dragón rugió con todas sus fuerzas, se volteó y, luego de levantarse sobre sus cuatro patas, pegó un saltó tremendo al cielo y emprendió vuelo con un esfuerzo notorio. Y yo ahí, quieta, temblando como nunca antes y muriéndome no solo de miedo y frío, también de curiosidad.
A la mañana siguiente decidí ir a contárselo a papá.
- ¿Un dragón? ¿Aquí, en New Berk?
- ¡Si! ¡Lo ví con mis propios ojos! ¡Estuve cerca de tocarlo! - dije a mis padres
- Zephyr, eso es imposible- contestó mamá, con su típica sonrisita compasiva- están todos en el mundo oculto con Chimuelo y la Furia Luminosa.
- ¿Y como era el dragón que viste, cariño? - preguntó papá, ignorando la acotación de Astrid, afortunadamente.
- Era como un Furia Nocturna, negro, pero con manchas blancas en la nariz y las patas, si no me equivoco, y sus ojos eran color celeste- respondí.
Mis padres se miraron inquisitivamente y luego mamá agregó:
- Cariño, déjalo por ahora, tenemos cosas que hacer. Se acerca la temporada de pesca, y tu padre y yo estamos muy ocupados.
Hipo me lanzó una mirada curiosa, antes de agregar:
- Es cierto lo que dice tu madre, Zeph, tenemos mucho trabajo pendiente. Además, nos sobrevendria el caos si la aldea se enterara de que hay dragones afuera.
- Eso es imposible- se apresuró a objetar Astrid.
Su esposo la miró, luego se dirigió a mí y dijo:
- Por el momento olvídate del dragón, Zephyr.
Eso fue justamente lo que no hice. Yendo a la Academia, decidí investigar por mi cuenta a los dragones, e intentar conseguir la mayor información posible acerca de la especie que yo tuve la bendición de presenciar. Terminadas las clases de todos los días, me dirigí a la biblioteca para buscar libros que pudiesen servirme. Primero me enfoqué en la sección de historia. Encontré de todo; La Historia Resumida de las Siete Generaciones de Berk redactada por la hechicera del pueblo Gothi. El Heroe de Berk: Estoico el Vasto narrado por su fiel compañero de aventuras, Bocón. Como Entrenar a un Dragón, de Hipo Horrendo Abadejo III, entre otros. Este último me llamó la atencion, y creyendo que contendría informacion útil para otra ocasion, me lo llevé. Me levanté para dirigirme a la seccion de ciencias, pero antes de llegar fui interrumpida.
- ¿Zeph? ¿Que haces a esta hora en la biblioteca? - me preguntó mi hermano un muchacho rubio y fornido, bloqueandome el paso. Me saca más de cabeza de altura y tiene ojos verde clarisimo.
- No te incumbe, Nuffink, vuelve a ocuparte de lo tuyo- le respondí con la cabeza en alto, al tiempo que lo movia a un lado para seguir con mi camino.
- ¡Vamos! ¡No te hagas la interesante! - me contestó con su voz de fanfarrón- ¡Que es ese libro que llevas!
- ¡No me hago la interesante, zopenco, tengo algo importante que hacer! ¡Ya déjame en paz!- le grité mientras lo empujaba y me volteaba para seguir por otra dirección.
Pero en algo si tenía razón Nuffink, había pasado toda la tarde en la biblioteca y ya estaba oscureciendo. Asi que me apresure a llegar a mi casa.
- Mañana por la mañana analizaré la sección de ciencias- pensé para mis adentros- Mientras, me concentraré en el libro que he conseguido.

La primera página parecia la de un manual viejo, todo estaba tachoneado y repleto de rayones inconclusos. A medida que comenzaban y avanzaban los capítulos, la cosa cobraba sentido. Mi padre había organizado en pasos el proceso de entrenar a un dragón:

1- Garantizale que puede confiar en ti.

Debajo de este renglón habia un dibujo del jefe en su versión adolescente, tirando un cuchillo lejos de él, con chimuelo delante.

2- Acércate lentamente, insiste en darle alimento y recordarle que no quieres hacerle daño.

Después se veía otra imagen de mi padre alimentando a su dragón. Además, se leían distintas acotaciónes como: "Nunca lleves anguilas, espantan a los dragones" o "No muestres temor pero tampoco seas intimidante, si un dragón se siente intimidado, atacará".
Apenas terminé de leer ese renglón y un relámpago resonó en mi jardín, al igual que la noche anterior. Sali afuera para ver si encontraba al dragón, pero me lleve una desilución, solo habia comenzado a llover.
Concluí que estaba empezando a alucinar. Era demasiado tarde, ya tenía que ir a dormir.
A la mañana siguiente, busque en la biblioteca y me pase allí toda la tarde. Nuffink volvió a interferir, pero logré sacarmelo de encima.
No encontré nada útil, asi que decidí infiltrarme en la casa de papá, e investigar sobre los libros que él tuviese allí. Ya había estado muchas veces antes en la choza del jefe, pero cada vez que venía era igual de impactante. En la entrada, dos estandartes de más de un metro de altura custodiaban la puerta desde dentro.
Sobre la chimenea, figuras de dragones en miniatura talladas en madera, reposaban mirando amenazadoramente a direcciones incalculables. En las paredes de los costados se veían todo tipo de artilugios colgando, desde cuchillos, navajas, cascos y demás armas, hasta pedazos de papeles viejos con runas inscriptas.
Todo era muy curioso e interesante, pero al momento salí de mi ensimismamiento y comencé la búsqueda de los libros. Una vez seleccionados los que parecían contener mayor cantidad de información útil, cada uno recibió una hojeada rápida. Planeaba leerlos en mi casa, donde tendria más silencio, más comodidad, y sobre todo, más privacidad.

Cerré mi puerta con llave. Encendí la vela. Me acomodé los guantes. Me senté en frente a mi escritorio y coloque el libro sobre él. Tomé la tapa por el borde y al instante en que comence a abrirla, alguien tocó la puerta.
- ¡Zeph! ¡Zeph! ¡Abre por favor!-
- Por todos los dioses- pensé- ya decía yo que la paz momentánea no iba a durarme ni dos segundos-
- ¿Que quieres, Nuffink?- grité
Por un instante no recibí respuesta alguna, lo que me obligó a levantarme del asiento y dirigirme a la entrada. Me pareció oir risas ahogadas. Pregunte otra vez:
- Vamos, ¿que necesitas?-
- Solo quería saber como está mi preciosa hermanita- contestó con un deje notorio de ironía.
Tome la llave y abrí la puerta. Acto seguido, me encontraba en el suelo con mi hermano sentado sobre mi. Forcejee para liberarme, inútilmente. Aun que Nuffink era un completo idiota, se habia vuelto muy fuerte en los ultimos años.
Detrás de él, entraron dos personas más a mi casa.
- ¿Y ustedes dos que hacen aquí?- pregunté, dirigiendome a los otros intrusos.
- Venimos con la misma intención que tu hermano- dijo Hilda, una muchacha de ojos verdes y pelo grisáceo, peinado en una cola de caballo.
- ¿Que nos ocultas, Zeph? Has estado rara últimamente- prosiguió Jeylo, un chico alto, pero de contextura regordeta, rubio y de ojos claros, como su madre.
Llegado este punto de la conversación, me rendí y accedí a confesarles todo. Después de contarles la historia de aquella noche, les compartí mi idea de rescatar al dragón y entrenarlo. Todo a escondidas del resto del pueblo.
Lo primero que hice fue darle a cada uno de los intrusos un libro, así avanzariamos más rápido en la investigación de este dragón desconocido.
Estuvimos leyendo casi toda la noche. El libro que analizaba yo se titulaba: El mundo oculto: Todo lo que sabemos hasta hoy. No podía quitar la vista del papel, porque con cada renglón que terminaba de leer, mi curiosidad aumentaba en niveles preocupantes. Todo lo que decía allí era alucinante. Describía al mundo oculto como una cueva de cristales gigantes, infestada de dragones de todas las clases, especies y categorías. Nadie, excepto Hipo y Astrid, ha llegado jamás al mundo oculto. Se dice que solo es posible encontrar su ubicación siguiendo a un dragón.
El libro era muy interesante, pero no me brindaba la información que necesitaba en ese momento, asi que decidi cambiarlo por otro: Dragones Clase Misterio, Analisis en profundidad. Antes de comenzar a leer, fui interrumpida por Jeylo, que dijo de repente:
- Chicos... Encontré algo, y creo que les gustará-

Como Entrenar a Tu Dragón: El LegadoStories to obsess over. Discover now