Aquella mujer

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Lo hizo de nuevo, esta vez dejó en ridículo a su esposa delante de una multitud de trabajadores que se hallaban reunidos en esa fiesta para promocionar una de sus nuevas fragancias.

Con porte prepotente, Jean Kirschtein estaba rodeado de bellas mujeres que deseaban algo más que compañía momentánea.

-Demasiado sencillo fue tener a esa mujer a mis pies, alguien que salió de la basura por supuesto que estaría encantado de ver que un príncipe como yo muestra un poco de interés en ella-Era muy hermosa la mujer que estaba al lado derecho de Jean, pero el presidente no se daba cuenta de un detalle. Mientras él se lo pasaba bebiendo, en su copa fue dejado un veneno potente de efecto retardado.

-Ya lo creo, necesitas a tu lado una mujer bella e inteligente. No sé cómo te fijaste en esa cosita sencilla-Una copa más le fue servida, Jean dio un sobro y se rio después.

-Fue filantropía, solo eso-De pie se puso, estaba hasta el momento sentado un poco lejos del resto de los invitados.

Al fondo su esposa que no estaba sola sino con un hombre que le entregaba su saco para que ocultara las manchas de vino tinto vertidas en su blanco vestido por propia mano de su esposo.

-Supongo que algunas cosas conservan la suciedad por más que las laves-Prepotente se acercó, la mirada de su esposa reflejaba nulo amor por él.

Estaban juntos, pero a la vez tan lejos. Mikasa ya no era aquella chica que conoció en el pasado, aquella que vendía rosas en la gran avenida de las flores y conquisto su corazón con esas sonrisas sutiles, pero llenas de sinceridad.

Tal como una flor se marchita sin agua y sol, dentro del corazón de Mikasa el amor profundo que sintió por su esposo se fue acabando porque Jean no ponía atención en ella, se lo pasaba de fiesta en fiesta y regresaba a casa con aroma a otros perfumes de las mujeres con las que convivía.

-Sr. Kirschtein...-Su acompañante no terminó de decir la frase cuando aquel hombre de cabellera ceniza ya estaba tomando bruscamente la muñeca de su esposa, jalándola ante la atenta mirada de los demás.

-¿Por qué haces esto, Jean? Es obvio que ya no tienes interés en mí, las personas que nos miran... //Eres mi propiedad, soy tu dueño y hago contigo lo que se me dé la gana, por eso te compre-Mikasa no dijo más.

Conocía bien a su esposo, o pensaba eso. Ya no era aquel hombre gentil que la llevaba de la mano, presumía ante los demás y le daba el respeto que se merecía.

Un hombre que se pasaba gran parte de su tiempo en los negocios que se le daban muy bien. Entre sus muchas amantes y los golpes que le daba, Mikasa ya no sabía que cosa era lo peor que pasaba en su oscura vida.

-¡Basta Jean!-Mikasa se soltó del agarre.

-¿Ah? ¡¿Qué demonios pasa contigo?!-Ambos estaban afuera.

-Estoy cansada de todo, estoy harta de esta vida que me has dado a tu lado. No quiero que sigas usándome como una alfombra en la que limpias tus pies cada vez que se te da la gana-Jean, furioso, le dio una buena bofetada que dejó a aquella mujer con el rostro por un lado y con la palma de la mano ajena marcada en su tez pálida.

-¡TE CALLAS! ¡UNA MUJER COMO TÚ NO TIENE DERECHO A RECLAMAR NADA!-Jean quitó el saco que estaba cubriendo el vestido de Mikasa, las personas empezaban a rodearlos al escuchar los gritos de Jean.

-¿Qué haces?-Desgarrando el vestido de Mikasa, dejándola con su cuerpo expuesto al ser una tela bastante sencilla la que estaba usando en un vestido que llevaba más de una ocasión luciendo pues su esposo no le daba las cosas necesarias para ser una mujer destacada, sino que la dejaba ser la burla de las demás.

Jardín de recuerdosWhere stories live. Discover now