Ardiente Tentación

By MaJoLh_29

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Adaptación de la Adaptación. Créditos a su escritora original. Tres simples reglas a seguir: 1 No nombres. 2... More

Sinopsis
Capitulo 1
Capítulo 2: Buscando Tus Caricias
Capitulo 3: Ardiente Tentación
Capítulo 4: Sugerencias
Capítulo 5: Aún no tengo suficiente de ti
Capítulo 6: Arrepentimientos
Capítulo 7: Que la noche no acabe
Capítulo 8: La vida te da sorpresas
Capítulo 9: Rompiendo las reglas
Capítulo 10: Una invitación inimaginable
Capítulo 11: ¿Qué significa esto?
Capítulo 12: Perdiendo el control
Capítulo 13: Rebasando límites
Capítulo 14: Dejando las cosas en claro
Capítulo 15: Buscando la verdad
Capítulo 16: Mentiras al descubierto
Capítulo 17: Cerrando Un Ciclo
Capítulo 18: Argumentos
Capítulo 19: Amor de piel
Capítulo 20: Juegos de amor
Capítulo 21: Reencuentro
Capítulo 22: Junto a ti. Maraton 1/3
Capitulo 23 : Algo que jamás hubiera pensado. Maraton 2/3
Capítulo 24: Unión de dos almas. Maraton 3/3
Capítulo 25: ¿Amor o sexo?
SEGUNDA PARTE
Capitulo 1: Regalo de graduación
Capítulo 2: Vivencias
Capitulo 3: Primera Vez
Capitulo 4: Por Segunda Vez
Capítulo 5: Fin de Semana en Seattle
Capítulo 6: Al demonio con las reglas
Capítulo 7 Descubriendo algunas verdades
Capítulo 8: Y ahora, ¿Que está pasando?
Capítulo 9: Entrando por completo en su vida
Capitulo: 10 Enfrentando la verdad
Capítulo 11: Lo que me haces sentir
Capitulo 12: Malditos celos
Capitulo 13: Eres para mi
Capítulo 14: Tú me vuelves loco
Capítulo 15: Solo mía
Capítulo 16: Miami
Capítulo 17: Nuevas Reglas
Capitulo 19: Enfrentando los miedos
Capítulo 20: Sexo con amor
Capítulo 21: Epílogo Primera parte
Capítulo 22: Epílogo Segunda parte

Capitulo 18: Pruebas

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By MaJoLh_29

Maratón 2/3



No pude decir palabra alguna por la impresión que me causó lo que me dijo, en un instante pasaron varias posibilidades por mi cabeza, sólo una lo suficientemente poderosa que no me daría gusto escuchar, que terminaría conmigo definitivamente.

- Christian, ¿sigues ahí? - exclamó haciéndome reaccionar.

- Sí... te escucho.

- Jack ya se enteró de lo nuestro.

Otra vez me quedé en silencio tratando de procesar lo que acababa de decirme, nada que ver con lo que yo había pensado, ni siquiera me acordaba de la existencia de ese tipo.

- ¿Me escuchaste? - preguntó insegura.

- Sí... pensé que ibas a decirme algo grave - le aclaré y me volvió el alma al cuerpo.

- ¿Cómo qué?

- Que no me perdonabas y ya no querías saber nada de mí.

- Bueno... aún no decido eso, sólo quise comentarte que él ya lo sabe.

- ¿Y tú cómo sabes eso?

- Porque a noche coincidimos casualmente en un evento de mi trabajo y me lo dijo.

- ¿Y cómo se enteró?, ¿te lo reprochó?

- Kate le mandó la foto de un periódico donde salimos juntos en la boda de Mia, pero no me reprochó nada, ya está saliendo con... otra chica, sólo me preguntó que desde cuándo y cómo se había dado lo nuestro y luego me comentó que ya habías prescindido de sus servicios, algo que no me habías dicho, por cierto.

- Aún no llego a esa parte de la historia... ¿ya estás lista para seguirme escuchando?

- Sí, pero tendrá que esperar unos días, va a ser el aniversario de la agencia y estoy en el comité organizador de la fiesta, así que estoy hasta el tope de trabajo.

- Entiendo, no te preocupes - dije resignado.

- ¿Quieres acompañarme a la fiesta?

- ¿Tú quieres que te acompañe?

- ¿Crees que te lo preguntaría si no lo quisiera?

- ¿Otra vez vamos a respondernos con preguntas?

- Tú empezaste - exclamó riéndose - ¿sabes?... te he extrañado mucho.

- Yo también Ana, no tienes idea de cuanta falta me haces, te amo.

- Yo también Christian - suspiró - debo estar loca, pero no me importa que seas un psicópata, no tengo nada que perdonarte, te amo y te necesito.

- ¿Podemos vernos más tarde? - pregunté con el corazón latiéndome descontroladamente por sus palabras - paso por ti a la oficina y vamos a cenar.

- Está bien, aunque no puedo desvelarme mucho, mañana tengo que estar a las ocho de la mañana en Nueva York.

- Yo te llevo, si quieres... me puedo quedar a dormir en tu departamento.

- Ya no soportas la tercera regla, ¿verdad? - exclamó con una risita.

- Apenas van trece días, aguanté un mes en Londres, así que aún puedo soportar más.

- No puedo creer que los estés contando, corrijo, sí puedo creerlo, me estoy dando cuenta que eres capaz de muchas cosas.

- Todas por amor Ana, no sé cómo puedes dudarlo.

- Sólo quiero estar completamente segura, no quiero otro desengaño.

- Te entiendo, ¿entonces a qué hora paso por ti?

- No sé a qué hora salga, te mando mensaje, ¿sí?

- Ok, lo esperaré.

- Hasta la noche, te mando un beso.

- Y yo cien.

Escuché que se río y después colgó. Suspiré y luego me reí solo, no sé si lo había hecho con alevosía y ventaja, pero definitivamente había logrado meterme un buen susto con esa frase de que no me daría gusto lo que diría, francamente me tenía sin cuidado que lo supiera ese tipo, lo único que me importaba es que no quisiera hacerle daño a mi Anastasia, pero si no le recriminó seguro es porque no le importó enterarse, además él también ya estaba haciendo su vida con otra persona.

A las 8:30 me mandó mensaje Anastasia para que pasara por ella, así que salí de mi departamento y me dirigí a su oficina, la esperé afuera del edificio y de inmediato salió cuando le avisé que ya había llegado, me saludó con un rápido beso en los labios y fuimos a un restaurante cercano. Ordenamos la cena y mientras estuvimos ahí le conté otro episodio de mi historia, vi como paso de la rabia a la risa y de nuevo al enojo cuando escuchó lo que le platiqué.

- Yo pensé que habías conocido a Jack por casualidad, jamás me imaginé que lo habías contactado a propósito - exclamó cruzándose de brazos.

- Quería conocerlo, saber si era un fuerte rival.

- ¿Así que desde un principio supiste que me engañaba? - preguntó seria.

- Sí y eso fue lo que me motivó a seguir contigo.

- O sea que, si no me hubiera engañado, ¿te habrías alejado de mí?

- No lo sé, probablemente no.

- Esculcaste su celular, sí que eres un psicópata.

- Estoy consciente de ello - acepté avergonzado.

- Jamás me imaginé que alguien hiciera ese tipo de cosas por mí.

- Para que veas cuán grande es mi amor por ti - respondí y la besé en los labios.

Minutos más tarde nos dirigimos a su departamento, accedió a que me quedara a dormir con ella, así que estacioné el auto y subimos. Ambos nos pusimos la pijama, tanto en su departamento como en el mío había ropa de los dos, luego nos acostamos, era la primera vez que dormiríamos juntos después de las nuevas reglas y sería un reto grande el no tocarla, así que le di la espalda y abracé la almohada.

No sé cuánto tiempo pasó, no podía dormir teniéndola al lado y sabiendo que no podía hacerla mía, claro que había sido mi idea quedarme a dormir con ella. De pronto sentí su mano acariciar mi abdomen y apreté la almohada, comenzó a besarme el cuello, ¿estaba dispuesta a romper su propia regla?, mi miembro empezó a reaccionar a sus caricias y sus besos, ¿me estaba tentando a propósito? Me volteé y se me quedó viendo, analizándome, acaricié su cabeza y se inclinó para besarme apasionadamente, le correspondí unos instantes y luego subió en mí, definitivamente me estaba torturando, pero no estaba dispuesto a caer en su juego, ella había sido la que había pedido que no hiciéramos el amor y ahora se tenía que apegar a su dichosa regla. Tuve que recurrir a recuerdos desagradables de mi vida con tal de reunir todo mi autocontrol y rechazarla.

-Ana, detente - dije con un hilo de voz tomándola de los hombros y separándola.

- ¿Por qué?, no me digas que no fue esta la razón para quedarte hoy aquí.

- No, fue para llevarte temprano a Nueva York, Ana, tú fuiste la que implantó las nuevas reglas, no puedo creer que tú misma quieras romperlas.

- Pensé que sería más sencillo - aclaró acariciándome el pecho con sus dedos.

- Recuerda que dijiste que si rompíamos la tercera regla todo se terminaría.

- Ya me arrepentí, mejor olvidémoslas - exclamó tratando de besarme.

- De ninguna manera, me iré a dormir al sillón - dije sentándome en la cama.

- No, quédate... pasaste la prueba - susurró en mi oído.

- Lo sabía, eres increíble, te gusta verme sufrir.

- Por supuesto que no... perdona mis inseguridades.

- ¿Y por qué no?, si tu perdonaste mis actitudes psicópatas, somos tal para cual - aseguré acariciándole la nariz con un dedo.

- Eso parece - señaló sonriendo - hasta mañana.

- Hasta mañana.

Me acosté y la abracé, Anastasia puso su cabeza en mi hombro, finalmente nos quedamos dormidos minutos después. Muy temprano la llevé a Nueva York y aproveché el viaje para atender algunos negocios. Regresamos por la noche y le conté otra parte de la historia, se sorprendió al escucharla, jamás se imaginó que mi cuerpo no reaccionara ante una mujer y sonrió satisfecha cuando le aseguré que había sido por ella. La dejé en su departamento y después yo me fui al mío, necesitaba desahogarme luego de su pequeña prueba de la noche anterior, así que en cuanto estuve en mi cama, recurrí, cual típico adolescente, a acariciarme yo mismo.

Pasó otra semana en la que no nos vimos por la intensa carga de trabajo que tenía Anastasia, al menos hablábamos por teléfono y nos mandamos mails. El sábado la invité al cine para que se olvidara de tantas obligaciones laborales. Estábamos formados para comprar los boletos cuando se me ocurrió voltear y vi casi al final de la fila a Leila platicando muy animadamente con Jack.

- No puede ser - exclamé muy sorprendido provocando que Anastasia también volteara.

- No tiene por qué seguir cayéndote mal, yo estoy contigo, él ya es parte de mi pasado - dijo tomándome del mentón para que la volteara a ver.

- Leila se merece a alguien mucho mejor que ese tipo.

- Jack no es malo y ambos se están entendiendo y llevándose bien.

- ¿Tú lo sabías y no me dijiste nada?

- En el evento que te comenté iban juntos, no te dije nada porque Leila me lo pidió, sabe bien que no lo soportas y quería prepararte antes de decírtelo.

- ¿Así que te aliaste con ella para ocultarme información?, ¿eso no rompe la primera regla?

- Por supuesto que no, la rompería si tú me hubieras preguntado si ellos salían y yo te hubiera respondido que no, el ocultar información no es una mentira, además no podía traicionar la confianza de Leila ni tampoco me correspondía decirte.

- Siempre logras convencerme y salirte con la tuya - dije abrazándola y frotando cariñosamente su nariz con la mía.

- El hecho de que las cosas entre él y yo no funcionaran no significa que pasará lo mismo con ella, al parecer tienen muchas cosas en común, tú bien sabes que Leila tampoco ha sido una blanca palomita.

- ¿Y qué paso con la tal Kate?

- Ya no vive aquí, se mudó de nuevo con sus papás, así que lo suyo terminó.

- Espero que eso sea cierto.

- Por supuesto que lo es, ojalá que en un futuro cambié tu opinión sobre él.

- Mientras no la engañe todo estará bien.

- No lo hará, se nota gran empatía entre ambos, Leila ya me había comentado algo en la boba de Mia.

- Ahora comprendo porque le tocó el ramo.

Después de salir del cine fuimos a cenar y me comentó que el viernes siguiente era la fiesta de la agencia, así que quedé de pasar por ella a las ocho a su departamento. Me quedé impresionado cuando la vi salir del edificio, llevaba un vestido morado, largo y recto, de tirantes y con escote en la espalda, el cabello recogido y el collar y los aretes que le había regalado. Me sonrió y nos dimos un ligero beso en los labios, le hice saber lo hermosa que se veía y me respondió que yo también me veía muy guapo. Le abrí la puerta del auto y subió.

Llegamos al lugar del evento, había una gran concurrencia y Anastasia me estuvo presentando a ciertos invitados, me daba cuenta como se le quedaban viendo algunos tipos y la ira me inundaba, pero sabía que tenía que aguantarme, tenía que recordar la regla número dos, así que respiraba hondo para evitar cometer o decir una tontería que arruinara la noche.

Más tarde un tipo la sacó a bailar, ella titubeó, pero finalmente aceptó, ya que era uno de los dueños de la agencia. Yo me bebí de un trago la bebida que traía en la mano, la otra mano la tenía cerrada en un puño mientras los veía danzar en la pista, el sujeto la miraba de manera lujuriosa, pero, ¿es que ella podría ser tan ingenua de no darse cuenta o simplemente lo estaba pasando por alto?

De pronto una linda chica pasó frente a mí y me sonrío cordialmente, yo le devolví la sonrisa y entonces una idea cruzó por mi mente, si Anastasia estaba bailando, ¿por qué no hacerlo yo también? Así que me acerqué a la chica, que por cierto estaba sola.

- Hola - dije parándome frente a ella y sonriéndole normal, sin coqueteos.

- Hola - respondió con otra sonrisa.

- Linda fiesta, ¿verdad?

- Sí, aunque la verdad yo vengo de compromiso, mi padre es uno de los dueños y pretende que en algún futuro yo la dirija, aunque a mí lo que en realidad me gusta es la pintura, pero él no lo entiende y me obligó a estudiar mercadotecnia.

- Que mal, uno debe hacer lo que le gusta en la vida, no lo que otros te impongan, aunque sean tus padres, por cierto, soy Christian Grey, y tú eres... - dije y le tendí mi mano.

- Larissa Gallegos, mucho gusto - respondió estrechándola - ojalá mi padre pensara igual que tú.

- ¿Y quién es tu padre?, por cierto.

- Aquel señor que anda bailando con la chica de morado - señaló y me di cuenta que era el que bailaba con Anastasia.

- Mira, que casualidad, la chica con la que baila es mi novia.

- ¿Anastasia es tu novia?, no me lo hubiera imaginado, por eso no te dije su nombre.

- Así es, vengo con ella - nos quedamos en silencio unos segundos - ¿quieres bailar? - le propuse finalmente.

- ¿No se enojará Anastasia?

- No tiene porque, no tiene nada de malo, además ella también está bailando.

- Ok, pero cualquier reclamo de su parte, te echaré a ti la culpa.

Asentí con la cabeza, le sonreí y le tendí mi brazo, caminamos a la pista y comenzamos a bailar, de inmediato Anastasia se dio cuenta y abrió los ojos como platos, lo cual me indicó que los celos la estaban embargando, ella era la que había decidido jugar este juego y poner las reglas, así que ahora le tocaba acatarlas.

Continué bailando con Larissa que estaba un poco nerviosa, pero le dije que se relajara, en tanto yo sentía las miradas asesinas de Anastasia y cuando nuestros ojos se cruzaban le sonreía sarcásticamente, no podía negar que los celos me estaban carcomiendo por dentro, porque a diferencia de mí con Larissa, ese tipo si tenía otras intenciones con Anastasia, se la estaba comiendo con los ojos, sin siquiera importarle que su hija estuviera presente en el mismo lugar.

Después que la melodía terminó le di las gracias a Larissa y me acerqué a unos de los meseros para tomar una copa de champagne. Anastasia se paró frente a mí y me recorrió la miraba con rabio cruzándose de brazos.

- ¿Te diviertes? - preguntó con sarcasmo.

- Igual que tú - respondí con ironía.

- Eres un cínico Christian, nunca cambiarás, ¿verdad?

- ¿De qué estás hablando?

- Ay no te hagas el inocente, por favor, te vi con Larissa.

- Sólo estábamos bailando, al igual que tú y su papá.

- Ahora voltéame las cosas.

- No te estoy volteando nada, ¿qué te sucede Anastasia? - exclamé serio por su actitud.

- ¿A mí?, nada, yo no era la que estaba coqueteando.

- Pues yo tampoco, eres muy injusta Anastasia, me pides que no tenga ataques de celos, pero tú sí puedes tenerlos.

- Yo no te he insultado como tú a mí.

- Ya te pedí perdón por eso, estuve a punto de arrodillarme con tal de conseguirlo, ¿ya se te olvidó?

- Pues si no me hubieras insultado en un principio no tendrías que haber hecho eso.

- Ya te he dicho mil veces que estoy arrepentido, acepté tus reglas para demostrarte lo que siento por ti, yo no soy el que tiene dudas en esta relación, porque desde que te conozco no he hecho otra cosa que locuras con tal de estar a tu lado y sé que cometí un grandísimo error al decirte eso en el aeropuerto, pero creo que he hecho cosas mucho más valiosas que al parecer no tomas en cuenta, te he llevado con mi familia en fechas muy especiales, volé desde Europa sólo para arreglar las cosas contigo.

- Porque me mentiste, lo hiciste para remendar tu error, no volaste porque murieras de ganas de verme.

- Claro, yo soy el malo de esta historia y tú una pobre ingenua que se ha dejado embaucar por mí, ¿sabes algo?, ya me cansé de discutir sin sentido contigo.

- ¿Ahora resulta que esto no tiene sentido?

- Pues no, no lo tiene, desde que te conozco sólo he estado con otra mujer porque me di cuenta de que sentía algo más por ti, como para que tú dudes de mí a estas alturas de la relación, encima me exiges cosas que tú no estás dispuesta a dar, aceptaste que las reglas fueron parejas - de pronto caí en la cuenta de algo al recordar la noche que dormimos juntos - no me vayas a salir ahora con que esto es otra prueba, porque no sé cómo reaccione esta vez - se quedó callada y miró al suelo - si esto no funciona será por ti Anastasia no por mí... no tengo la paciencia.

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