La Llaman La Heartbreaker ©✔...

بواسطة AndreaLaCreativa

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Algunas escenas +18 Harley, una chica que fue humillada tras declararse al chico más popular del instituto, d... المزيد

¿Por qué leer LLLH?
Personajes
◾SINOPSIS◾
Playlist
1. Los hombres siempre quieren algo más que solo sexo (CORREGIDO)
2. ¿Estás bien de la cabeza? (CORREGIDO)
3. ¿Lista para perder? (CORREGIDO)
Nota de la autora
Notición Importantísima
¡YA EN LIBRERÍAS!

Prólogo (CORREGIDO)

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بواسطة AndreaLaCreativa


¡Bienvenidos/as, heartbreakers! Espero que esta historia sea de vuestro agrado, que riais, que lloréis, que tengáis ganas de meterle la putiza de su vida a algún personaje que os caiga mal, pero sobre todo, que os sintáis identificados con la protagonista, Harley. A todos, al menos una vez en nuestra vida nos han roto el corazón, por eso he escrito esta historia, que es tanto mía como vuestra.
¡Disfruten de la lectura!

Prólogo

11 de febrero

Hola, Conrad, creo que sabes quién soy, la chica con gafas y brackets que se sienta en primera fila contigo en las clases de Filosofía y Química Avanzada. Quizás alguna vez me has visto mirar en tu dirección a veces, pero no lo puedo evitar, ¡eres tan sexy! Aunque nunca hemos intercambiado palabra, salvo aquella vez que me pediste los apuntes para aquel trabajo de Filosofía hace tres meses y cinco días, quería aprovechar la oportunidad de que se acerca San Valentín para decirte que me gustas, y si quieres salir a tomar algo juntos algún día.

HARLEY.

Vuelvo a releer la nota que recién terminé de escribir en la hora libre que tuvimos ahora en clase de Literatura Avanzada. La profesora no había aparecido porque tuvo que acudir a una directiva o algo así, la verdad es que no me enteré de mucho, y mandaron a una profesora sustituta, la Sra. Fleming, a echarnos un ojo; era la normativa del instituto.

Tampoco es que nos hiciera falta supervisión, teníamos un examen que estudiar para dentro de unos días, estábamos en los finales del último curso, en unos meses terminaríamos el año, y algunos se estaban jugando entrar a la universidad. Sin embargo, daba gracias a mi mente privilegiada que con solo estudiarlo una vez ya lo tengo todo memorizado. Así que, mientras la Sra. Fleming jugaba al Candy Crush en su teléfono móvil y los demás rezaban a todos los dioses por buena suerte en el examen, yo planeaba mis mil maneras de cómo darle la carta a Conrad Black, el chico más popular del instituto, el líder del equipo de fútbol americano y del que tanto tiempo había estado enamorada. Por lo menos desde que comenzamos la "dulce" y "maravillosa" etapa que es el instituto.

Era gracioso, compartimos dos clases juntos, dos veces por semana, durante los últimos años. Es como si el destino intentara decirme que tal vez estábamos hechos el uno para el otro. Mi corazón se emocionaba con solo pensarlo.

Me imaginaba dándole la carta, él reciprocando mis sentimientos, empezar a salir juntos, luego casarnos con unas hermosas vistas frente al mar, y tener dos bebés, un perro llamado Cody, un hámster y vivir felices por siempre.

Fueron muchas las veces que intenté acercarme a él, pero nunca se dio la oportunidad, mis nervios me traicionaban. Tampoco ayudaba que estuviera rodeado de sus compañeros de equipo y que tuviera a un séquito de groupies en fila rogando su atención. Lo comprendía, no solo le precedía su popularidad, sino también lo irresistible que era, aún así, no podía evitar sentir una punzada de celos atacar mi pecho cada vez que una groupie se le acercaba a hablarle. En el fondo, admito que admiro su confianza, eso es algo que yo no poseo.

Ellas estaban buenas, vestían bien, eran lindas, y lo sabían. Joder que si lo sabían. En cambio, yo solo era la nerd con gafas grandes y brackets de colores que vestía con telas que cubrían hasta los tobillos. Para que puedas hacerte a la idea, imagínate a Betty, La Fea. Pues así era yo.

Siempre fui una niña insegura de sí misma, me comparaba con las demás deseando ser como ellas, más confiada y linda para llamar su atención, supongo que era eso lo que me paraba los pies a la hora de intentar acercarme a él. Pero solo queda este último año antes de que emprendamos caminos diferentes para ir a la universidad. Cabe la posibilidad de que nunca jamás le vuelva a ver, y mi sueño de un futuro con él no sea más que eso, un sueño. No pienso quedarme con las ganas de saber qué hubiera pasado si hubiera dicho o hecho algo antes, supongo que ese es el empujón que necesito para saber que, al menos, lo he intentado.

Así que eso es lo hago.

Le pido a la Sra. Fleming salir de clase un momento para ir al baño, es mentira, lo uso de excusa para ir a su casillero en los pasillos y meter la carta entre las rendijas de la puerta sin que nadie me vea. Sé que es el número 224 porque el suyo queda a varios casilleros del mío, otra señal de que es el destino haciendo de las suyas. Si no me equivoco, él debería de estar terminando Gimnasia, solo quedan minutos para que acabe la hora libre, lo sé también porque, bueno, ¿por qué no conocer de cerca al objetivo? Mientras tanto, espero a que pase el tiempo y aprovecho y abro mi casillero para guardar y sacar los libros que necesito para la siguiente clase. El timbre suena en el momento justo en el que entra el equipo de fútbol americano, liderado por Conrad Black. Su entrada es triunfal, digna de una alfombra roja.

Avanza con seguridad por el pasillo, charlando y riéndose de algo que le dice quien creo que es Alex, el guardia ofensivo del equipo. Su cabello rubio luce mojado y un poco despeinado, como si se lo hubiera lavado y no molestarse en peinarlo un poco. Igualmente lo luce perfecto. Viste con unos tejanos y una camisa básica blanca que contrasta con su piel morena. Desde aquí puedo oler lo rico que huele, a un perfume fuerte que deduzco que es uno de esos caros que suele echarse encima.

Como era de esperarse, enseguida comienzan a salir los alumnos de sus respectivas clases, con libretas y libros cargando en sus manos y, detrás, las groupies que chillan fanáticas cuando ven a Conrad, y salen corriendo en su dirección, acorralándolo contra el casillero.

—Conrad, ¡eres tan irresistiblemente sexy!

—¿Quieres que nos veamos esta noche?

—¡Se me mojan las bragas con verte!

—¡Cásate conmigo!

—¿En tu casa o en la mía?

—¡Quiero que seas el padre de mis hijos!

—Conrad, ¿sabes que llamé a mi teta derecha por ti?

Yo arrugo el ceño, se forma una mueca de asco en mi cara, pero ¿qué diablos? ¿Quién le pone un nombre a sus pechos?

Las chicas siguen haciéndole insinuaciones directas, preguntas fuertes y propuestas candentes mientras intenta meter el código de su casillero para abrirlo. Ellas apenas le dejan respirar, y yo me mantengo al margen de esa escena, sintiendo lástima por él. No puedo imaginar lo agobiante y asfixiante que debe de ser tener un grupo de chicas que ni siquiera te permiten hacer algo tan simple como caminar, comer o abrir la pequeña puerta del casillero.

—Chicas, chicas, agradezco esta atención que me estáis dando, pero acabo de salir de entrenar y estoy cansado, ¿hablamos más tarde? —pregunta Conrad, y las demás asienten con intensidad, sonrientes.

Ellas le hacen caso y le dejan abrir por fin su casillero, mis nervios sacuden mi cuerpo y las manos comienzan a sudar cuando le veo sacar la carta que le escribí. Extrañado, la abre y la lee.

—Conrad, ¿qué es eso? —pregunta una de ellas, de cabello castaño.

—Una carta... ¿de amor? —Entonces sus ojos encuentran los míos, los demás también me observan curiosos, juzgando, cuchicheando entre ellos. Nunca en mi vida me había sentido tan avergonzada, no me gusta ser el centro de atención, y menos de esta manera—. Tú... ¿eres Harley?

Tardo unos segundos en reaccionar por los nervios. Asiento. Él señala la carta en su mano.

—¿Tú has escrito esto? —asiento, otra vez. Soy incapaz de formular alguna palabra—. Guau, no sé qué decir... eh...

Él se rasca la parte de atrás de la cabeza, su rostro es una mezcla entre sorprendido, apenado y... ¿avergonzado?

Una de las chicas junto a él le quita la nota de las manos y la lee en alto para que todo el mundo pudiera escucharlo. Todos los alumnos del instituto hacen un corrillo alrededor de la chica queriendo averiguar lo que había escrito. Ella ríe como si le hubiera contado el mejor chiste de la historia.

—Al parecer, Harley está un tanto obsesionada con nuestro líder del equipo de fútbol americano —agita el papel en el aire, señalándome acusativa—, ¿no es así, pequeña Harley? Qué patético, él nunca estaría interesado en alguien... como tú, niña.

Los demás ríen con ella, algunos hasta graban la escena. Mis mejillas arden de la humillación, y bajo la mirada al suelo hasta mis pies, aprieto con fuerza los puños a mis costados. Siento que podría echarme a llorar en cualquier segundo, así que muerdo mi labio. No creí que sucedería de esta manera, esto es mucho para mí. Conrad no dice nada para aliviar la situación, pero puedo sentir su mirada sobre mí, y eso duele. Pero lo que termina por romperme al completo es lo siguiente:

—Lo siento, Harley, no eres mi tipo, ni siquiera te conozco. Simplemente... no.

Su reacción me deja sin aliento, sin palabras.

La amarga sensación del rechazo se asienta en mi estómago. Una parte de mí sabía que algo así podría pasar, pero quería... quería... Joder. Quería que esto fuera de otra manera. Esto se siente más que humillante, ya bastante era con que todo el mundo leyera y escuchara mi estúpida carta de amor, y que Conrad, mi amor platónico de la adolescencia, me rechazara delante de todos ellos... Era demasiado.

Las risas y burlas de los demás quedan atrás mientras huyo. Lo último que quisiera era que me viesen llorar. Corro tanto como mis piernas pueden y me escondo en uno de los pequeños cubículos del baño.

Y ahí, sola, sentada en el retrete y llorando hasta que no me quedaban más lágrimas que derramar, decidí cambiar y construir muros a mi alrededor para protegerme. Me cerraría por completo a las relaciones. Nadie volvería a herirme de esta forma, no dejaría mostrarme vulnerable ante nadie de nuevo. Era mejor así. El amor no valía la pena, y menos cuando lo único que recibías de ello era sufrimiento.



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