Algunas escenas +18
Harley, una chica que fue humillada tras declararse al chico más popular del instituto, decide transformar su vida por completo.
Cuatro años después ha dejado atrás su apariencia tímida e inocente, convirtiéndose en una mujer seg...
—Buenos días, nena —escucho una voz masculina y ronca a mi lado en la cama que me despierta. Tengo que parpadear varias veces para ajustar mi vista a la claridad mañanera de la habitación del campus. Cuando veo al hombre en mi cama, sonriéndome con dulzura, gruño contra la almohada.
—¿Qué haces aquí? —pregunto sonando molesta.
—Bueno, no sé si te acuerdas de algo de lo que ocurrió anoche, pero...
Le corto.
—Claro que me acuerdo, no tomé demasiado anoche — comenté, pensando en lo que ocurrió en la loca fiesta que tuve la noche anterior—, nos besamos, te llevé a mi habitación y follamos. Lo que quiero decir es, ¿qué haces todavía aquí, en mi cama?
Él me mira, confuso. Su rostro se contrae de desilusión cuando por fin entiende lo que le estoy queriendo decir, y se desploma en el colchón.
—Ah... yo pensé que...
—Yo pensé, nada, ya puedes ir bajándote de mi cama y vistiéndote, que no tengo clase hasta por la tarde y necesito dormir.
—Lo que hicimos anoche fue alucinante —dice en voz baja mientras se levanta de la cama e intenta rebuscar entre las sábanas enredadas su bóxer. Él queda de espaldas hacia mí, y antes de que pueda ponérselos, puedo contemplar durante unos segundos su trasero, la verdad es que tiene un buen trasero, y folla bien.
—Sí, sí, dime algo nuevo que yo ya no sepa —suelto irónica.
Esta es la parte que más odio después de tener sexo con un hombre, la mañana del día después. Siempre es la misma historia, los llevo a mi cama, compartimos una noche de pasión y luego amanezco con comentarios como ese. Al parecer, no entienden que lo único que quiero de ellos es solo sexo de una vez. Depende de cómo disfrute, incluso a veces repito, pero nunca pasa de tres veces. Me sorprende que este, del que no me acuerdo de su nombre, aún no me haya hecho la pregunta.
—¿Cuándo nos volveremos a ver?
Bien, creo que hablé demasiado pronto.
—A ver, este...
—Matthew.
—Matthew —Me alegra por fin ponerle un nombre a la cara—, yo no hago estas cosas, salir con alguien, ir agarrados de la mano, robarnos besos, no es mi rollo. No sé si lo entiendes.
—Pero eso no pareció molestarte anoche.
—Suelo ser clara con los hombres antes de tener sexo, pero eso ustedes no lo entendéis —suelto una risa sarcástica—. Solo era follar, sin compromiso, algo de solo una noche que ocurrió y que nunca volverá a pasar. Eso fue lo que hubo entre nosotros anoche. Yo no te debo nada, tú tampoco. Las cosas son así y ya. Lo siento si te hice creer que sería diferente.
Él se lame los labios, agachando la cabeza, luciendo triste. —Vale, eh, no pasa nada. Yo... me voy. Hasta nunca, supongo. —Bien, ahí tienes la puerta.
Mateo, Mario, Matthew, bueno, como se llame, termina de vestirse y sale de mi habitación y también de mi vida. Es una pena, en verdad sí que la pasé bien anoche, había sido uno de los mejores polvos que he tenido nunca. Pero como dije, las cosas son mejor así, sin compromiso, sin complicaciones. A la larga, uno de los sufriría más que el otro y, siendo egoístas, esa persona no iba a ser yo. Una vez llegué a caer fondo por una persona que ni siquiera sentía lo mismo, y desde entonces juré no volver a dejar que me hagan daño de esa manera. Construí muros para proteger mi corazón y me prometí a mí misma que nunca jamás volvería a sufrir por un hombre. Se siente realmente feo estar hasta las trancas por alguien, porque estás permitiéndote ser vulnerable, que conozcan cada parte de ti, cada inseguridad, cada debilidad, para luego ir y hacerte daño con el doble de fuerza.
Siempre dejo claro desde un principio lo que busco y lo que quiero, mi culpa no es si creen que quiero algo más. Para mí, siempre es sexo, sin meter de por medio los sentimientos. Al fin y al cabo, ¿hoy en día quién puede decir que los valora?
Yo lo hice una vez, y mira cómo resultó aquello.
—Parece que has tenido una noche y mañana interesantes...
Intento voltearme para dormir, pero la voz de Jessica, mi compañera de habitación que es, por cierto, bastante simpática, suena desde el umbral de la puerta. Incorporo mi cuerpo hacia ella, y la veo lanzarme una mirada pícara.
—¿Has estado escuchando la conversación?
—Los gritos y gemidos de anoche diciendo: «¡Oh!, Dios, por favor, no pares, ¡sigue!» —Hace un fallido intento de imitarme— y la cara apenada del chico que salió ahora de tu habitación hablan por sí solos.
Ruedo los ojos.
—Yo no grito así.
—¿Ah, no? Pues resulta que tengo en mi teléfono móvil una grabación de audio de todos los sonidos, vulgaridades y maldiciones que soltaste anoche, ¿quieres que te la enseñe?
—¿Qué? ¿Me grabaste teniendo sexo? ¿Por qué?
—Cuidado, he dicho que solo grabé tu voz, ¿por qué querría tener un video tuyo follando? ¡Qué asco!
—Por la misma razón por la que grabaste mi voz —respondo burlona—. Puede ser que tus lecturas eróticas de 50 Sombras de Grey no hayan sido suficientes para satisfacerte a ti misma que tenías que grabarme para ponerte cachonda.
—¡Eh! ¡No metas a mi Christian Grey en esto, él sí que sabe satisfacerme!
—Sí, en tus sueños, porque no es real, es un personaje literario —lo digo para molestarla.
—¿Y quién es Jamie Dornan? ¿Un alienígena?
—Es el actor que protagoniza la película, pero...
—Entonces, ¡sí que existe!
Rio.
—Lo que tú digas, Jess, lo que tú digas.
Ella no dice nada, solo se agacha para agarrar algo del suelo y, de pronto, un cojín sale volando de la nada, impactando contra mi cara.
—¡Au! ¿Eso a qué vino?
Ella se encoge de hombros.
—El karma por decir que Christian Grey no existe, supongo.
—¿El karma? ¿Qué? —Jessica sonríe traviesa—. Oh, no, me las pagarás por esto.
Me levanto de la cama de un salto, me pongo una de las camisetas que dejó aquí olvidada uno de los chicos con los que me acosté para cubrir mi cuerpo semidesnudo, me queda como un vestido, y salgo corriendo detrás de ella, con un cojín en la mano. Y así se convierte mi mañana de siesta post-sexo en una batalla divertida de cojines con mi compañera de habitación.
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