Indeleble || Terminada

By MsMistery19

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El amor no era algo que pueda borrarse o olvidarse de un gomazo, y descubrí que ella causaba el mismo efecto. More

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 11
Capítulo 12
Capitulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capitulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Capítulo 41
Capítulo 42
Capítulo 43
Final.
Epílogo.

Capítulo 10

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By MsMistery19

Poché.

Hoy cumplía con mi tercer día de trabajo, aún me estaba adaptando, porque era muy extraño trabajar en un sex shop, con los pocos días que llevaba aquí, me doy cuenta que la mayoría del tiempo llegan personas muy extrañas.

Cómo ahora, Ana estaba atendiendo a una mujer madura, tenía el cabello colorido, vestía de negro y portaba muchas cadenas y pulseras de plata, por supuesto su apariencia no tenía nada de extraño, lo extraño era su búsqueda en esta tienda.

— Busco un dildo doble color negro con ocho potencias, muy realistico de 22 centímetros.

— No lo tengo de color negro, lo tengo rosa, blanco, con o sin venas.

La mujer soltó un bufido fastidiada.

— Aquí decía que había en negro. — puntualizó mostrando la página web del lugar.

— Suelen llevarlo muy seguidos. — Ana se encogió de hombros. — Pero harán inventario pronto, si quiere esperar puede dejarme su número y yo le aviso.

— Está bien. — aceptó. — Mientras quiero uno del mismo tamaño, pero eyaculador.

— ¿El bote de semen lo quiere de 300 miligramos o 600 miligramos?

— El más grande que tenga. — mencionó en un murmullo.

— Bien. — dijo Ana dándole media sonrisa. — Majo, ve a la parte de atrás a traer el pedido, por favor.

— Claro.

— Serían 267 dólares, señora. — la escuché decir.

Me fui a la parte de atrás para buscar al amigo nuevo de la mujer.

Ana me había explicado cómo se dividían los juguetes, por lo cual ya sabía en qué estante estaba cada tipo de estos, añadiendo la ropa interior comestible y los lubricantes, además de otras cosas de las cuales apenas y descubría su existencia.

Tomé la caja del juguete que pedía la mujer junto al bote que venía con este, salí de la parte trasera para llegar al mostrador de nuevo.

— ¿Hacen descuentos en febrero?— cuestionó la clienta.

— Por supuesto, tanto que le llegan a mojar.

Evité soltar una carcajada al oír las frases célebres de Ana, seguí empaquetando el juguete viendo a la mujer reír avergonzada.

Al terminar le pasé la bolsa con media sonrisa.

— Tenga buen día y disfrute. — deseé con una sonrisa.

— Gracias.

La mujer se iba con una gran sonrisa enmarcada en el rostro, solté una risita y Ana un suspiro.

— Ella es golosa. — comentó.

— Me dejó su número, ahora tendré que pedir otro pito color negro, mierda.

— Lo importante es que no se dejen de vender. — respondí encogiendome de hombros.

— Quédate aquí, tengo que escribirle al jefe sobre el inventario y eso.

Rodó los ojos llevando una tabla de apuntes con ella.

— No hay problema.

— Vende tantos pitos cómo puedas en mi ausencia. — pidió entusiasta.

Negué divertida viendo a mi compañera irse, me recargué en el mostrador jugando con mis dedos, observé el espacio en mi dedo anular soltando un suspiro.

Prefería no portar el anillo conmigo todo el tiempo, no quería que me asaltarán o peor aún, perderlo. Me resultaba más sencillo dejarlo en casa, sin mencionar la parte en dónde parecía que al ocultarlo, el compromiso que había aceptado de una extraña parecía no ser tan real.

Un miedo irracional me invadía con solo pensar en la boda, me ponía peor cuando pensaba en lo que sería mi vida después de eso, muchas preguntabas venían a mi.

¿Daniela y yo íbamos a llevarnos bien?

¿Qué haríamos cuándo tenga la custodia de mi hermanita? ¿Me iría?

¿Y su familia qué pensará si llegan a descubrir todo?

¿Daniela de verdad iba a buscar un lugar dónde vivir? Esperaba que no.

El teléfono vibrando en mi trasero me sacó de mis cavilaciones, lo saqué para observar varias notificaciones.

«Pensando en la reina de Roma»

Daniela me había escrito varios mensajes, aún me parecía extraño tenerla en mis contactos, y que sea básicamente el único que me busque con tanta insistencia.

Daniela.
En línea.

Hola, corazón de melocotón. ✓✓

Fruncí el ceño cuando el mensaje se borró y apareció “escribiendo” otra vez.

Hola, prometida falsa. ✓✓

¿Dónde estás? ✓✓

Evité preguntarle qué había borrado y guardar el secreto para hacerle burla después.

¿Necesitas algo de mí? ✓✓

Tus nalguitas, bombón. ✓✓

Volví a fruncir el ceño, pero un cliente entrando me hizo apartar la vista del celular.

— Buen día, ¿en qué le ayudo?— pregunté con una sonrisa amable.

— ¿No venden café?— dijo viendo todo el lugar.

— No, pero si le interesa ver la tienda no hay problema.

El hombre observó el lugar con detenimiento, se acercó lentamente al mostrador carraspeando su garganta.

— ¿Venden vibradores anales?— susurró.

— ¿Alguna referencia qué tenga en mente?

Luego de cobrarle al cliente y verlo irse, volví a revisar mi teléfono viendo muchos mensajes borrados, iba a escribirle a Daniela, pero una llamada entrante de ella impidió la acción.

— ¿Bueno?— respondí confundida.

— María José, hola, ¿dónde estás?— saludó escuchándose cómo si peleará con alguien.

— Trabajando, ¿necesitas algo?

— Sí, quiero hablar contigo de algo.

— Está bien. — accedí. — Puedes venir a mi trabajo así hablamos unos minutos.

— Mándame la dirección.

Colgué la llamada para enviarle la dirección a Daniela, dejé mi teléfono de lado al ver que llegaba Ana con varios papeles en mano.

— Encontré un vibrador gigante que te hace vibrar hasta la estratósfera, pero es muy caro. — habló con desdén.

Solté una risotada y Ana soltó un bufido dejando los papeles en el mostrador.

Pasó un buen rato en dónde Ana y yo revisamos los papeles que eran inventarios y facturas, la puerta abriéndose nos hizo salir de nuestra concentración.

Daniela había llegado al lugar con ropa de equitación y botas, luciendo elegante y a la vez sexy con el cabello castaño hacia un lado.

— Uh, ¿qué querrá esa sexy jinete?— me codeó Ana con una sonrisa. — Un vibrador es una opción.

— Viene a hablar conmigo, ya vuelvo. — le avisé.

Ana alzó sus cejas dándome una cara pícara, la ignoré acercándome a Daniela quién veía el lugar con el ceño fruncido.

— Ah, ahí estás. — dijo clavando su mirada en mí.

— Aquí estoy, ¿qué pasa?

— ¿Tú no eras mesera en el hipódromo?— cuestionó viendo el lugar.

— Renuncié y encontré este trabajo. — le expliqué, ella frunció el ceño.

— ¿Por qué?

— Un problema con el jefe.

— Podemos matarlo, si quieres. — sugirió, reí.

— No, estoy bien no yendo a la cárcel, además la paga es mejor aquí.

— Son muchos penes...— murmuró, ella sacudió su cabeza. — Vine por ti.

— Estoy trabajando. — le recordé.

— Cuando salgas.

— No lo sé, tal vez Liz me llame y tenga que ir a trabajar también.

Daniela me dio un vistazo antes de sacar su teléfono, la vi expectante, llevó el aparato a su oreja y cuando parecieron responderle lo puso en altavoz.

— ¿Qué quieres, babosa?— respondió mi jefa.

— ¿María José tiene trabajo contigo?

— Hum, déjame-

Le arrebaté el teléfono a Daniela para colgar la llamada, devolví el teléfono poniéndolo en su pecho dando media vuelta para irme.

— ¿Qué te pasa?— inquirió deteniendome para encararla.

— Suficiente, el hecho de que tengamos que estar juntas no significa que vas a manejarme a tu antojo.

— ¿Manejarte?— arrojó confundida. — Vamos a casarnos en un mes, no sé si lo recuerdas, pero eso da trabajo.

— Ya lo sé, pero no voy a depender de tus tiempos, si no puedo no iré a ningún lado contigo y te esperas.

— Pero-

— Y si tanto te preocupa la fecha, se pospone. — la interrumpí soltándome de su agarre. — Ahora vete, debo seguir trabajando.

Daniela parpadeó rápidamente quedando con el teléfono en el pecho, apretó los labios para dar media vuelta e irse.

Pasé una mano por mi frente para volver al mostrador.

— Eso, no demuestres debilidad, Majo.

Le di una ligera sonrisa a Ana.

— Es muy loco que te cases, no lo había pensado. — comentó.

— Yo tampoco. — solté un suspiro. — ¿Seguimos con esto?

— Claro.

Parte del día Ana y yo seguimos en la tienda, algunos clientes venían para comprar o otros salían corriendo.

Dejé una caja en el suelo cuando mi teléfono vibró, lo saqué observando varios mensajes de mi otra jefa.

Liz.
Última vez 6:58 pm.

Gato encuerado, no tienes trabajo hoy. ✓✓

Nos vemos mañana. ✓✓

Di un bufido, esperaba distraer la mente con trabajo está noche. Después de esos mensajes, Ana cerró la tienda y me dio una breve despedida tomando su camino.

Iba a tomar el mío cuando unos pasos detrás de mi me hicieron voltear, ahí estaba, con la misma ropa de la tarde y una expresión de timidez en su rostro.

— ¿Me esperaste?— Daniela asintió lentamente. — ¿Por qué?

— Si me iba no contestarías mis llamadas o mensajes, quería tener la seguridad de que iba a hablar contigo.

La observé con atención, viendo su postura inquieta.

— ¿De qué quieres hablar?— cuestioné. — Dilo, para irme pronto.

— En realidad, mamá quería que fuéramos a cenar y-

Se calló al verme soltar un suspiro, pasé una mano por mi frente.

— ¿Qué?

— De esto hablo, Daniela. — me miró cómo si tuviera tres cabezas. — ¿Tú madre cuándo decidió hacer la cena?

— Hace dos días, creo.

— ¿Y me lo dices hasta ahora?— respondí, se quedó en silencio. — ¿Ves? No voy a depender de tus tiempos, ni voy a seguirte porque así lo dispones. — negué viendo a un costado. — Tienes dedos para escribir o llamar, pudiste haberlo dicho hace un día, así yo diría: ah, está bien, haré un espacio e iremos a la cena. Así funciona.

Ella rascó una de sus cejas con una mueca.

— Está bien, te llamaré con anticipación para cuando pasen estas cosas.

— Gracias. — dije. — Ahora, iré a la cena, pero que no se vuelva a repetir.

Daniela asintió para darme el paso señalando el coche, negué ligeramente empezando a caminar hasta allá.

Esperaba no tener sorpresas en la cena.

•──── ♘ ────•

Habíamos llegado a la casa de la madre de Daniela hace varios minutos, nos recibió cómo siempre muy contenta, Mafe prácticamente me abrazó solo para secuestrarme y llevarme lejos de su hija encontrándome con Juliana.

— ¡Majo, es una maravilla verte!

Recibí otro abrazo emocionado, reí abrazando a la rubia.

— Mafe, la carne está en el horno ya. — informó Juliana.

— Genial. — respondió la mujer. — ¿Nos ayudas, Majo?

— No quiero incendiar la casa, así que me encargo de otra cosa. — bromeé riendo.

— ¿No sabes cocinar?— Inquirió Juliana.

— No.

— Pues estás de suerte, Daniela tiene mi toque en la cocina, así que cuando se casen hazla cocinar. — comentó Mafe burlona.

— Ya era hora que llegara alguien a gobernarla.

Juliana y Mafe soltaron una risotada, me limité a sonreír, mientras mi suegra postiza me pasaba una tabla y verduras, así le ayudaba a picarlas.

Pasaron unos minutos cuando Daniela apareció con el cabello húmedo y ropa más cómoda.

Me dio una sonrisa que me distrajo por completo, logrando que sienta la hoja del cuchillo en mi dedo.

— Carajo. — susurré.

— ¿Majo, estás bien?— preguntó Mafe preocupada.

— Sí, solo un pequeño corte. — expliqué.

— Iré por el botiquín.

— No es-

Mafe se iba de la cocina luego de bajar la llama de la estufa sin dejarme responder, suspiré y Juliana se retiró de la cocina al oír su teléfono sonar.

Sentí una presencia detrás de mi, cerré los ojos unos segundos al sentir una oleada de jabón de baño con olor a frutillas.

— Siento que eres un panda que debo cuidar a cada momento. — mencionó la castaña plantándose enfrente de mi.

Solté una risita al ver la nariz arrugada de Daniela, ella tomó mi mano observando mi dedo el cual sangraba un poco.

— ¿De qué te ríes?— indagó divertida.

— Arrugas muy raro la nariz cuando reclamas algo. — respondí sonriendo.

— ¿Te burlas de mí, Garzón?

Mi sonrisa se borró provocando que abriera y cerrará la boca la boca sin saber que decir, al ver cómo Daniela llevaba mi dedo a su boca para chuparlo.

— Sí...— murmuré tragando grueso.

— Eso quiere decir ya no estás molesta conmigo. — respondió viéndome de forma profunda.

Se acercó sin soltar mi mano, su nariz rozó la mía delicadamente, mi pecho subía y bajaba revelando la agitación de este.

— Creo que no.

Me dio una sonrisa torcida que me hizo agitar mi pecho, entreabrí mis labios sintiendo el aliento de Daniela sobre mis labios.

— No encontraba las curitas, pero aquí están.

Nos separamos de golpe al oír la voz de Mafe.

— Vamos a curar ese dedo ya que mi hija los ha de amar. — acotaba Mafe burlona.

— ¡Mamá!— se quejó Daniela.

Una risotada de mi suegra postiza y un dedo curado después estábamos sirviendo la cena, la voz de Mafe muy contenta contando una de sus tantas anécdotas de su hija.

Juliana había aparecido hace unos minutos disculpándose, diciendo que tenía una llamada importante que atender, el esposo de Mafe llegó para acompañarnos, pero no venía solo.

— ¿Papá?— dijo Juliana asombrada.

— Buenas noches a todos. — saludó el señor Calle dejando caer su mirada en mí.

— ¿Qué haces aquí? ¿Se te olvidó que te divorciaste de mamá y ya no vives aquí?— soltó Daniela tomando asiento.

— Siempre se le olvidaba. — mencionó Mafe sonriente.

— Del porque nos divorciamos no, Fernanda. — respondía el señor Calle.

— Toma asiento, te diría que hice tu comida favorita, pero en realidad no recuerdo cuál es.

El padre de Daniela tomó asiento en la mesa con semblante serio, en cambio Mafe parecía muy sonriente dándole de cenar a Mike.

Observé a la castaña a mi lado y ella tomaba vino muy serena, entretanto Juliana parecía responder mensajes. ¿Acaso van actuar así con esos comentarios en plena cena?

Mafe terminó de servir la mesa y todos nos dispusimos a comer, toda la familia teniendo interacciones muy triviales sobre sus vidas. Por mi lado, decidía callar y comer.

— ¿Y qué hay de ti, María José? ¿Tú familia vendrá a la boda?

O eso creía. Alcé mi vista y el señor Calle llevó un bocado a su boca observándome expectante.

Tragué el bocado tomando un poco de vino.

— En realidad, mis padres fallecieron hace muchos años, únicamente tengo una prima, pero no vive aquí.

— Oh, linda, lo lamento mucho. — mencionó Mafe tomando mi mano.

— No teníamos idea. — secundó Juliana.

— Pasó mucho tiempo ya. — respondí sintiendo la mirada de Daniela en mi.

— Que conveniente para ti, Daniela.

La castaña tiró el tenedor con fuerza sobre el plato.

— Claro, papá, tan conveniente cómo tú con las secretarias que cambias cada mes. — respondió con una sonrisa falsa.

— ¿Y tú prima vendrá a la boda?— cuestionó Germán.

— En realidad no le he dicho nada aún. — contesté tímida.

— Todo a su-

— ¿Por qué no?— interrumpía a su hija el señor Calle. — Es una noticia de felicidad, ¿no?

— ¿Quiere preguntarme algo directamente, señor Calle?— cuestioné frunciendo los labios.

La mesa se quedó en silencio ante mi respuesta, un aire denso había arrebatado toda buena vibra.

El padre de Daniela se cruzó de manos colocando los codos en la mesa al dejar los cubiertos de lado.

— Solo quiero conocer a mi futura nuera. — respondió.

— Tranquilo, papá. — Daniela empezaba a jugar con la copa de vino en la mesa. — Al menos María José no es la trepadora con la que le pusiste el cuerno a mamá.

Apreté la mano de Daniela obteniendo su mirada.

— No es necesario...— musité.

Se escuchó un carraspeo de garganta en la mesa.

— Querida, la cena te quedó exquisita cómo siempre. — soltó Mike.

— Agregué nuevos condimentos, puede que sea eso.

La cena transcurrió en una dinámica dónde, Mafe, Mike y Juliana hablaban de cualquier tema. Sin embargo, temía que si soltaba la mano de Daniela por debajo de la mesa, esta se echaría encima de su padre para ahorcarlo.

Al finalizar la cena, Daniela se puso de pie de golpe para perderse del comedor con su padre yendo detrás de ella.

— Hay que lavar esto. — dijo Mike.

Ayudé a recoger los platos y a lavarlos junto a la hermana de Daniela y Mike, la rubia no dejaba de mencionar muy emocionada de una boutique en dónde venden vestidos de novia hermosos.

— Tengo revistas y podemos buscar un diseño adecuado para ti. — comentó Juliana.

— Solo si Mike ayuda.

Él se puso una mano en la cintura sacando la cadera.

— ¡Búscate la indicada!— exclamó con voz chillona. — Ay, mi amor, estaría encantada de hacerlo, guar.

Empezamos a reír al ver el rugido juguetón de Mike, pero este se ponía erguido otra vez al ver a su esposa llegar a la cocina con revistas en mano.

— ¿Qué hacen?— indagó Mafe.

— Lavaba los platos cómo el macho pecho peludo que soy. — replicó Mike con voz ronca.

— Sí, claro.

Mi suegra postiza se acercaba a su esposo para darle una caricia tierna en la mejilla sonriente.

— Andando, andando, tenemos que ver estas revistas porque los días corren, pero los preparativos de la boda no.

Prácticamente fui secuestrada por Mafe y Juliana, nos sentamos las tres en el mismo sofá de la sala, quedando en medio de las dos, mientras me pasaban la revista.

— Mira este, es divino. — señaló el primero.

— Pero este cortándole las mangas y dejando una capa larga, sería más hermoso.

De pronto me sentí risueña al oír las batallas de que vestido me quedaría mejor con la que se suponía era mi suegra y mi cuñada. Al final me metí a la batalla observando los vestidos, en dónde me imaginaba con ellos, pero Mafe o Juliana no, para luego reírnos al ver diseños sumamente feos.

Por un momento me emocioné al sentirme rodeada de un repentino cariño que apareció casi de la nada.

Pasó el tiempo y entonces Daniela apareció en la sala.

— ¡Hasta que volviste!— exclamó Juliana.

— Es que me encargué de sacar un pejelagarto. — replicó lanzandose en el sofá pequeño.

— No le digas así a tu papá, Daniela. — regañó Mafe.

— Cómo si tú no lo tratas peor, no me quejo porque es divertido.

La castaña llevaba un dulce a su boca para dar una sonrisa de boca cerrada.

— ¿Qué hacen?— indagó.

— Vemos vestidos de novia para Majo. — respondió su madre obvia.

— ¿Puedo ver?

— ¡No!— exclamaron a unisono Mafe y Juliana.

— Es de mala suerte, ¿qué te pasa?— reclamó la hermana de Daniela.

— ¿Y a mí quién me ayudará a escoger con el mío?

— Nosotras, pero otro día. — aclaró Mafe. — Primero iremos con el de Majo y luego con el tuyo, de todos modos tenemos que ir a la boutique a hacer las pruebas.

— Cómo digas, reina roja.

— Por cierto, ¿quiénes serán las damas de honor?— me preguntaba Juliana.

— También hay que escoger los vestidos de ellas.

— Escoger el banquete. — dijo Mafe.

— Las flores. — secundó Juliana.

— El pastel.

— Las invitaciones.

— ¿Qué van a escoger hasta la ropa interior?— arrojó Daniela con una mueca. — Dios, me aturden.

— No seas grosera. — soltó Juliana.

— Ni sias grisir-

Mafe le lanzaba un cojín a Daniela justo en la cara haciéndola callar, reí por lo bajo al ver cómo resoplaba un mechón rebelde que se cruzaba por su rostro.

— No te estreses, corazón, será divertido. — dije burlona.

— Mejor escojamos la luna de miel, Garzón. — replicó alzando sus cejas fugazmente.

— Uuuy. — canturrearon Mafe y Juliana.

— Calla.

Las burlas de Mafe y Juliana solo provocaron que tuviera la capacidad de hervir agua en mi cara, por lo caliente que se puso.

Observé a avergonzada y Daniela solo me guiñó un ojo divertida.

Después de escuchar más ideas, hacer una lista de todo lo que sucederá en la boda y de Mafe prometiendo buscar una wedding planner, Daniela decidió que era buena hora para irnos.

Mafe se despidió de mi dándome un apretado abrazo al igual que Juliana, recordando que nos veríamos pronto para más planes de la boda.

Daniela aparcó el coche enfrente de mi edificio, me observó para esbozar una ligera sonrisa.

— ¿Qué pasa?— indagué al sentir su mirada.

— Estaba pensando que tuve que proponerte matrimonio para que me aceptarás los aventones.

Rodé los ojos escuchando su risa.

— Algún día has de aceptar los dólares que te debo. — recordé, ella arrugó la nariz.

— No lo creo.

Ambas nos observamos para soltar una pequeña risa, dejamos de reír sin perder el contacto visual.

Suspiré apartando la vista rápidamente.

— Bien, debo entrar.

Estaba a punto de salir cuando Daniela tomó mi mano, impidiendo la acción, la miré confusa.

— ¿Sigues molesta por lo de la tarde?— cuestionó.

— Ya hasta se me había olvidado. — repliqué riendo ligeramente.

— Eso es bueno saberlo.

— ¿Pero...?

— No sé, no te creo. — fruncí el ceño. — Deberías darme un comprobante para saber si estamos bien.

— ¿Comprobante?— indagué riendo. —¿Acaso quieres que lo escriba en un papel?

— ¿Qué tal si lo escribes en tu boca y me das ese comprobante?— contestó inclinándose con una sonrisa.

— No, porque...— murmuré tragando grueso. — Has gastado tus cartuchos de besos falsos.

— ¿Besos falsos?— Inquirió acercándose más. — Créeme, cariño, podrán ser todo menos falsos.

— Son falsos, y ya debo irme.

Abrí la puerta del coche, pero ella me jalaba de la mano evitando que salga.

Su rostro quedó a escasos centímetros del mío, su respiración se agitó provocando que el pulso se me subiera de golpe.

— Si los besos son falsos... — murmuró en mi boca, respirando pesado. — Deberías darme uno de verdad para probar ese lado de ti.

Sus dedos se posaron en mi mentón, su mirada pareció carcomer la mía de una forma jamás descrita.

Iba a suceder, si Daniela y yo nos besábamos, no sabía si iba a tener el control de detenerme, podría...

Salí de mi hechizo cuando mi teléfono vibró con insistencia en mi bolsillo, me separé de ella para buscar el aparato, al encontrarlo el número de Claudia apareció en la pantalla.

— Debo contestar. — hablé apurada. — Buenas noches, Daniela.

— Espera, espera.

Salí del coche rápidamente sin esperar una respuesta, caminé lo más rápido posible hasta la entrada del edificio, cuando quise responder la llamada se había terminado, pero este volvió a vibrar.

— Clau, hola. — saludé agitada, subiendo los escalones.

— ¡Poché, que alegría oírte!

— Se nota. — dije evidente. — ¿Qué haces despierta tan temprano? ¿No son cómo seis horas de diferencia?

— Lo es, tienes razón. — la escuché reír. — Pero Ander planeó un viaje con su familia, ya sabes para conocerla, ya les dio la noticia pero no nos conocemos formalmente.

— Oh, eso es bueno, ¿no?

— Sí, pero admito que estoy asustada. — confesó.

— ¿Por qué?

— Ander dice que son muy reservados, no lo sé.

Llegué a la entrada de mi hogar para buscar la llave.

— Bueno, eres un poco loca, pero podrás con ello. — respondí metiendo la llave a la chapa.

— ¿Es tu forma de halagar mi bella personalidad?— Inquirió mi prima.

— En realidad, es una forma de no decirte que eres una cabra de cerro.

— Golpe bajo. — rió. — ¿Y tú qué me dices? ¿Cómo va todo?

— Bueno, debo decirte algo importante.

— ¿Mataste a alguien? No me digas eso porque-

— Voy a casarme en un mes. — declaré.

Se escuchó silencio al otro lado de la línea, aparté el aparato de mi oreja para ver si Claudia seguía en la llamada.

— ¿Clau?

— ¡¿Pero qué mierda?! ¡Que emoción! ¡¿Cuándo pasó?!— gritó eufórica.

— Hace poco, pero sabes cómo eso de la vida solo es una.

— ¡¿Y la loca soy yo?!— soltó una carcajada. — Espera, ¿en un mes? ¿En serio?

— No espero la hora para estar al lado de mi prometida.

— Dios, todo es tan loco viniendo de ti, no me lo creo. — soltó un chillido. — Vas a invitarme, ¿cierto? Porque juro que si no lo haces te mato.

— Eres mi única familia, por supuesto desearía que estuviera conmigo.

— ¡Oh por Dios! Debo avisarle a Ander, así hacemos espacio para ir allá. — empezó a hablar apurada. — Hablamos luego.

Claudia colgaba la llamada de golpe, suspiré yendo al baño para darme una ducha e irme a dormir, me coloqué una pijama yendo a la cama para lanzarme a ella viendo al techo.

Cerré los ojos y no supe más.

•──── ♘ ────•

Sentía mis piernas débiles y la respiración hecha de un desastre, sus dedos se clavaban en mis muslos gimiendo en mi oído.

— María José...— susurró cadenciosa.

Gemí en respuesta al sentir un mordisco en mi oreja, mientras su mano la cual apretaba mi muslo con fiereza, hacía un lado mi ropa para colarse en mis bragas.

— Daniela, espera, esto-

Ella acarició mi labio inferior con su pulgar callando toda palabrería de mi, solo para sacar un gemido ronco de mi al embestirme con sus dedos dentro de mí.

Mis caderas se movieron contra ella, aferrándome a su cuello al sentir el entrar y el salir de sus dedos que jugaban con mi húmedad.

— ¿Esto te parece falso, cariño...?

Desperté de golpe con la respiración agitada, sintiendo mi entrepierna húmeda y palpitante.

— Esa maldita. — murmuré molesta.

Tomé la almohada para aplastarla contra mi cara y ahogar un grito en ella, la lancé lejos dando un resoplido viendo al techo.

Llené de aire mis pulmones observando mi mano observando la curita, rememorando cómo Daniela había chupado ese dedo.

Acaricié mis labios despacio, inquieta.

Me puse a pensar que, a pesar de todo está locura del matrimonio falso, Daniela era cómo un estuche de monerías, cada vez sorprendiendome más, y para mí mala suerte hasta en mis sueños ahora.

Cerré mis ojos unos instantes, una imágen de ella viniendo fugazmente de cómo vestía hoy en la tarde y cómo esos trajes de equitación para ser hechos solamente para ella, asimismo para recordar también cómo estaba a punto de perder el control cuando me vino a dejar a casa.

Lo pienso y solo llego a la conclusión de que hubiera sido un error de mi parte.

Aún podía percibir su perfume, la respiración agitada de Daniela, recordando el sabor de sus labios...

Mi mano bajó por mis clavículas paseando por mis pechos y abdomen, cuando toqué el borde de la pijama mi respiración se aceleró. Mi mente me jugó una mala pasada, y lo sabía al meter mi mano en mis bragas abriendo mis piernas.

Liberé un pequeño suspiro agitado cuando acaricié suavemente los labios mayores de mi vagina, encontrándome con la húmedad que había provocado mi sueño, solté un quejido cuando encontré mi clítoris, mojado, hinchado y caliente, totalmente listo para ser frotado.

Comencé a mover mi dedo medio sobre el, empapando toda la extensión de mi coño palpitante para mover mis caderas con fuerza sobre la cama.

Mi mente solo creando más imágenes del sueño que había tenido, en dónde Daniela era la protagonista y me cogía sin inhibición.

Cuando llegué a la cúspide de mi orgasmo, abrí mis ojos con la respiración desastrosa, pensando en que la tarea que creía fácil, no lo sería para nada.

Días después.

El tiempo ha pasado, extrañamente todo ha salido bien por los momentos, había obtenido mi primera paga en mi nuevo empleo y eso me pareció genial. Fue lo suficiente para al menos tener una despensa decente, añadiendo que había pagado la renta del mes.

Los preparativos de mi boda con Daniela también han avanzado, y por ello nos hemos visto continuamente al igual que su madre y hermana. Ellas son las más emocionadas con el asunto, Daniela y yo ni siquiera parecíamos las futuras esposas.

Debo suponer, que era por nuestra extraña distancia desde la última vez que casi nos besamos en su coche, parece que ambas marcamos un límite silencioso y para mí suerte eso me ha funcionado muy bien.

Todo iba cómo lo que realmente era, un trato entre ambas y listo.

No obstante, no puedo decir lo mismo del caso de mi hermanita, aún estaba detenido y eso me frustraba un poco, pero Maia había llamado hace unos días diciendo que tenía noticias. En este momento estaba en su oficina, esperándola, al parecer tenía el tiempo justo solo para verme.

La puerta abriéndose me indicó que había llegado, la vi rodear su escritorio con un folder en mano para acercarse a un archivero, pareció sacar otro folder y entonces ahí pude verla de frente.

Me sonrió y correspondí su sonrisa.

— Es bueno verte. — saludó.

— ¿Dirás eso cada vez qué me veas?— dije jocosa, la vi acercarse a su escritorio.

— Bueno, tal vez lo cambie por una frase más poética, ¿te parece?

— Dame una prueba. — alenté sonriendo.

— Cómo era...— murmuró pensativa. — Es bueno verle cuando tiene una mirada en dónde con gusto se pierde.

— Vaya, salió tu lado poeta. — respondí riendo. — ¿Es de algún libro?

— Puede ser. — contestó sonriente, tomando asiento en la punta de su escritorio.

— Es lindo.

— Bueno, me gustaría recitar más poemas, pero debo darte noticias.

— ¿Buenas o malas?— dije frunciendo los labios con miedo.

— Puedes juzgarlo por ti misma. — mencionó. — Ya hay juez para el caso de tu hermanita, es un amigo cercano y me prometió que se concentraría en tu caso, puede que pronto tengamos un juicio sobre eso, al tenerlo se puede apelar y si todo sale bien, podrías tener a tu hermanita contigo algunos fines de semana.

— ¿No es juego?— Maia negó, me puse de pie. — ¿Me lo juras?

— Te lo juro, María José.

Solté un chillido de emoción y sin pensarlo me abalance sobre Maia rodeando mis brazos sobre su cuello.

— Gracias, gracias, gracias. — murmuré en su oído.

Ella rodeó sus brazos con fuerza apretando mi cintura.

— No hay de que. — susurró en mi oído.

Me separé de ella sonriéndole, arreglé un mechón de mi cabello llevándolo detrás de mi oreja, el rostro de Maia parecía un poco más rojo, reí.

— Estás roja. — comenté.

— ¿Yo? No digas tonterías. — respondió apartando la vista.

— Dios, parece irreal todo, venía con las esperanzas en el suelo. — declaré alejándome un poco de ella.

— Bueno, eso cambiará, el pronóstico es muy bueno.

— Vaya que lo es. — murmuré viendo los ojos grises de Maia.

Luego de un poco más de charla, fuimos interrumpida por la secretaria de Maia, me puse de pie para salir de su oficina.

— Entonces me llamarás, ¿no?

— Por supuesto. — afirmó llevando las manos a sus bolsillos. — Te avisaré cualquier cambio.

— Genial, nos vemos después.

Dejé un beso en la mejilla de Maia, le sonreí viéndola corresponder mi sonrisa, evité hacerle burla otra vez al verle las mejillas rojas.

Salí del lugar para comenzar a caminar, se suponía que tenía un cliente hoy, pero tenía tiempo antes de ir al trabajo con Ana, tal vez podría aprovechar y desayunar algo.

O eso creía, pero creo que mi teléfono vibrando no lo permitiría.

Lo saqué de mi bolsillo viendo el nombre de Daniela, alcé las cejas sorprendida, no solía llamarme tan temprano y menos los días en dónde se supone que no tenemos que vernos.

— ¿Bueno?— respondí.

— Hola, María José. — saludó. — ¿Dónde estás? ¿Trabajando?

— No, en realidad vine a ver a mi abogada.

— ¿A Price?— inquirió.

— Sí.

— Ah. — murmuró. — ¿Y sigues ahí?

— No, ya salí, estoy cerca de su despacho, ¿por qué?

— Busca un asiento o algo, pasaré por ti.

Me colgó de golpe sin dejarme responder, a veces Daniela me parecía un poco imposible de entender y tratar.

Busqué la parada de autobuses para tomar asiento ahí y esperarla, le envié un mensaje diciéndole donde estaba exactamente, pasaron los minutos y varios autobuses llevando a otras personas hasta que ví su coche aparcarse enfrente de mi.

Me puse de pie para dirigirme a la puerta de copiloto, abrí esta para adentrarme al coche, el perfume de Daniela no pasó desapercibido para mí.

— Hola de nuevo. — saludó, le di una breve sonrisa viendo cómo arrancaba el coche.

— ¿Qué veremos hoy?— le pregunté. — Supongo que para eso me llamaste.

— No, hoy estamos libres de mi madre y hermana. — respondió, fruncí el ceño.

— ¿Y entonces?

— Ya llegaremos, no te preocupes. — replicó, dejé de insistir. — ¿Cómo te fue con Price?

— Excelente, me dio buenas noticias.

— Que genial. — murmuró.

El resto del camino no dijimos nada más, me dediqué a enviarle un mensaje a Ana diciéndole que podría llegar un poco tarde, ella aceptó.

Daniela manejó un buen rato, hasta que mi ceño se frunció al ver un vecindario que se consideraba de clase alta.

— ¿Qué hacemos aquí?— pregunté viendo su perfil.

Ella detuvo el coche enfrente de una casa con un letrero que decía “sold out”. Daniela bajó del coche para rodearlo y abrirme la puerta, me hizo una señal con su cabeza pidiéndome bajar.

Bajé del auto observando la fachada de la casa, no era una enorme casa, pero si lo suficientemente refinada.

— ¿Qué te parece?— preguntó la castaña a mi lado.

— Es linda, ¿vive alguien aquí?

Observé el perfil de mi acompañante, ella enlazó su mirada brevemente antes de empezar a caminar a la entrada.

— Todavía no, porque es nuestra casa.




































































Poché en el próximo capítulo:

Meta: 150 votos.

No iba actualizar, pero son 8 añitos, así que aquí está el cap.

Nos leemos el jueves (creo) ahí se ven, y si no busquen un espejo. Byeeee.

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