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Hoy era un día como cualquier otro, me encontraba en la cafetería del campus con mi hermana Mackenzie, aunque yo siempre la llamé Mc, costumbres de la infancia. Nos encontrábamos en nuestro desayuno cotidiano, charlando sobre nuestros planes del día.

- ¿Sabes? Hoy me llegó un mensaje algo extraño. - Menciona mi hermana mientras sorbe el café. Mi mirada se vuelve confusa ante sus palabras.

- ¿Qué tipo de mensaje?

- Deja que te lo enseñe, es de un chico, dice que si puedo ir a un lugar.

- ¿Para? - Pregunto desconfiada, sinceramente este tema parecía un timo o algo peor.

- Para poder encontrar al propietario del celular que se ha encontrado. Ay, parece muy simpático.

No pude evitar soltar un suspiro de resignación, Mc siempre fue una chica con alma de puritana, adoraba ayudar a los demás de manera genuina. Era demasiado inocente, y eso me preocupaba porque ya había sufrido altercados por intentar ayudar a alguien, a veces odiaba su complejo de salvadora.

- Tan solo ten cuidado Mc... ¿quieres que te acompañe? No quiero que vayas a un lugar desconocido bajo las indicaciones de un sospechoso.

- Ay Leah no seas tonta, ya tengo 18, puedo cuidarme sola. - Me reprocha cruzándose de vasos, con un gesto molesto.

- Aunque tengas 18, nunca dejaré de velar por tu seguridad.- Respondo toscamente, odio cuando despreciaba mi preocupación e ignoraba la lógica, ¿Quién acudía a una cita con un desconocido a un lugar desconocido?- Haz lo que quieras, tú sabrás que haces. Bueno, nos veremos luego, ya me cuentas tus aventuras de salvadora.

Sin dejarla responder me levanté bruscamente de la mesa, recogí mis cosas y me marché. Reconozco que no debí irme de esa forma, pero estas conversaciones entre nosotras siempre se convertían en peleas; ella nunca pensaba en el peligro de sus acciones y yo no podía dejar de recordárselo.

El día pasó de forma tranquila, asistí a mis clases y acudí a mi trabajo. Cuando volví a mi casa, encendí mi teléfono con la sorpresa de no encontrar ningún mensaje de mi hermana. Esto era extraño, no habíamos peleado en sí, y aunque nos hubiéramos peleado siempre me escribe, sobre todo tras vivir sus "aventuras de puritana". No puedo evitar preocuparme, así que decido llamarla.

Suena el teléfono, pero no me lo coge.

Vuelvo a llamar, y de nuevo sin respuesta.

Siento una gran preocupación, mis manos tiemblan ligeramente ¿y si ha pasado algo? No me lo creo, no quiero creerlo.

Agarro mi portátil, que se encontraba sobre la mesa de mi habitación. Lo enciendo, espero a que cargue y una vez que puedo operar en él comienzo a rastrear a mi hermana. En estos momentos doy gracias a mis habilidades informáticas, algunos dirían que soy una hacker, aunque no creo saber tanto para llamarme así.

Sé que es ilegal lo que hago, pero nunca intenté usar mi conocimiento para actos criminales o para beneficiarme. Un antiguo amigo me enseñó en su tiempo, y poco a poco fui aplicando y adquiriendo la información necesaria. Únicamente lo uso para controlar la ubicación exacta de Mackenzie cuando sospecho que está en peligro. Debería confiar más ella, aun así algo me dice que esta vez si se ha acabado en una situación peligrosa.

Finalmente el ordenador termina de cargar mis comandos, revelándome la ubicación de Mc. Trago saliva antes de mirar, asustada. No puedo evitar tener un presentimiento, pero cuando miro, me encuentro con que se encuentra en un piso con una localización dudosa. El GPS no especifica dónde se encuentra el piso, cosa que me hace sospechar bastante.

Estiro un poco mi cuello y mis articulaciones, dispuesta a averiguar la localización de aquel extraño piso. Cojo un vaso de agua y comienzo a teclear buscando romper la barrera que me impide acceder a la información que quiero. Me lleva más tiempo del que pensaba, quizás unas 6 horas, pero parece que el sistema se debilita permitiéndome obtener lo que estaba buscando.

 Entre dos verdades (Mystic Messenger) Příběhy, které tě pohltí. Začni objevovat