—A veces para ser un superhéroe no necesitas pelear contra el mal de afuera, sino contra el mal que se encuentra dentro de ti—.
—Me refiero a aquello que te lastima y lastima a los demás. Ese odio que llevas dentro, el dolor causado por alguien en quien depositaste tu confianza y te falló. Los sueños que jamás se llegaron a cumplir porque en vez de ir hacia adelante ibas en la dirección contraria. El darte cuenta que hiciste lo correcto, lo establecido, pero las cosas no salieron como querías. La envidia que te da el ver que los demás avanzan y tú sigues estancada. De eso te hablo, ¿Me entiendes Margarita?
—¡Claro que te entiendo!
Estábamos parados en un desierto de sal, en una noche fría y el cielo lleno de estrellas. Siendo aproximadamente la media noche, acompañada de este hombre con aspecto de gigante con alas, Rûaj. Un ser extraordinario, él llevaba puesto una armadura en todo el pecho y un casco de bronce que lo entallaba perfectamente. El casco tenía agujeros en los ojos, sus ojos brillaban como fuego ardiente, sus cabellos eran rizos de color blanco mezclado con ceniza y llevaba una capa tan blanca que brillaba con una intensidad increíble. Sus alas eran enormes y alrededor de cada pluma tenía oro. Y yo a su lado estaba vestida con un vestido blanco con costuras en oro y detalles de oro en cada acabado, ajustado arriba y la falda en forma de pétalos de flor de margarita, 5cm antes de la rodilla. Un cinturón en la cintura de color dorado, unos converse en blanco con detalles dorados. Y una corona de laurel de oro, pero sin ninguna piedra. Y como olvidar el collar que llebaba puesto, la cadena es de cuero con una piedra blanca larga que cuando la ves de cerca, se nota mi nombre escrito y unas estrellas que brillan dentro de ella. Y aquí estamos, hablando de mis debilidades;
—¿Sabes Margarita porque no tienes ninguna piedra en tu corona?
—¡Sorpréndeme!—Le dije con un tono irónico.
—Porque cada piedra se gana, y las ganas venciendo cada batalla contigo misma, antes de entrar en la siguiente etapa.
No puedo decir si en ese momento mi rostro denotaba confusión, molestia o incertidumbre. Solo sé que mis cabellos lisos color marrón oscuro, volaban en pleno desierto y mis ojos de color marrón llenos de temor, se reflejaban en la mirada de este ser de luz.
—¿Cómo puedo ganar estás batallas? Si me siento como este desierto vacía, fría, salada y pisada por todas las personas.
—El primer paso es perdonar y pedir perdón.
No terminaba de hablar Rûaj, cuando se escuchaba unos pasos que hacían temblar el piso, las piedritas que se habían formado de sal temblaban y se movían. Se escuchaba un maullar de un lobo de fondo, este animal era sin igual porque tenía casi el mismo tamaño de Rûaj y los mismos ojos con llamas de fuego. Por un momento me alegré al pensar que era bueno tener a uno de su mismo tamaño y casi en similitud de fuerza para poder defenderme.
—¡Este es tu momento de triunfar Margarita!
—Esto debe ser un chiste, Rûaj—. Le dije bastante molesta.
Y para mi sorpresa no era un chiste. El lobo corrió hacia mí, y en vez de correr decidí enfrentar a este enorme lobo. Levanté con fuerza mi mano izquierda que tenía el escudo tallado en oro que se me había otorgado. Es en forma redonda y con un punto en el centro. Y, con la mano derecha agarré fuertemente mi espada tallada en oro y bronce y me puse en postura de guerra.
Pero el fuerte impacto del lobo me lanzó como a unos 15 metros de largo, caí al piso, pensé que había muerto. De fondo escuchaba a Rûaj y al medio abrir mis ojos, me dice; ¡Levántate, tú puedes!
—Gracias por las porras, pero, ¿te has dado cuenta del tamaño de ese lobo y el mío?
En ese momento se abrió el portal y volví al lugar donde estaba. Recostada en la mecedora de madera de papá, en plena colina de la casa, mirando a lo que en algún momento era un viñedo, porque era invierno y la tierra debía reposar y ser preparada para la siguiente cosecha. Era la media tarde y hacía bastante frío afuera, a pesar de tener una manta encima sentía que me estaba congelando, quizás porque empezaba a caer la nieve.
Y en ese preciso instante, entra en escena quien decía ser mi madre.
¡Esta es la historia de la adoptada!
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"La Adoptada" (Vive, Sueña Y Perdona)
Teen FictionMargarita es hija adoptada, está por cumplir 30 años, es soltera, tiene un carácter bastante impredecible. Maneja el área de publicidad de la empresa familiar de vinos y jugos de uva. En medio del caos emocional que llega a pasar cuando su madre bio...
