-Cuídese Gustavo, lo veo la semana que viene- le doy la mano para saludarlo y observo hacia los asientos de la sala de espera para ver quien continua. –Ángela, pasa por favor-. Entró como siempre, tímida, retraída, delgada, con ojeras y vistiendo las mismas prendas de siempre, una remera mangas largar color marrón y un jean largo de color oscuro. Se sentó en el sillón de forma encorvada abrazando sus rodillas.
-hola, ¿Cómo has estado?-
-bien-
-¿Qué tal ha estado tu semana?, ¿algo interesante te ha pasado?-
-No, todo normal como siempre-
-¿La escuela, cómo te va ahí?-
-Bien, que se yo... a mi madre le parece que puedo esforzarme más-
-¿Y eso por qué?-
-Porque no hago los trabajos, ni presto atención en clase-
-¿Y por qué no los haces?-
-No le encuentro el sentido a aprender sobre cosas que no voy a usar en el futuro-
-Pero eso nunca se sabe, ¿Quién sabe que te va a gustar cuando cumplas dieciocho?-
-Es inútil, como estas sesiones que mi madre paga-
-Tu madre piensa que sigues mal por el fallecimiento de tu padre-
-Ya pasaron siete meses, me dolió en su momento pero ya no me siento mal-. Enojada evita hacer contacto visual conmigo.
-¿Por qué te pones así?-
-¡Porque mi madre malgasta su dinero y yo mi tiempo!-
Busco en mi mente un espacio de paciencia y un ángulo de donde ayudarla para que se suelte, pero se me resulta complejo por el tinte delicado de la situación. –No perdes tú tiempo, te ayudas a vos misma-
-Si no hago nada, soy una inútil, solo me siento a mirarlo a usted y fingir que me puede ayudar siendo que no tengo ningún problema-
-Si lo tienes, siempre que entras estas encogida en vos misma como si tuvieras miedo; te hamacas constantemente por nervios o ansiedad; tenes ojeras que muestran tu mal dormir por miedo a que algo pase o por tus pesadillas; te alimentas mal debido a que presentas altos niveles de estrés, no tenes interés por los estudios, usas siempre la misma ropa y no te bañas seguido porque no te gusta ver tu cuerpo desnudo, llevas mangas largas porque seguro debajo de ellas hay auto lesiones para canalizar el dolor, y sobre todo cuando te sientas en ese sillón te abrazas en posición fetal de forma tal que vuelves a ese estado de amor y protección.
Ella solo pudo llorar después de todo ese bombardeo emocional. Le acerqué una caja de pañuelos, se secó las lágrimas y se limpió la nariz, después asintiendo con la cabeza me respondió –es verdad-
Sin que yo llegue a decir algo empezó a narrar su historia entre sollozos:
-Hace tiempo, cuando yo tenía nueve años vivíamos en un pueblo lejano, con mi mamá, mi papá y mis dos hermanos. Mi madre trabajaba atendiendo un almacén y mi padre era remisero, él trabajaba toda la noche. A mi madre nunca le importe, ni siquiera se mosqueaba al decir barbaridades delante mío o sobre mí.
Yo tenía mi propia pieza y la otra la compartían mis hermanos de 20 y 17 años. De un día al otro mi hermano del medio comenzó a decirme cumplidos, lo que me hacía sentir especial, yo era su hermosa princesa. Una noche que mi madre tuvo una fiesta, mi hermano mayor se fue con sus amigos y mi papá trabajaba como siempre, me desperté a la madrugada porque sentí que algo hacía cosquillas en mi vagina, me di vuelta y me asustó darme cuenta que mi hermano estaba dentro de mi habitación sobre mi cama tocándome. Le pedí que parara, pero giró mi cuerpo y acarició mis senos aún en desarrollo. Arranco la frazada lanzándola lejos y empezó a tocarme con más fuerza mientras frotaba su pene en mi entrepierna. Cuando empecé a llorar pidiéndole que parara me bajó la ropa interior y me penetró, no sé cuánto duró, solo sé que cuando termino sentí algo viscoso en mi vientre y la puerta se cerró con fuerza.- Paró de hablar y se recostó sin parar de llorar.
-¿Durante cuánto tiempo lo hizo?-
-Hasta que empecé la secundaria-
-¿Alguien más lo sabe?-
-No, no tuve ánimo de hablarlo con nadie, y aún si lo hubiera tenido, tampoco habría podido-
-Está bien, concluiremos por hoy y la semana que viene empezaremos a reflexionar sobre cómo afrontar esto, mientras tanto que tu madre piense que estas aun mal por tu padre-
-¿En serio?-
-Tendrá que saberlo tarde o temprano pero lo último que necesitas es que te moleste, por cierto, ¿sigues viviendo con tu hermano?-
-No, se mudó hace dos años-
-Ok ya hablaremos de la denuncia, por ahora te puedes retirar-
-¿Denuncia?, es mi hermano, no quiero que sea arrestado por algo que es mi culpa-
-No fue tu culpa en lo absoluto, él te ha hecho creer que sí. Escucha, va a costar años de apreciación, esfuerzo y lágrimas, pero vas a poder salir de tu tristeza, de tu dolor y de las pesadillas recurrentes. Todo se puede, vos podes.
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La cueva de la tortura propia
Non-FictionAquí dejare los casos mas descriptivos de los horrores que escucho día a día. Estos son relatos reales, contados por los propios autores de los sucesos, expresando como su vida cambio desde el momento en que su trauma comenzó. Como psicólogo estoy a...
