Los molestos rayos de sol se asoman a través de mi ventana, agarro el reloj, son las 7:30, aún es temprano. Cuando estaba por cubrirme de nuevo con las cobijas, me acuerdo de algo, ...
¡¡Rayos la escuela!!
Me paro de un golpe, después de una rápida ducha abro mi armario y agarro lo primero que alcanzo, un saco rojo y un jean negro ajustado que resalta mis redondas nalgas, (cosa que heredé de mi madre). Me cuelgo la cartera y bajo las escaleras corriendo hacía la cocina.
Al llegar, agarro una manzana y me doy cuenta de que una nota reposa sobre el refri:
"Bebe, acuérdate de comprarle
las flores a tu madre.
- Beso, tu nana"
Una lagrima consigue escaparse, pero le seco rápidamente con el dorso de mi mano.
Meto las llaves y la plata en mi cartera y salgo corriendo de casa.
Mi nana, a pesar de su edad, ha sido como mi segunda madre desde aquel accidente. Me ha apoyado y ayudado siempre. Ha soportado a un adolecente bien débil y frágil, que se derrumbaba ante cualquier comentario o problema y que se pasaba las noches enteras llorando en su hombro. Y a pesar de eso sigue a mi lado queriéndome igual que yo la quiero, a ella.
Sin darme cuenda de como mis pies me trajeron hasta aquí, me encuentro delante del portón de mi preparatoria, el cual está cerrado debido a mi retraso. Tras muchas escusas e insistencias me dejan pasar. Me dirijo directamente hacía mi salón, pero voy tan apresurado que no me doy cuenta de cuando alguien choca conmigo y caigo sobre mi trasero.
AYY!!- grito- ¡Ten cuidado idio...!- estaba por terminar mi frase cuando me encuentro con la mirada de un chico que ya había visto antes por los pasillos, pero nunca me había fijado en los extraños ojos que tiene. Son de un verde turquesa que no había visto antes, pero también se pueden apreciar pequeños destellos amarillos rodeando su oscura pupila. Estaba por hablarle cuando choca mi hombro y sale corriendo.
Idiota. -bufo.
Me dirijo hacía mi salón mientras pienso en lo molesto que me parece ese chico, sigo enfrascado en mis pensamientos, pero al llegar la puerta está cerrada, MIERDA, tras mucho insistir lo único que logré fue acabar en dirección y con un castigo.
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Cuando suena el timbre del almuerzo me dirijo hacia la cafetería. Ahí me están esperando mis mejores amigos, que al llegar me saludan con un estridente grito:
- MATÍAS!!!- gritan ambos al unísono.
- Como se te ocurre no avisarme que no ibas a venir a poco no llamo a la policía- continua Teresa, esta pequeña y exagerada personita es mi mejor amiga desde chiquitos ya que nuestras madres son muy buenas amigas desde el instituto. Ella y yo siempre hacíamos todo juntos hasta que llego nuestro nuevo vecino, Fer. Se unió a nosotros poco después ya que cursábamos el mismo grado y nos llevábamos muy bien. Los tres, nos volvimos inseparables, nos la pasábamos siempre en la casa de alguno de nosotros e incluso fueron un gran soporte para mí cuando pasó lo del accidente.
Fer sacude su mano sacándome de mis pensamientos.
- Ey, no sé ustedes, pero yo muero de hambre así que con ustedes o sin ustedes me voy a por comida, ¿vienen? – Teresa asiente y ambos nos levantamos para seguir a Fer para comprar el almuerzo. Durante la comida nos la pasamos hablando de cosas triviales y riendo de cualquier tontería, hasta que suena la campana, lo que indica el comienzo de clases. Recojo mis cosas y junto a mis amigos me dirijo hacía mi siguiente clase.
Las horas restantes se pasaron rápidamente pero cuando estaba por irme, aparece la directora recordándome mi castigo. Me dirijo al salón asignado para los castigos. Al entrar, la maestra de matemáticas, me indica que me siente delante de un chico que no puedo identificar porque tiene su mirada perdida en lo en lo que parece un cuaderno de dibujos y una capucha que no me deja ver ni siquiera su perfil. Me siento donde me han indicado y saco mis cosas disponiéndome a pasar mis siguientes dos horas ahí.
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Buenasss!! Soy Paula y soy nueva en esto, esta es la primera historia que escribo aquí y no sé como saldrá, pero bueno... :)
¡¡Espero que les guste y también contar con sus criticas!!
Att: Paula-
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Gracias,
Romance¿Quién dijo que todo lo malo traía desgracias? Matías, un chico con un pasado que lo llena de culpa, conocerá a un compañero bastante molesto, pero la vida, hará que se reencuentren en una situación no muy agradable. Su pasado y el miedo, trataran...
