Felix estaba nuevamente acurrucado en los brazos de su mayor. Hyunjin no toleraba el afecto de los demás, pero el de su menor era la única excepción, parecía casi como si acariciara algodón.
Las lágrimas caían y no parecían detenerse mientras su sonrisa se deformaba poco a poco. Otra vez el extranjero no tuvo un buen día, y lo único que lo hacía sentir feliz eran los brazos de su novio que trataban su desgastado y frío cuerpo como lo más delicado que jamás tocaron.
─Te amo, Jinnie.
─Y yo a tí, sin importar qué.
Pero caía la noche y el mayor debía irse, no podía quedarse en una casa ajena tanto tiempo, aunque supiera que nadie lo esperaba al volver a su hogar.
Felix no comprendía su actitud, lo necesitaba casi tanto como respirar, era su único soporte, ¿por qué no podía quedarse?
No es como que si familia lo fuese a regañar, ese día se habían enojado tanto con él que dejaron de hablarle. Ya no le ponían un plato de comida, sus hermanos se sentaban en su silla, nadie lo escuchaba ni le decía nada. No se quejarían tampoco.
─Jinnie, sabes que mi familia no me dirá nada, no me hablan, quédate esta noche.
─Lixie, me encantaría quedarme, pero mi familia me espera.
─Pero... ni siquiera te llevas tan bien con ellos.
─Aún me esperan de vuelta. Ya no puedo quedarme como antes.
─¿Se enojaron tanto contigo cuando se enteraron...?
─Como no tienes ni idea...
El menor tuvo que dejar ir a su novio, esperaba de corazón que llegara a su casa a salvo, que sus padres lo esperara con una cena caliente, que al menos le hablara y le preguntara si estaba bien. Vaya, extrañaba tanto ese calor familiar.
Las noches pasaban y se repetía el mismo patrón, ¿por qué nada cambiaba en la casa del extranjero? ¿por qué nadie ─que no fuera su novio─ lo socorría cuando lo escuchaban llorar?
El chico tenía dos hermanos gemelos y se llevaba muy bien con ellos, pero parecían ceder ante los caprichos de sus padres de hacer como que el menor no era nadie. No se lo nombraba, nada.
El día en el que todo comenzó quedaría marcado para siempre en la mente de Lee. Era una mañana, sus padres no sabían que su relación con Hwang iba más allá de una simple amistad.
Ellos se amaron durante años, y cuando se confesaron, hasta parecía que el día estaba un poco más soleado. Se sentían en las mismísimas nubes. Cada vez que se besaban, que se acariciaban, que bromeaban el uno con el otro, era incomparable a cualquier otro sentimiento. Eran momentos tan especiales, que un día simplemente cayeron al suelo, para no volver a levantarse jamás.
Fue un día normal en que la pareja decidió escaparse de su escuela a un centro comercial cercano. No había problema, caminaban, platicaban, y se robaban algún que otro beso. Una travesura adolescente.
Mal día, porque quien los vio observarse con tanto cariño y robarse caricias que terminaban en besos, fue la madre del mayor.
Ella no tardo ni cinco minutos en hablar de lo sucedido con su mejor amiga, madre de Felix, afirmando que ambos estaban teniendo comportamientos antinaturales, mientras se echaban la culpa la una a la otra.
El pesado teléfono de ambos sonó desde sus mochilas y se dieron cuenta de que estaban en problemas; allí terminó su camino juntos en aquel lugar.
─Eres asqueroso, Felix, ¿cómo pudiste hacer algo como eso...? ¿sabes lo mal que he quedado con su madre? ¿sabes todo lo que perdí gracias a tí? Eres tan egoísta... ─eran las palabras de la llamada de su madre.
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let him go ─ hyunlix
FanfictionPorque solo sus brazos le calmaban, pero tenía que aprender a decir adiós.
