- No quiero estar aquí – le digo a mi madre, sentada en el asiento contiguo al mío, conduciendo.
Mis palabras parecen molestarle, sus manos aprietan el volante con fuerza y sus ojos me escrutan por un instante.
- Sabes que no había otra opción...
Su voz es engañosa, no es que no hubiera ninguna otra opción, sino que no había una opción tan conveniente para ella como lo era esta. Eso cambia mucho las cosas. Además, no me pasa por alto su tono, pronuncia aquello como si de nada importante se tratase y eso solo me enfurece un poquito más.
Respiro hondo y me cruzo de brazos.
- Jaden.
- ¿Qué?
Vuelvo a posar mi mirada en ella, fijándome en cómo se mueve su dedo, apuntando a lo que sea que tengo delante.
- ¿Podrías pasarme las gafas de sol? Hay una luz horrible y están en tu parte del salpicadero.
Hago lo que me pide, asintiendo. Es de las únicas cosas con las que concuerdo con ella desde hace unos meses, cuando me pidió – o más bien, exigió – pasar el verano con su novio, Tom, y con ella.
Estoy indignado, sí, estoy muy indignado porque, joder, este no era nuestro plan.
Se suponía que yo iba a tener un verano de maravilla con la tía Anna, pero el cáncer que paso la dejó algo descolocada y lo último que dijo antes de pillar un avión a cualquier lugar fue que necesitaba un descanso, desconectar un tiempo, y decidió evadirse de todo y todos, darse un capricho y gastar todos sus ahorros en ver mundo. Yo no pude rechistar, se lo merecía. Incluso aunque el resto de opciones con las que me dejase no fueran suficientemente buenas como para que mi madre las aceptara.
Por todo ello es por lo que, así, en resumidas cuentas, tuve que agachar la cabeza y venirme. Al menos, he de confesar que el lugar al que vamos no es desconocido para mí. Mis abuelos se criaron aquí e incluso mi madre trabajó unos años como camarera; los recuerdos de mi infancia son, en su inmensa mayoría, en este sitio.
De una manera u otra, eso fue hace algunos años, mi madre luego cambió de puesto a uno donde cobrara más y estuviera más cerca, y las visitas se redujeron a ver a Tom ya que, por desgracia, mis abuelos fallecieron.
Ahora, por si alguien andaba preguntándoselo, Karen ha decidido que volver es lo más estable para su relación y, por segunda vez en pocos años, deja su trabajo, y ambos dejamos una casa. Ella se viene con las manos vacías y yo, bueno, yo las llevo llenas de inquietud.
Intento sonreír ligeramente y echo un vistazo a lo que hay más allá de la ventanilla, las plantas están totalmente secas y los árboles completamente desnudos, la poca hoja caduca que queda se esparce por el suelo.
El ruido que se escucha es el vaivén del equipaje en la parte trasera y nuestras respiraciones agitadas por el calor.
Recuerdo que, de niño, pasar por esta maldita carretera me hacía dar saltos de alegría. Supongo que tenía más significado cuando mi padre nos traía a mí y a Dan, para pasar un rato con los abuelos hasta que mi madre terminase su jornada. Cuando él y yo salíamos a jugar al bosque o al jardín trasero con nuestro vecino.
Ahora no queda nada de eso.
Si al menos fuera alguien positivo, podría ver lo especial en estos meses, pero ese no era mi papel en la familia, era el de Dan.
Yo venía ilusionado antes de crecer, pero cuando creces la vida se vuelve injusta. No es mi culpa, es un problema que el destino tiene conmigo. Lo juro.
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Una mansión de cuervos - @just_hache
Teen FictionJaden ha tenido su vida divida en dos mundos continuamente. Uno de ellos era el sitio donde iba al instituto, dormía y quizá salía con algún que otro amigo los fines de semana y, por otra parte, el sitio donde trabajaba su madre, sus abuelos vivían...
